Con respecto a Lenin

Publicado originalmente en Historia De Las Ideas nº 5 en enero de 2026

RESUMEN

Lenin fue la figura más influyente de su tiempo, con un impacto histórico que se proyecta hasta la actualidad y cuya huella sigue condicionando debates políticos, ideológicos e historiográficos. Su trayectoria y su pensamiento, atravesados por luces y sombras, hacen necesario abordarlo desde una perspectiva que evite tanto la idealización acrítica como los prejuicios ideológicos, desarrollando un análisis de sus aportaciones fundamentales junto a los errores y límites de algunas de sus posiciones. La amplitud de su acción política y de su elaboración teórica lo sitúa como un actor central en la configuración del siglo XX, patente en su protagonismo en la Revolución rusa y en la proyección internacional de los modelos políticos e ideológicos que se articularon a partir de su liderazgo. El estudio de su figura exige, por ello, una aproximación rigurosa y objetiva, atenta a las condiciones materiales en las que formuló sus posiciones y desarrolló su práctica política, alejada de lecturas dogmáticas o emocionales. Solo desde un examen histórico crítico es posible comprender la verdadera dimensión de su legado y el alcance de su influencia en la historia.


INTRODUCCIÓN

El presente trabajo es solo una breve aproximación a los aportes teóricos y prácticos de Lenin, líder comunista y figura principal de la Revolución rusa, tanto por la teorización sobre el modelo de partido comunista, el arte de la insurrección y la guía sobre las etapas de la revolución, como por su propio papel como líder de los bolcheviques.

La Revolución rusa fue el acontecimiento más importante del siglo XX, no por el cambio político en Rusia, sino por las implicaciones políticas, económicas y militares que marcarían el resto del siglo [1].

Este artículo es un estudio sobre el papel de Lenin ante la historia, que debido al paradigma anticomunista imperante en la historiografía se ha visto distorsionado [2]. La pugna entre el fascismo y el comunismo, y la posterior Guerra Fría, impiden aún un estudio objetivo que deje de lado las pasiones y el pulso anticomunista.

A todo esto hay que sumar que el término comunismo, al igual que el de fascismo, ha sufrido un proceso de utilización política oportunista y sin sentido que ha llevado a que ambos términos se desvirtúen, generando una indefinición real de ambos para la mayor parte de la sociedad. Para algunos, sus adversarios, por el mero hecho de serlo, son comunistas o fascistas dependiendo de la posición woke o reaccionaria que mantenga el sujeto. Se han convertido en términos vacíos, pero que siguen generando mucho rechazo, aunque se hayan perdido los motivos por los que lo producían a lo largo del tiempo.

Vivimos en un clima político polarizado, en el que se intenta hacer ver que estamos en la antesala de una Guerra Civil, en una pugna entre comunistas y fascistas, cuando en realidad no existen ni los unos ni los otros. O, si lo hacen, es de forma tan marginal que no merecen ser tenidos en cuenta.

En este contexto vi necesario realizar este artículo, poniendo en valor al estadista, al ideólogo y al líder, dejando de lado los prejuicios y las filias. Hasta Steve Bannon, nada sospechoso de comunista, reconoce la valía y los aportes, en su opinión, de relevancia del líder ruso [3].

En este artículo trataré sobre todo los posicionamientos, teorías y aportes del autor al movimiento revolucionario, lo que considero que fue más acertado, aunque también señalaré lo que considero más erróneo y que tuvo consecuencias nefastas en el movimiento revolucionario que una vez lideró.

Por supuesto, todo ello alejado del mesianismo dogmático y del revisionismo histórico que tanto daño han hecho al movimiento comunista y a la propia imagen del personaje histórico. Lenin no fue un dios ni alguien que dictara verdades absolutas, ni se pueden entender sus aportes como algo cuasibíblico. Tuvo errores como cualquier humano, y entender el marxismo como algo dogmático, no creativo, es precisamente lo contrario de lo que él defendía.

Lenin fue un gran estadista, un líder revolucionario y alguien que marcó la historia. Al igual que sucede con Stalin, solo el paso del tiempo permitirá que se pueda estudiar su vida y su obra sin las filias y, sobre todo, sin las fobias fruto de la cercanía de su tiempo. Del mismo modo que se puede estudiar a Bismarck, Maquiavelo, Napoleón, Julio César o Aníbal, llegará el día en que se pueda valorar a algunos líderes soviéticos de forma objetiva sin que te etiqueten como miembro del eje del mal o algo peor.

Este artículo no pretende ser un estudio pormenorizado del pensamiento de Lenin, pues este conllevaría varios volúmenes de cientos de páginas, lo cual va en sentido diametralmente opuesto al objetivo de este texto, que no es otro que establecer la reflexión y el debate sobre una personalidad de gran relevancia desde unas perspectivas que no son las habituales. Aun así, sí señalará lo que a mi entender son las cuestiones más importantes.

APORTES DE LENIN

Kalinin, en una intervención ante el V Congreso de la Internacional Comunista, señaló que las tres ideas principales de Lenin fueron la alianza de los obreros y los campesinos, la solución del problema nacional y la dictadura del proletariado, siendo necesario no solo conservar estas armas, sino templarlas y forjarlas más todavía [4].

No puedo estar más en desacuerdo con él, por lo menos en lo relativo a la segunda cuestión. Aunque la situación nacional en Rusia y, de forma posterior, en la URSS le salió bien, la extrapolación, promovida por él mismo, de estas posiciones a otros países hizo un grave daño a los partidos comunistas y a la revolución. Tanto la cuestión nacional como su visión cosmopolita de los primeros años será tratada en el siguiente apartado.

En cuanto a la primera cuestión, la alianza obrera-campesina sí tuvo una gran repercusión. Lenin hablaba de la alianza honesta entre obreros y campesinos trabajadores, pues en su visión el socialismo defendería los intereses de ambos [5]. Fue uno de los factores que marcaron la diferencia con respecto a la revolución de 1905, ya que el campesinado pasó de ser el ejército de reserva de la burguesía y de la reacción a convertirse en aliado de la revolución [6]. Esta tesis sobre el campesinado fue motivo de disputa con Trotski, que intentaba mantener la primacía obrera de una forma bastante antimarxista.

Sobre la tercera cuestión, aunque es bajo su liderazgo cuando se toma el poder, debido al atentado que sufrió y que terminó apartándole del poder, así como a su prematura muerte, la construcción del socialismo, o por lo menos su desarrollo y profundización, fue obra de Stalin. Por ello, a pesar de su teorización —que ya existía en otros autores con anterioridad—, creo que no se puede señalar como algo principal en él. Sí lo fue, desde luego, su visión sobre la toma del poder, pero eso es otra cuestión, aunque esté relacionada.

Antes de entrar en el proceso de la toma del poder, es necesario señalar la importancia cardinal de Lenin en la adaptación del marxismo a las condiciones materiales del momento. Algunos dirán que reconstituyó la ideología, término solo correcto si nos referimos con él a cambios importantes en la misma como fruto de la adaptación a las circunstancias del momento.

Trotski llegó a destacar que Lenin, en su labor de dirigente de la Revolución rusa, elevó los problemas más relevantes de la revolución a problemas principales de la propia ideología, del marxismo [7].

Esta reconstitución o adaptación de la ideología a las condiciones materiales del momento llevada a cabo por Lenin fue continuada por Stalin en el proceso de construcción del Estado socialista, la apuesta por el socialismo en un solo país, el patriotismo revolucionario, la renuncia al cosmopolitismo y la defensa de la identidad cultural y nacional. Continuando con los cambios de este periodo, en la actualidad también es necesaria una adaptación, pero ese no es el objeto de estudio del presente artículo.

Otro aspecto importante desarrollado por Lenin fue el diseño de partido de nuevo tipo y la forma de realizar y enfocar la agitación y la propaganda. Ambas cuestiones fueron desarrolladas en ¿Por dónde empezar? y ¿Qué hacer?, aunque en otros textos, como Carta a un camarada, detalló aún más la cuestión.

El partido dejaba de ser un partido de masas al estilo socialdemócrata para convertirse en un partido de vanguardia, de cuadros preparados para ser el Estado Mayor de la revolución [8]. Se aspiraba a una profesionalización, a disponer de revolucionarios profesionales encuadrados en un partido capaz de combinar la lucha legal y la clandestina.

La disciplina consciente, la verticalidad y el centralismo democrático son cuestiones relevantes en este nuevo esquema, que busca ser el modelo de partido en lo que él mismo denominó la fase imperialista del capitalismo [9].

Este modelo de partido fue el que construyeron los bolcheviques para lograr llevar a buen puerto la revolución en Rusia, y les funcionó, hasta el punto de que se crearon partidos inspirados en el suyo por medio mundo. A estos partidos los someterían a campañas de bolchevización para hacerlos lo más similares posible al ruso.

Cuando se fundó la Internacional Comunista, lo hizo como un solo partido internacional compuesto de secciones nacionales, que serían esos partidos comunistas creados a imagen del bolchevique tras su llegada al poder [10].

Por supuesto, desde una perspectiva comunista, tanto este modelo como, sobre todo, la forma de realizar la agitación y la propaganda han de adaptarse a los tiempos presentes. La irrupción de las redes sociales e internet, el desarrollo de la sociedad, la criminalización absoluta del comunismo y la falta de conciencia de clase llevan a un necesario cambio a la hora de intentar llegar a los trabajadores y elevar conciencias.

Si alguien cree que en España, o en cualquier otro país, tener un periódico obrero o repartir propaganda en las fábricas es útil pasada la primera cuarta parte del siglo XXI, es que vive en una realidad paralela. Cuando veo a organizaciones supuestamente comunistas centrar su actividad propagandística en sacar un periódico virtual que no lee nadie, usando terminología del siglo XIX y propuestas irrealizables, nombrando a los bolcheviques, no puedo evitar sentir lástima.

La historia se vuelve a repetir, como una farsa, como una caricatura grotesca de lo que les precedió. Un movimiento que no da respuestas a las necesidades de aquellos a los que supuestamente representa o defiende es un movimiento muerto, aunque ellos hagan como que no lo saben. Lo que deberían hacer es adaptarse y hacer algo de provecho, como los bolcheviques, y no una especie de representación terrible que solo mancilla su legado.

Sobre el Estado, Lenin continuó la estela de Marx y Engels, defendiendo que es fruto del carácter irreconciliable de las clases, un órgano de dominación de clase, de opresión de una clase sobre otra, o incluso sobre otras. Todos los Estados utilizarían la violencia para imponer su propio orden; hasta en el Estado más democrático existe la represión, excepcional contra los grupos que intentan subvertir el orden establecido.

Para Lenin, no hay otra forma de liberar a la clase oprimida que mediante una revolución violenta y la consecuente destrucción del aparato estatal precedente al cambio [11]. Uno de los aportes principales del líder ruso fue precisamente su apuesta por la destrucción de lo viejo para poder construir lo nuevo, cuestión aplicable a muchos más ámbitos que al Estado y la toma del poder.

La mera conquista de la vieja estructura del Estado no era suficiente para la transformación de la sociedad, chocando de forma frontal con las tácticas reformistas que pretendían realizar grandes cambios mediante reformas del Estado burgués [12].

Además, señaló, adelantándose a análisis posteriores por el surgimiento del fascismo, que la dominación democrática de la burguesía era la mejor envoltura posible, ya que podían cambiar los partidos en el poder, pero seguían dominando los mismos, garantizando mediante estos aparentes cambios la supervivencia del capitalismo [13].

Esto sigue sucediendo en la actualidad, siendo buen ejemplo de ello la partitocracia española, que se alterna en el poder mientras todos defienden los mismos intereses de clase.

El Estado, hasta el más democrático, sería una dictadura del capital, pues defendería los intereses de la clase dominante, imponiéndolos por la fuerza a los oprimidos. También lo sería el nuevo Estado proletario, pues, aunque democrático para la clase obrera, que pasaría a ser la dominante, sería una dictadura para la burguesía. Por lo tanto, la visión de que todo Estado es una dictadura es clara en la obra de Lenin [14].

La diferencia entre uno y otro sería que en la dictadura del capital hay una opresión de la minoría sobre la mayoría, mientras que en la proletaria la mayoría oprime a la minoría, además con la pretensión de acabar con ella, pues se buscaría llegar a la extinción del Estado y al fin de toda opresión, incluyendo el final de las clases sociales.

Lenin llevó a la práctica lo que él denominó, al igual que Marx y Engels, el arte de la insurrección [15]. La diferencia entre el líder ruso y los padres del socialismo científico estriba en que el primero lo llevó a la práctica de forma victoriosa.

Los bolcheviques fueron acusados de blanquistas, de golpistas por los líderes socialdemócratas y, posteriormente, por toda la burguesía que adoptó sus presupuestos ante la preocupación por la expansión del modelo soviético. Esta acusación no tiene ningún sentido, por mucho que se haya logrado propagar.

En primer lugar, la revolución no la hicieron los bolcheviques mediante un putsch exitoso; la revolución la hicieron las masas, aunque los bolcheviques ejercieran de Estado Mayor. Sin el apoyo mayoritario de la población, por lo menos de las fuerzas vivas de la sociedad, la toma del poder hubiera sido imposible.

No fue ni siquiera un golpe militar al uso, pues los bolcheviques no disponían de fuerza en el ejército ni de influencia en los mandos para ello. Por mucho que participaran soldados en la insurrección de Petrogrado, sin un apoyo de las masas hubieran sido barridos en poco tiempo.

Además, hay que tener en cuenta que la revolución de febrero, que es cuando se produce la insurrección, no fue un acontecimiento en el que estuvieran solo los bolcheviques y las masas. Muchos otros grupos participaron, algunos de ellos sin coordinación con los bolcheviques. La amplitud del movimiento desmiente con facilidad las acusaciones de que la revolución fue fruto de un reducido grupo de conspiradores. Aunque los hubiera, estaban dentro de algo mucho más grande sobre lo que no tenían el control.

En segundo lugar, el proceso insurreccional que promovieron los bolcheviques no se hizo desde un pequeño grupo, sino desde un partido con profundas relaciones con amplios sectores de la clase obrera [16].

Se dibuja a los bolcheviques como una pandilla de desarrapados marginales, pero este tipo de descripciones no encaja con que fueran capaces de conquistar la mayoría en los soviets de Petrogrado y Moscú. Su capacidad e influencia está más que probada por los éxitos que consiguieron, que no eran alcanzables por un mero pequeño grupo de conspiradores.

Lenin continuó con la visión de Engels sobre la insurrección como arte, señalando que esta debía llevarse a cabo hasta el final, que había que concentrarse en el lugar adecuado y no dividir las fuerzas, que había que pasar a la ofensiva, pues a la defensiva no se conquistaba nada, que era necesario sorprender al enemigo y que había que conseguir logros diarios, pues había que mantener alta la moral entre los revolucionarios [17].

Todas estas premisas fueron llevadas a la perfección en la toma de Petrogrado, que de inmediato tuvo repercusión en el resto de Rusia.

En Cartas desde lejos, Las tareas del proletariado en la presente revolución y Las tareas del proletariado en nuestra revolución, Lenin desarrolla sus posiciones sobre la guerra y cómo actuar, sobre el doble poder, la apuesta por los soviets y la necesidad de pasar a la revolución socialista. Sus posiciones fueron minoritarias en el partido y no sin esfuerzo logró que este adoptara sus propuestas, aunque alguna de ellas no consiguió que se aceptara, como la salida de Zimmerwald [18].

Lenin desarrolló, en su tesis número dos de las Tesis de abril, la necesidad de pasar de la primera etapa de la revolución, que dio el poder a la burguesía, a la segunda, que debía dar el poder a la clase obrera. Aunque en la tesis número ocho se habla de la no implantación inmediata del socialismo, se encontrarían en aquel momento en la antesala del paso de la revolución democrática a la socialista [19].

Esta delimitación marcaría no solo el futuro de la Rusia soviética, sino que sería un asunto central en el propio desarrollo y en las apuestas de los partidos comunistas de todo el mundo.

Esta cuestión ya fue desarrollada con anterioridad a las tesis en su texto La actitud de la socialdemocracia ante el problema campesino, dentro del marco de lo que el propio autor denominó revolución ininterrumpida [20]. En su obra Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, también señalará la necesidad del paso de la revolución democrática a la socialista [21], pero también subrayará, relacionado con lo anterior, la diferencia entre una dirección burguesa o reformista del proceso revolucionario, abocada al fracaso, y una dirección revolucionaria y obrera, consecuente, que lleve el proceso revolucionario hasta el final, hasta la victoria total [22].

Toda la cuestión de la toma del poder, la insurrección como arte y la delimitación de las etapas de la revolución supusieron no solo un éxito práctico, sino una parte relevante del legado de Lenin al movimiento revolucionario mundial.

La posición sobre la guerra, incluyendo la apuesta por el derrotismo revolucionario, fue un éxito en las condiciones materiales concretas del momento histórico. Eso es innegable, pero no puede ser extrapolada a cualquier situación, ya que hasta los propios soviéticos no la mantuvieron en sus apoyos a diversos países en el marco de su estrategia geopolítica.

Por último, es necesario reseñar la lucha permanente de Lenin contra todo tipo de revisionismo, intentando promover una lucha sin cuartel contra aquellos que, en su opinión, estaban tratando de eliminar la esencia revolucionaria del marxismo, convirtiéndolo en algo inservible para la consecución de la revolución.

Combatió de forma vehemente tanto a izquierdistas como a derechistas en múltiples de sus obras. Por destacar dos de ellas, nombraré una de cada tendencia: La revolución proletaria y el renegado Kautsky y La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo.

ERRORES MÁS GRAVES DE LENIN

Al poner este subtítulo habrá gente que me haga un linchamiento, pero creo que es necesario realizar un análisis crítico de Lenin, un personaje histórico que marcó de forma indefectible mi forma de pensar y que llevo estudiando de forma continuada desde los dieciséis años.

Creo que el conocimiento que tengo sobre su vida y su obra es lo suficientemente profundo para que pueda realizar un análisis y una crítica de lo que fueron sus grandes aciertos y aportes, así como de sus grandes errores y fracasos.

No se puede estudiar a una personalidad como la del líder ruso, ni a ninguna, desde posiciones de odio emocional o de endiosamiento, como si fuera Jesucristo en su regreso a la tierra. Para algunos, lo que voy a señalar supondrá algunos de los temas a reivindicar del autor, pero teniendo en cuenta el desarrollo histórico posterior, yo no puedo verlo así.

Sobre el derrotismo revolucionario, es necesario señalar que Lenin no apoyaba a la burguesía de ningún país, sino que quería aprovechar la derrota de la rusa en su propio beneficio. Aun así, posiciones como la mantenida sobre la guerra de Rusia con Japón, alegrándose de la derrota rusa y describiendo al imperialismo japonés como algo progresivo, fueron un error [23].

Es necesario tener en cuenta que los japoneses atacaron por sorpresa, cometiendo un ataque de una potencia a otra, por lo que la guerra para Rusia no dejaba de ser defensiva, y así era vista también por los trabajadores rusos. Lo único que consiguieron fue ser vistos como traidores a la patria, dificultando llegar a muchos obreros que sí tenían sentimiento patriótico.

Durante la Primera Guerra Mundial, y ante la amenaza de la destrucción del recién constituido régimen soviético, llegó a afirmar que, si los alemanes no cesaban en sus ataques y no llegaban a una paz, iban a desarrollar el verdadero defensismo revolucionario [24].

Al final lograron la paz sin condiciones que les permitió sobrevivir, aunque a un duro coste. La apuesta de Lenin de paz sin condiciones fue fruto de la necesidad, pues el ejército ruso no tenía la capacidad en ese momento de resistir o atacar al ejército alemán. Esta apuesta fue un éxito, pero por las condiciones materiales concretas de ese momento histórico.

No es una enseñanza extrapolable de forma mecánica a otras condiciones de otros países, pues hacerlo solo trajo fracasos.

¿Alguien se imagina una situación en la que Marruecos atacara militarmente Ceuta y Melilla con la intención de anexionárselas? ¿Qué pasaría si los comunistas defendieran las actuaciones o el resultado de un ataque de la dictadura islámica porque, según ellos, debilitan a quienes sustentan el poder en España? Aunque, lamentablemente, las élites españolas están vendidas a Marruecos, quedarían retratados como unos traidores al país y unos islamófilos, alejándose de toda influencia sobre los trabajadores.

Si pongo este ejemplo que parece tan absurdo es porque hay grupos que sí defienden lo expuesto. La aplicación mecánica, además jactándose del ejemplo ruso, solo los va a llevar a ser aún más repudiados por la sociedad española.

Todo lo que no sea la defensa de la soberanía y de los intereses de los trabajadores del país que es atacado es hacerle el juego a la reacción, más en la situación actual de ofensiva del cosmopolitismo o globalismo [25] sobre las naciones.

Una cosa es que tu país ataque a otro y te posiciones contra la guerra, y otra muy distinta que tu país sea atacado y tú te alegres, y por omisión de acción estés colaborando con la derrota de tu país ante el invasor. Ante esa situación no hay otra posición posible, desde una perspectiva revolucionaria, que la defensa de tu país, dando igual las acusaciones que pudieran hacer los anarquistas, izquierdistas, progres y demás ralea de defensismo nacional y revolucionario. Mejor ser un defensista que un traidor a tu patria y a los trabajadores.

Posteriormente, a partir del VII Congreso de la Internacional Comunista, se apostó por el frente popular, en el cual también se encontraba la burguesía, aunque se la denominara progresista, desarrollando en los países en los que llegaron al poder un claro defensismo revolucionario contra el fascismo.

Los propios comunistas rectificaron la posición leninista ante la exigencia de las circunstancias del momento, aliándose con la burguesía no defensora del fascismo para mantener la democracia, los regímenes burgueses [26]. Otra cuestión es lo que habrían hecho una vez vencido el fascismo, pero su apuesta del momento fue la alianza con la burguesía progresista para la defensa nacional, tanto del enemigo interno como del externo. De hecho, en España llegaron a denominar a la Guerra Civil guerra nacional-revolucionaria.

Al principio del texto se ha mostrado la opinión de Kalinin sobre los aspectos más importantes de Lenin. Justo su propuesta sobre la cuestión nacional es una de las más reivindicadas y, en mi opinión, una de las que más daño ha hecho.

Lenin mantuvo una visión nihilista y antipatriótica con respecto a lo nacional y una apuesta por el internacionalismo dirigida a crear una gobernanza mundial y una sola cultura internacional. Apostó por educar a los obreros en la “indiferencia” ante las diferencias nacionales, llamando a luchar contra la estrechez de criterio, el aislamiento y el particularismo de pequeña nación [27].

Para quienes duden sobre la gobernanza mundial y la fusión de las naciones, dejo este pequeño fragmento del autor, aunque existen varios textos sobre la misma cuestión:

“Nosotros somos enemigos de los odios nacionales, de las querellas nacionales y del aislamiento nacional. Somos internacionalistas. Aspiramos a una unión estrecha y a la completa fusión de los obreros y campesinos de todas las naciones del mundo en una República Soviética mundial única” [28].

Dividió la cultura en dos: la cultura nacional y, dentro de esta, la proletaria. Analicemos dos fragmentos de la obra Notas críticas sobre el problema nacional:

“En cada cultura nacional existen, aunque no estén desarrollados, elementos de cultura democrática y socialista, pues en cada nación hay una masa trabajadora y explotada cuyas condiciones de vida originan inevitablemente una ideología democrática y socialista. Pero en cada nación existe asimismo una cultura burguesa —y, además, en la mayoría de los casos, ultrarreaccionaria y clerical—, y no en simple forma de ‘elementos’, sino como cultura dominante. Por eso, la ‘cultura nacional’ en general es la cultura de los terratenientes, de los curas y de la burguesía” [29].

“Al lanzar la consigna de ‘cultura internacional de la democracia y del movimiento obrero mundial’, tomamos de cada cultura nacional solo sus elementos democráticos y socialistas, y los tomamos única y exclusivamente como contrapeso a la cultura burguesa y al nacionalismo burgués de cada nación” [30].

No tiene ningún sentido, excepto para el cosmopolita antinacional, afirmar que lo único salvable de la cultura nacional son dos rasgos, democrática y socialista, que pueden estar en cualquier nación del mundo desarrollado y que no distinguen una realidad cultural o nacional de otra diferente. Lo que hace única a una cultura es lo relevante, no rasgos internacionales que solo sirven para homogeneizar a grupos humanos.

Me parece un sinsentido defender que la cultura nacional es solo de los terratenientes y burgueses. La cultura nacional, por lo menos en el caso de España, tiene sus orígenes en tiempos anteriores al dominio de la burguesía y a la implantación del capitalismo.

La visión de que solo la élite del país tiene o dispone de la cultura no tiene razón de ser en sociedades como la nuestra, en la que hay educación obligatoria, bibliotecas públicas, acceso a libros y otros materiales en internet, y días gratuitos de acceso a los museos. Es verdad que quien tiene dinero tiene más facilidades para todo, pero pensar que la cultura solo está al alcance de terratenientes y grandes burgueses es vivir en un mundo fantástico paralelo.

Además, la cultura popular, que poco tiene que ver con la democracia y el socialismo, se ha transmitido de padres a hijos a lo largo del tiempo. Hace mucho que existe una literatura popular y muchas otras cuestiones. ¿Acaso el Quijote de Cervantes es algo propio de burgueses y por lo tanto debe ser desechado? ¿El Libro de buen amor es algo solo al alcance de los millonarios? ¿Hay que desechar gastronomía, bailes, vestimentas, libros y una larga lista de cuestiones por no tener nada que ver con la democracia y el socialismo?

Todas estas cuestiones forman parte de la cultura nacional. Es necesario tener en cuenta que buena parte de esa cultura nacional es de extracción popular, que tiene un proceso de ampliación y pasa a ser algo general de la cultura de la sociedad, de ricos y pobres. Los elementos democráticos están presentes en la cultura nacional en Europa, pero eso no significa que sean lo determinante.

En la URSS, bajo el liderazgo de Stalin, rectificaron este tipo de posiciones, abrazando la identidad, cultura, historia y tradiciones rusas.

Esta visión cosmopolita de la cultura va de la mano de la indiferencia ante lo nacional, de la influencia de la búsqueda de la anhelada revolución mundial [31] y de su apuesta por la fusión de todas las naciones en una sola, derribando las fronteras de cada país [32]. En su opinión, defender las fronteras de la nacionalidad y de la patria es caer en posiciones reaccionarias, nacionalistas y oportunistas, pues tienen un carácter temporal y van en contra de la visión que tenía del desarrollo de las sociedades humanas [33].

La posición de Lenin sobre la inmigración, por lo menos a nivel teórico, porque en la práctica creó el cuerpo fronterizo con unas políticas que no se puede afirmar que fomentaran la inmigración [34], es un precedente de las posiciones que mantiene en la actualidad la izquierda posmoderna y woke.

Para desarrollar la cuestión quiero mostrar algunos extractos de sus obras:

“No cabe duda de que sólo la extrema miseria obliga a la gente a abandonar su patria y de que los capitalistas explotan con la mayor desvergüenza a los obreros inmigrantes. Sin embargo, sólo los reaccionarios pueden cerrar los ojos ante la significación progresista de esta migración moderna de los pueblos” [35].

“Unas palabras sobre la resolución acerca de la emigración y la inmigración. También en este caso hubo en la comisión un intento de defender estrechas concepciones gremiales, de sacar adelante la prohibición de inmigración de obreros de los países atrasados —los coolíes de China, etc.—. Se trata de ese mismo espíritu aristocrático difundido entre los proletarios de algunos países ‘civilizados’ que obtienen ciertas ventajas de su situación privilegiada y tienden por ello a olvidar las demandas de la solidaridad internacional de clase” [36].

“En nuestra lucha por el verdadero internacionalismo y contra el ‘jingosocialismo’, denunciamos siempre en nuestra prensa a los jefes oportunistas del PS (S.P.) de Norteamérica, que son partidarios de restringir la inmigración de obreros chinos y japoneses —sobre todo después del Congreso de Stuttgart de 1907 y a pesar de sus resoluciones—. Creemos que no se puede ser internacionalista y, al mismo tiempo, pronunciarse en favor de esas restricciones” [37].

La posición de Lenin es favorable a la migración moderna [38], incluso celebrando la mezcla o asimilación a ese internacionalismo nihilista [39]. Señala de forma correcta que los grandes capitalistas traen a inmigrantes en situación precaria para explotarlos, pero ve en este acto algo progresista, cuando la realidad ha demostrado que no solo explotan a quienes vienen, sino que, además, como producto de esta inmigración, se degradan los barrios obreros, las condiciones de trabajo y, lejos de asimilarse como decía Lenin que pasaría, se reagrupan y forman sociedades paralelas que crean más problemas [40].

La visión de Lenin sobre lo que sucedería con la mezcla de obreros de diferentes orígenes no se ha cumplido. Se ha demostrado errónea, pues ni ha habido una fusión, ni se ha elevado la conciencia de clase, ni ha supuesto ningún avance revolucionario. Más al contrario, ha promovido una reacción nada progresista de ciertos sectores políticos y sociales.

En Rusia tampoco aplicaron estas apuestas. De hecho, se les acusó por sectores variados de rusificar toda la Unión Soviética, de tener unas fronteras impermeables y de patriotismo, sí, ese mismo socialpatriotismo que tanto había criticado Lenin.

Antes de todo el proceso de cambio en la URSS con Stalin, el propio Lenin le acusó de socialista nacional por la cuestión georgiana, por lo mismo que luego llevó a cabo bajo su liderazgo en la URSS [41].

Restringir o controlar el proceso migratorio sería para Lenin promover la estrechez nacional, caer en tendencias o actitudes aristocráticas, una especie de actitud gremial, que iría en contra del internacionalismo.

Sin embargo, de los últimos años de Lenin existe una carta en la que habla de la necesidad de suspender cierto tipo de inmigración, intolerable, que llegaba a ser de unos 200 a 300 inmigrantes al mes y que debía ser interrumpida, calificando a dichos individuos de especuladores, contrarrevolucionarios y otro público de la misma calaña [42].

Alguno dirá que es por el tipo de inmigración que era, pero ¿acaso eso no es discriminación según los relatos de la izquierda actualmente hegemónica? ¿Acaso no viene población extranjera de forma ilegal, lumpenizada, islamista y delincuencial en grandes cantidades a Europa? La realidad acabó imponiéndose incluso en los años finales de Lenin, al igual que lo hará dentro del movimiento revolucionario en el futuro.

Con Stalin, la rectificación de la visión nihilista del internacionalismo fue completa. Pero si por este entendemos lo que desarrolló Lenin —exceptuando los momentos finales de su vida—, no puedo definirme como tal, pues considero que las posiciones correctas, no solo en su época, sino incluso avanzando en el tiempo hasta hoy, son las del patriotismo revolucionario, la defensa de la soberanía de los pueblos y su identidad, cultura e historia.

El comunismo no es un dogma ni algo apegado a una figura histórica poseedora de la verdad absoluta. Las posiciones de Lenin sobre todas estas cuestiones no solo fueron erróneas, sino que su influencia incluso a día de hoy ha sido más que negativa, siendo solo los cosmopolitas y los defensores de la izquierda degenerada actual sus únicos valedores, es decir, aquellos que están al servicio de los poderosos, de quienes manejan el sistema capitalista.

El uso doctrinarista de citas mutiladas y sacadas de contexto es ajeno al método marxista y a cualquier concepción que pretenda tener una base científica. Han convertido una ideología en una religión [43].

Por último, este trabajo no puede finalizar sin tratar el derecho de autodeterminación. Si bien Lenin, tanto en la cuestión nacional como en esta apuesta, intentó primar la cuestión de clase a cualquier otra, esta apuesta, que es su resolución para el problema nacional, no es aplicable a cualquier circunstancia.

Lenin no apoyaba la independencia de ningún territorio si no suponía un avance para el movimiento general revolucionario. Además, defender este derecho no significaba que ellos apoyaran ninguna separación; para ellos la resolución ejemplar era la unión voluntaria [44].

De todas formas, este derecho y su posible aplicación se han malinterpretado a la hora de apostar por él en circunstancias que no suponen un avance para el movimiento revolucionario y, en algunos casos, es solicitado para regiones que ni siquiera son naciones, o incluso ni siquiera nacionalidades.

España es un buen ejemplo de ello: un país en el que no tiene ningún sentido la separación política de ninguna región, pero en el que, en alguna de ellas, la actividad política gira en torno a esta cuestión por intereses de la burguesía de la región, bajo ningún concepto por los intereses de los trabajadores.

El derecho de autodeterminación no es en sí un error; la equivocación es apostar por él en contextos donde no hay opresión colonial o nacional. En España sería erróneo y contraproducente defenderlo, pero en el Sáhara me parece la solución acertada. El problema es extrapolar de forma mecánica y adoptar posiciones porque forman parte del pack ideológico de turno.

Análisis concreto de la situación concreta: ese es el camino.

CONCLUSIÓN

A lo largo del presente trabajo se han puesto sobre la mesa las cuestiones principales sobre las posiciones y apuestas políticas de Lenin, dividiendo estas en dos grupos: las que considero acertadas y las que no. Se ha desarrollado cada una de ellas y se han señalado las implicaciones y consecuencias políticas que tuvieron, sentando las bases para iniciar un debate sobre el líder ruso que pretende situar y poner en valor al personaje histórico más allá de filias y fobias.

La intención de este estudio no era otra que dar a conocer al personaje histórico desde una posición no pasional, crítica y de utilidad para acabar con los prejuicios y el desconocimiento sobre el papel real de Lenin no solo en el proceso revolucionario ruso, sino en el propio desarrollo del mundo, de la sociedad humana, durante el siglo XX. Cuestión que se ha desarrollado y demostrado a lo largo del mismo, dándose por cumplida, aunque abriendo la puerta a la realización de un trabajo más extenso de forma posterior.

El impacto del estadista ruso es mayor al de muchas figuras históricas bien vistas, estudiadas desde el colegio sin criminalizaciones y populares en libros, series o películas. Sin duda, el paso del tiempo permitirá una revisión alejada de la criminalización, y este estudio solo pretende sumar un pequeño granito de arena a tan ardua labor.

Lenin fue un gran estratega, un líder sin igual en la Revolución rusa y en los intentos de expandir la lucha y lograr esa revolución mundial que impregnó a los revolucionarios de todo el mundo y que, sin embargo, nunca llegó. El líder ruso marcó de forma indeleble el siglo XX, condicionando el desarrollo de todo el periodo. Su impacto es mayor que el de cualquier otro personaje histórico de aquellos años; su sombra y su influencia aún tienen ecos en pleno siglo XXI.

Como todo personaje histórico, tiene sus luces y sus sombras. De hecho, teniendo en cuenta las posiciones que mantienen los pocos que aún reivindican al autor, las segundas, lo que considero que son sus errores, se convierten en la parte más importante del desarrollo de este trabajo, pues es ahí donde debe centrarse el debate para poder hacer una reivindicación, como ya se ha dicho, alejada de elementos pasionales que solo van a ser fuente de más distorsión e incluso puedan crear más rechazo en contraposición.

Lenin, además, fue un hombre de su época. Muchas cuestiones han cambiado desde entonces, y no se le puede juzgar en un sentido u otro sin tener esto en cuenta, realizando anacronismos que solo llevan a la incomprensión o al desdibujamiento de lo que el autor defendía.

Este estudio pretende justo lo contrario: poner en valor de forma crítica, teniendo en cuenta su época, a una personalidad que sin duda ha pasado a la historia.

REFERENCIAS

[1] Eric Hobsbawm, Historia del siglo XX. Barcelona: Crítica, 2005, pp. 89-90.

[2] Roberto Vaquero Arribas, «La Internacional Comunista», Historia de las Ideas, n.º 2, 2025, p. 7.

[3] Christoph Hasselbach, «Stephen Bannon: el lado oscuro del poder», DW, 16 de agosto de 2017.

[4] V Congreso de la Internacional Comunista. 17 de junio – 8 de julio de 1924. Informes. Primera parte. Córdoba: Cuadernos de Pasado y Presente, 1975, pp. 45-46.

[5] Vladimir I. Lenin, «La alianza de los obreros y de los campesinos trabajadores y explotados», en Lenin, Obras completas. Tomo XXVIII. Madrid: Akal, 1976, pp. 533-535.

[6] José Stalin, Los fundamentos del leninismo. Pekín: Lenguas Extranjeras, 1972, pp. 57-72.

[7] León Trotski, Historia de la Revolución rusa. Madrid: Capitán Swing, 2017, p. 1073.

[8] Vladimir I. Lenin, ¿Qué hacer? Moscú: Progreso, s/f, pp. 110-113.

[9] Vladimir I. Lenin, «Carta a un camarada sobre nuestras tareas de organización», en Lenin, Obras completas. Tomo VI. Madrid: Akal, 1976, pp. 251-273.

[10] «Estatutos de la Internacional Comunista», en Los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista. Primera parte, dirigido por José Aricó. Córdoba: Cuadernos de Pasado y Presente, 1973, pp. 103-108.

[11] Vladimir I. Lenin, El Estado y la revolución. Madrid: Alianza, 2006, pp. 40-43.

[12] Vladimir I. Lenin, «Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la dictadura del proletariado», en V. I. Lenin, Obras completas. Tomo XL. Moscú: Progreso, 1986, p. 13.

[13] Vladimir I. Lenin, El Estado y la revolución. Madrid: Alianza, 2006, pp. 50-51.

[14] Vladimir I. Lenin, El Estado y la revolución. Madrid: Alianza, 2006, p. 75.

[15] Friedrich Engels, «Revolución y contrarrevolución en Alemania», en C. Marx y F. Engels, Obras escogidas. Tomo I. Moscú: Progreso, 1980, pp. 198-199.

[16] Vladimir I. Lenin, «El marxismo y la insurrección», en V. I. Lenin, El marxismo y la insurrección. Buenos Aires: Anteo, 1973, pp. 13-14.

[17] Vladimir I. Lenin, «Consejos de un espectador», Pravda, n.º 250, 1920.

[18] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, p. 12.

[19] Vladimir I. Lenin, «Tesis de abril», en Lenin, Obras escogidas. Tomo VI. Moscú: Progreso, 1976, pp. 252-255.

[20] Vladimir I. Lenin, «La actitud de la socialdemocracia ante el problema campesino», en V. I. Lenin, Obras, Tomo III (1905-1912). Moscú: Progreso, 1973, p. 67.

[21] Vladimir I. Lenin, «Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática», en V. I. Lenin, Obras, Tomo III (1905-1912). Moscú: Progreso, 1973, pp. 53-54.

[22] Vladimir I. Lenin, «Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática», en V. I. Lenin, Obras, Tomo III (1905-1912). Moscú: Progreso, 1973, pp. 20-21.

[23] Vladimir I. Lenin, «La caída de Port-Arthur», en V. I. Lenin, Obras completas. Tomo IX. Moscú: Progreso, 1982, pp. 154-155.

[24] Vladimir I. Lenin, «¡La patria socialista está en peligro!», en Lenin, Obras completas. Tomo XXVIII. Madrid: Akal, 1976, pp. 229-230.

[25] En realidad no es un sinónimo, pero es como la gente a día de hoy lo entiende.

[26] Jorge Dimitrov, La ofensiva del fascismo y las tareas de la Internacional Comunista en la lucha por la unidad de la clase obrera contra el fascismo. Madrid: Emiliano Escolar, 1977, pp. 26-78.

[27] Vladimir I. Lenin, «Balance de la discusión sobre la autodeterminación», en Lenin, Obras escogidas en doce tomos. Tomo VI. Moscú: Progreso, 1976, p. 44.

[28] Vladimir I. Lenin, «Carta a los obreros y campesinos de Ucrania a propósito de las victorias de Denikin», en V. I. Lenin, Obras completas. Tomo XL. Moscú: Progreso, 1986, p. 44.

[29] Vladimir I. Lenin, «Notas críticas sobre la cuestión nacional», en Lenin, Obras escogidas en doce tomos. Tomo V. Moscú: Progreso, 1976, p. 28.

[30] Vladimir I. Lenin, «Notas críticas sobre la cuestión nacional», en Lenin, Obras escogidas en doce tomos. Tomo V. Moscú: Progreso, 1976, p. 28.

[31] Vladimir I. Lenin, «Séptima Conferencia (Conferencia de Abril) de toda Rusia del POSD(b)R», en V. I. Lenin, Obras completas. Tomo XXXI. Moscú: Progreso, 1985, p. 375.

[32] Vladimir I. Lenin, «Notas críticas sobre la cuestión nacional», en Lenin, Obras escogidas en doce tomos. Tomo V. Moscú: Progreso, 1976, pp. 39-40.

[33] Vladimir I. Lenin, «La situación y las tareas de la Internacional Socialista», en V. I. Lenin, Sobre el internacionalismo proletario. Moscú: Progreso, 1978, pp. 32-38.

[34] Creación de la guardia fronteriza soviética (1917-1924). Nizhny Novgorod. Organización Pública Regional de Veteranos del Servicio Fronterizo «Guardia Fronteriza de Nizhny Novgorod», s/f.

[35] Vladimir I. Lenin, «El capitalismo y la inmigración de los obreros», en V. I. Lenin, Obras completas. Tomo XXIV. Moscú: Progreso, 1984, p. 99.

[36] Vladimir I. Lenin, «El Congreso Socialista Internacional de Stuttgart», en V. I. Lenin, Obras completas. Tomo XVI. Moscú: Progreso, 1983, p. 76.

[37] Vladimir I. Lenin, «Al secretario de la Liga para la Propaganda Socialista», en V. I. Lenin, Obras completas. Tomo XXVII. Moscú: Progreso, 1985, p. 77.

[38] Aunque Lenin hable de migración moderna, esta era mucho menos masiva que la que sufrimos a día de hoy en Europa.

[39] Vladimir I. Lenin, «Notas críticas sobre la cuestión nacional», en Lenin, Obras escogidas en doce tomos. Tomo V. Moscú: Progreso, 1976, pp. 34-35.

[40] Roberto Vaquero Arribas, «Aculturación y proceso de declive o de desaparición cultural autóctona», Historia de las Ideas, n.º 1, 2024, pp. 34-40.

[41] Vladimir I. Lenin, «Últimos artículos y cartas», en V. I. Lenin, Obras. Tomo XII (1921-1923). Moscú: Progreso, 1973, pp. 151-155.

[42] Vladimir I. Lenin, «A la PDE», en V. I. Lenin, Obras completas. Tomo LIV. Moscú: Progreso, 1988, p. 350.

[43] Denís Paredes Roibás, «Los prefacios del Manifiesto Comunista: un ejemplo de marxismo creativo», Historia de las Ideas, n.º 3, 2025, pp. 2-3.

[44] Vladimir I. Lenin, «El derecho de las naciones a la autodeterminación», en Lenin, Obras escogidas en doce tomos. Tomo V. Moscú: Progreso, 1976, pp. 99-137.