Juventud

La juventud española atraviesa un momento de desmovilización y despolitización sin precedentes. La bancarrota del comunismo ha traído consigo generaciones de jóvenes individualistas, sin afección por su patria y con una epidemia de problemas de salud mental. Este erial no es fruto de la casualidad, es el perfeccionamiento de un sistema que ha logrado domar al sector más rebelde e intransigente de la población: la juventud.

La historia moderna nos ha dejado muchas enseñanzas, pero para la juventud comunista, la más valiosa es la caracterización del espíritu de nuestras generaciones. Si echamos la vista atrás, hace no demasiado tiempo existían jóvenes que sacrificaban sus vidas por lo colectivo, que se jugaban penas de cárcel por ser la punta de lanza del movimiento obrero, o que se desvivían forjándose en la disciplina y la rectitud por poner al servicio de la sociedad la mejor versión de ellos mismos.

De aquello ya queda poco. El capitalismo y la maquinaria cada vez más perfeccionada para alienar a la sociedad ha hecho su trabajo de forma implacable. El liberalismo ha calado en las sociedades de Occidente hasta la médula; ya no quedan jóvenes con vocación de servir a lo colectivo ni de derrocar a quienes nos subyugan. Los jóvenes ya no buscan derrumbar el sistema, defienden a los partidos de señoritos y corruptos que componen el Régimen del 78.

La deriva ideológica de la nueva izquierda y la política de las identidades son los otros grandes responsables del contexto que atravesamos. De hegemonizar a las amplias masas de trabajadores, a ser nihilistas, liberales, antiobreros y centrados en las políticas de las identidades y minorías. Han creado una estética pseudorevolucionaria donde lo transgresor no son las acciones militantes, sino la estética y la pertenencia a las tribus urbanas que crean. Aunque lo expuesto pudiera parecer superfluo, es el mayor cáncer ideológico que puede existir, ya que los pocos jóvenes con ambiciones revolucionarias acaban en organizaciones anarquizantes cuya actividad principal consiste en beber calimocho y okupar espacios donde poder organizar las próximas fiestas. 

La derecha por su parte cumple un papel similar, pues aunque enarbolan la bandera de nuestra patria, no dudan en vendernos a potencias extranjeras o en promover entre los jóvenes los mismos valores decadentes y liberales que la izquierda. Son dos caras de una misma moneda: el circo absurdo de las ideologías serviles al capitalismo. 

España y Occidente atraviesan momentos duros, que con el paso del tiempo comenzarán a recrudecerse más. Las guerras de rapiña, el modelo migratorio suicida, la alienación o la degeneración moral no son más que la antesala del oscuro porvenir de nuestras naciones. El papel de la juventud comunista está claro. Debemos abandonar las viejas fórmulas, recuperar la llama que arde en todos los jóvenes radicales, y volver a mostrar que el comunismo no es un fantasma del pasado, sino la herramienta que nos permitirá salvar a nuestra clase y a nuestra patria. 

De tiempos fáciles se crearán generaciones débiles, los tiempos difíciles son los que forjarán generaciones fuertes.