Publicado originalmente en Historia De Las Ideas nº 4 en diciembre de 2025
RESUMEN
Este artículo muestra que el mal denominado “movimiento comunista” en España y en gran parte del mundo ha dejado de ser una fuerza revolucionaria al abandonar el método dialéctico del marxismo.
Se reivindica el carácter científico y crítico de autores como Marx, Engels, Lenin y Stalin, que rectificaron y actualizaron sus propias posiciones en función de las condiciones materiales.
Sobre esta base, se analizan tres fenómenos actuales donde los antimarxistas incurren en posiciones metafísicas: la religión, la inmigración y la cuestión nacional. En cada caso, se muestran los efectos de ignorar leyes elementales de la dialéctica como la unidad y lucha de contrarios, la transformación de la cantidad en calidad y la negación de la negación.
A partir de estos ejemplos, se expone cómo debería ser un análisis dialéctico marxista correcto y creativo: partir de las condiciones materiales concretas, aplicar rigurosamente la dialéctica, distinguir entre fenómeno y función social y situar siempre la lucha de clases en el centro.
INTRODUCCIÓN
El supuesto movimiento comunista en España y el resto del mundo está muerto. Solo quedan los restos, ya putrefactos, de lo que un día fue un movimiento que hizo temblar a los explotadores e imperialistas.
Gran culpa de esto es de los propios “comunistas”, que o bien se han integrado en el liberalismo del Mayo del 68 [1], como ya señaló Michael Clouscard [2], o han caído en el dogmatismo más metafísico posible, abandonando toda lucha obrera real y centrándose en problemas ajenos a los trabajadores [3].
Y es que quedarse de brazos cruzados repitiendo una y otra vez los mismos errores es precisamente lo que muchos grupúsculos han optado como estrategia política. Se mueven entre la inacción y el seguidismo de la izquierda más reformista, a la sombra del PSOE o Podemos.
De hecho, varios grupúsculos autodenominados comunistas —pues es evidente que no lo son— han pedido el voto para las izquierdas [4] o incluso han celebrado la “victoria” del régimen de Maduro en las elecciones de Venezuela [5], cuyo régimen ha perseguido activamente a grupos comunistas [6].
Estas posiciones, obviamente contrarias a cualquier tipo de visión revolucionaria, son, por una parte, puro oportunismo y seguidismo y, por otra, una visión antidialéctica y dogmática de lo que es el marxismo.
De esta forma, todos estos grupúsculos caen en una visión dogmática y de “pack ideológico” en la que no pueden confrontar nada que hayan escrito autores que elevan a la condición de evangelistas.
Los propios Marx y Engels lucharon contra esta concepción dogmática de su pensamiento. Ambos autores demostraron en los propios prólogos de sus obras esta visión dialéctica del desarrollo de las posiciones según las condiciones materiales, cambiando varias veces su postura respecto a diversos temas [7].
Y es que la grandeza de la obra de Marx y Engels es precisamente haber dotado al movimiento de una herramienta para el análisis, no un dogma cerrado.
Autores posteriores a Marx y Engels, como el propio Lenin, contradijeron, corrigieron y actualizaron las aportaciones que hicieron en vida Marx y Engels. Sin embargo, ya en su tiempo, Lenin fue acusado de revisionista y antimarxista por autores como Kautsky [8] o Plejánov [9].
Que Marx no haya hablado de qué deberían hacer los bolcheviques 34 años después de su muerte o que opinara de forma errónea sobre cómo se desarrollarían en el futuro las cosas no le quita ni un ápice de importancia a sus figuras.
En palabras del propio Stalin:
“No se puede exigir de los clásicos del marxismo, separados de nuestra época por un período de 45 a 55 años, que hayan previsto para un futuro lejano todos y cada uno de los casos de zigzags de la historia de cada país por separado. Sería ridículo exigir que los clásicos del marxismo hubiesen elaborado soluciones hechas para nosotros, para todos y cada uno de los problemas teóricos que pudiesen surgir en tal o cual país, 50 ó 100 años más tarde, para que nosotros, sucesores de los clásicos del marxismo, tuviésemos la posibilidad de quedarnos tranquilamente con los brazos cruzados y rumiando las soluciones hechas” [10].
Por un lado, la propia visión científica del marxismo implica precisamente ese desarrollo y superación de teorías que, a la luz de la realidad, se consideran erróneas.
Al igual que el desarrollo de la física ha hecho que viejas teorías como la gravitación de Newton se vean superadas por la teoría de la relatividad de Einstein, sin que esto signifique que las aportaciones de Newton no sean dignas de estudio, las teorías planteadas por Marx pueden ser corregidas por Lenin o posteriormente Stalin, por ejemplo mediante el desarrollo y posterior rectificación en el caso de la Internacional Comunista [11].
Por otro lado, “rumiar soluciones hechas” es a lo que se dedican hoy en día todos estos supuestos marxistas.
Es, obviamente, el deber de los auténticos marxistas actuales continuar superando y corrigiendo las teorías planteadas por los marxistas clásicos en cuanto se contradigan con la experiencia. Es ese el espíritu crítico del método dialéctico marxista que han abandonado a día de hoy todos los grupúsculos autodenominados comunistas.
El abandono de este espíritu, como hemos dicho, se debe en gran parte al abandono de las leyes más simples de la dialéctica, cayendo a menudo en una visión metafísica de los fenómenos a estudiar. De esta forma, se termina teniendo una visión estanca y rígida de los problemas de los trabajadores.
Es importante notar, además, cómo esta visión metafísica de la realidad material en el peor de los casos llega a abandonar el propio materialismo para terminar siendo totalmente idealista, tratando ya la autopercepción o el pensamiento como lo primario.
Para tratar este abandono de las posiciones materialistas sería necesario otro artículo aparte, pues en este nos centraremos en tres ejemplos de concepciones erróneas debido a una visión antidialéctica.
Finalmente, estas posturas no solo perjudican a sus propias organizaciones, cada vez más pequeñas y anecdóticas, sino que también generan un clima de rechazo entre los trabajadores hacia las ideas realmente marxistas.
Ante la falta de soluciones planteadas desde posiciones revolucionarias, los trabajadores se encuentran cada vez más inclinados a buscar respuestas en la reacción, que, si bien atraviesa un momento igualmente lamentable, podrá ser nuevamente financiada por el capital cuando este lo necesite, como ya ocurrió en nuestro país en el pasado [12].
TRES CUESTIONES EN LAS QUE CAEN EN POSTURAS METAFÍSICAS
Ignoran la ley de unidad y lucha de contrarios al analizar la cuestión religiosa
Veamos la visión metafísica acerca de las religiones que mantienen los antimarxistas. Para ellos, todas las religiones, en todos los lugares y en todas las épocas, son iguales.
No seré yo quien defienda ahora la visión idealista y por tanto reaccionaria de las religiones, pero igualarlas todas no solo es un insulto al análisis marxista, sino que es peligroso.
Las religiones se desarrollan de distinta forma. Hay religiones que ya no se practican, religiones que se han integrado en la sociedad y religiones a la ofensiva. Los comunistas han tenido históricamente diferentes modos de aproximarse a las distintas religiones. No hay más que ver cómo se trató de forma diferente la cuestión del islam y el cristianismo ortodoxo en la URSS.
No cabe duda de que las instituciones religiosas pueden actuar como freno o como elemento de cohesión según el contexto. Sin embargo, solo los que rehúyen del análisis dialéctico pueden negar el hecho de que las religiones no se desarrollan de forma idéntica ni desempeñan el mismo papel en la sociedad.
“Engels lo hizo mediante una declaración, en la que subrayaba adrede que la socialdemocracia considera la religión como un asunto privado con respecto al Estado, pero en modo alguno con respecto a sí misma, con respecto al marxismo, con respecto al partido obrero […] Debemos luchar contra la religión. Esto es el abecé de todo materialismo y, por tanto, del marxismo. Pero el marxismo no es un materialismo que se detenga en el abecé. El marxismo va más allá. Afirma: hay que saber luchar contra la religión, y para ello es necesario explicar desde el punto de vista materialista los orígenes de la fe y de la religión entre las masas” [13].
En este fragmento, Lenin señala que la relación con la religión depende del contexto, así como del momento histórico y de las tareas políticas concretas.
Su planteamiento rechaza cualquier lectura metafísica: no existe “la religión” como categoría fija. Existen “las religiones” determinadas, con trayectorias, instituciones y grados distintos de inserción en sociedades concretas. Tratar todas las religiones como equivalentes supone abandonar el método dialéctico.
El error metafísico aparece cuando se igualan fenómenos religiosos que operan bajo condiciones materiales diferentes. Cada religión contiene tanto diferentes tensiones internas entre doctrina, práctica o estructura institucional como externas con el Estado, el entorno social y el desarrollo histórico.
Estas contradicciones internas generan debates y desarrollos distintos. Ignorarlas implica negar tanto la ley de unidad y lucha de contrarios como la conexión universal y la interdependencia de los fenómenos. Igualar cristianismo e islam como bloques homogéneos elimina precisamente los elementos que permiten comprender su evolución divergente.
La religión cristiana ha pasado por una serie de debates internos y ha atravesado distintas condiciones externas, como el desarrollo del Renacimiento, la Ilustración y el Humanismo, que son diferentes a los que ha podido desarrollar el islam.
La historia del movimiento comunista confirma que no existe una táctica uniforme ante todas las religiones. En Asia central, el poder soviético impulsó en 1927 el hujum como respuesta a prácticas consideradas opresivas dentro de un entorno musulmán concreto [14]. En cambio, en 1943 se estableció un acuerdo con la Iglesia ortodoxa [15], la cual apoyó al Estado soviético [16].
Está claro que comparar cristianismo e islam exige observar sus contradicciones actuales y su grado de integración en la sociedad.
En gran parte de Europa, a día de hoy el cristianismo se ha transformado para mucha gente en un marco cultural secularizado donde incluso gente sin fe percibe muchas tradiciones cristianas como manifestaciones culturales propias, como puede ser la celebración de la Navidad o la Semana Santa.
Sus organizaciones están adaptadas a la normativa civil y existe una larga historia de mediación entre Iglesia, Estado y sociedad. Esta trayectoria demuestra un proceso de integración ya consolidado y que no genera tensiones sociales.
El islam contemporáneo, sin embargo, en muchos países europeos muestra un grado muy bajo de integración. Existen grandes tensiones entre sus normas comunitarias y las europeas. Muchas de sus prácticas religiosas son contrarias a los marcos legales laicos y su visión patriarcal de la mujer es incompatible con la visión de igualdad que se ha alcanzado en Europa, donde ha desaparecido el patriarcado.
Analizar ambos fenómenos como equivalentes borra estas diferencias y trata fenómenos distintos como si fueran idénticos.
La dialéctica nos muestra que tenemos que estudiar cada fenómeno en su historicidad concreta. Entonces, las diferencias actuales entre cristianismo e islam deben reconocerse tanto como producto de sus condiciones materiales como de sus trayectorias y contradicciones internas específicas.
Ignorar estas diferencias supone abandonar el método dialéctico y considerar las distintas religiones como entidades inmutables e iguales.
Por lo que podemos afirmar que solo quienes caen en la metafísica pueden negar el hecho de que el islam presenta un papel reaccionario frente a las sociedades europeas.
Ignoran la ley de la transformación de la cantidad en calidad al analizar la cuestión migratoria
Lenin señala el carácter progresista que un tipo de inmigración concreto poseía en un contexto histórico concreto. Esta valoración está anclada en una etapa concreta del desarrollo capitalista y no puede extrapolarse de forma mecánica a otras situaciones.
Ya el propio Lenin evita considerar la inmigración como un fenómeno invariable al especificar que habla de “esta migración moderna” concreta y no de otra o de la inmigración de forma general en sus textos:
“No cabe duda de que sólo la extrema miseria obliga a la gente a abandonar su patria y de que los capitalistas explotan con la mayor desvergüenza a los obreros inmigrantes. Sin embargo, sólo los reaccionarios pueden cerrar los ojos ante la significación progresista de esta migración moderna de los pueblos” [17].
Además, él mismo cambiaría de postura con los años. Esto lo podemos ver, por ejemplo, en la creación de una guardia fronteriza o su opinión sobre la inmigración ilegal en 1922:
“Tengo datos sobre la actual inmigración ilegal e intensa —de rusos y norteamericanos— a través de puestos fronterizos diferentes, sobre todo por los puertos del Mar Negro.
Según la sección de inmigración industrial del Consejo Superior de Economía Nacional, el número mensual de inmigrados fluctúa entre 200 y 300. Y los que entran son especuladores, contrarrevolucionarios y otro público de la misma calaña.
Le ruego tomar las medidas más enérgicas para suspender esa inmigración” [18].
Es curioso ver esta opinión del propio Lenin al recibir unos 200-300 inmigrantes ilegales mensuales en 1922. Aunque no les guste a los supuestos “comunistas” actuales, podemos fácilmente adivinar lo que opinaría de la llegada a día de hoy de una media mensual de unos 5.300 —64.019 anuales en 2024— inmigrantes ilegales a un país mucho más pequeño en relación con la URSS como lo es España [19].
También advierte que es un fenómeno que beneficiaba a los capitalistas, al igual que hoy en día, que constantemente llaman a traer más inmigrantes para cubrir puestos de trabajo que ellos mismos han depauperado [20].
Analizar los fenómenos migratorios de forma abstracta, sin referencia a las condiciones materiales específicas o el tipo, supone incurrir en una lectura metafísica en la que cae toda la izquierda y los supuestos comunistas.
Así pues, resulta imprescindible reconocer que un fenómeno social no mantiene el mismo significado en contextos históricamente distintos. Si las condiciones cambian de forma significativa, la valoración del fenómeno debe cambiar también.
Mantener categorías idénticas ante situaciones cualitativamente diferentes implica ignorar el método dialéctico que el propio Lenin defiende.
La ley dialéctica de la transformación de la cantidad en calidad nos permite analizar la diferencia entre la inmigración de la época de Lenin y la inmigración contemporánea.
Pueden identificarse variaciones cuantitativas importantes como que la procedencia cultural de los inmigrantes es hoy mucho más diversa y, sobre todo, más distante respecto a la de las sociedades receptoras.
Lenin habla de la inmigración a Estados Unidos de trabajadores europeos, dos sociedades muy similares, mientras que ahora tenemos inmigración lumpenizada proveniente de sociedades antagónicas. Y, sobre todo, el número de inmigrantes ha aumentado de forma muy notable en las últimas décadas [21].
El problema de la cantidad de inmigrantes —la masividad de este modelo migratorio— es que crea problemas. Este cambio cuantitativo conlleva, por tanto, un cambio cualitativo que es olvidado en todos los análisis modernos.
Estos cambios no se reducen a simples incrementos numéricos. La acumulación cuantitativa sostenida produce una modificación en la naturaleza del fenómeno. Desde este marco analítico, la magnitud y composición actuales de los flujos migratorios configuran un cambio cualitativo en comparación con la inmigración que Lenin describió hace más de cien años.
Este desplazamiento en escala y origen implica que la inmigración contemporánea ya no pueda ser entendida en los mismos términos que Lenin empleó.
Su análisis se desarrollaba en un contexto caracterizado por movimientos migratorios principalmente intraeuropeos, con proximidad cultural y con efectos específicos sobre la formación y organización de la clase obrera en países industrializados. Las condiciones actuales, más amplias y heterogéneas, producen efectos distintos y exigen categorías diferentes para su interpretación.
La dialéctica nos enseña a estudiar los fenómenos dentro de su desarrollo concreto y que los cambios en cantidad y de países de origen de la inmigración contemporánea deben ser reconocidos como generadores de un cambio cualitativo respecto al fenómeno analizado por Lenin.
Ignorar esta transformación supone abandonar el propio método dialéctico y tratar la inmigración actual como si conservara el mismo carácter que poseía en el contexto histórico de Lenin. Supone considerar las migraciones como fenómenos fijos e inmutables.
Por lo que podemos asegurar que solo los que caen en posturas metafísicas pueden negar la significación reaccionaria de este modelo migratorio masivo moderno que solo beneficia al gran capital.
Ignoran la ley de la negación de la negación al analizar la cuestión nacional
No cabe ninguna duda de que el capitalismo ha usado el sentimiento nacional para cohesionar a las masas en torno a sus propios intereses y que esto ha beneficiado en numerosas ocasiones a la burguesía.
Sin embargo, solo quienes renuncian al método dialéctico pueden cerrar los ojos ante el carácter progresivo que el patriotismo ha tenido en varios momentos del desarrollo histórico del movimiento obrero.
“Además, se acusa a los comunistas de querer abolir la patria, la nacionalidad. Los obreros no tienen patria. No se les puede arrebatar lo que no poseen. Como el proletariado de cada país debe en primer lugar conquistar el poder político, erigirse en clase nacionalmente directora, constituirse como nación, es todavía nacional aunque de ninguna manera en el sentido burgués” [22].
Marx y Engels afirman que el proletariado tiene que elevarse a “clase nacional” como paso necesario en su lucha política. Esta formulación no es un recurso literario, sino una definición dialéctica: la clase oprimida asume, transforma y supera la forma nacional existente.
Negar este proceso y tratar el patriotismo únicamente como un residuo reaccionario implica abandonar el análisis dialéctico.
La izquierda cae en una lectura metafísica cuando considera que todo patriotismo es idéntico en cualquier época, clase o contexto. El método dialéctico exige reconocer que el patriotismo burgués no es el mismo que el patriotismo revolucionario.
El primero defiende un orden existente al servicio de la burguesía, mientras que el segundo niega ese orden, recupera un sentimiento de los trabajadores y los orienta hacia un proyecto revolucionario nacional de transformación social.
Este tránsito es un ejemplo claro de la negación de la negación: la nación al servicio de la burguesía es negada por la movilización proletaria, que a su vez crea una forma nacional superior al integrar a las masas en un proyecto político que supera el viejo contenido.
La experiencia histórica del movimiento comunista confirma esta lógica. En la Guerra Civil estadounidense, Marx apoyó a la Unión como forma nacional progresiva contra el esclavismo [23]. En la defensa soviética de 1941, Stalin movilizó elementos patrióticos para sostener la resistencia popular, integrando símbolos y narrativas nacionales en un proceso que reconfiguró la identidad del Estado socialista [24].
En ambos casos, el patriotismo no aparece como un resto del régimen reaccionario, sino como negación de una forma previa que impulsa una forma nueva y superior.
Los antimarxistas rechazan el patriotismo en su conjunto negando este proceso dialéctico. Igualan el falso patriotismo burgués, que mantiene las actuales relaciones sociales y el régimen existente, con el patriotismo revolucionario, que sirve para movilizar a las masas y avanzar en la transformación social.
La dialéctica exige estudiar la continuidad y superación de las formas sociales, por lo que el patriotismo debe entenderse como un fenómeno capaz de transformarse cualitativamente.
El rechazo indiscriminado de la nación, al considerarla siempre reaccionaria, ignora el hecho de que los trabajadores poseen una identidad nacional. Debemos negar su forma burguesa para poder producir una forma nueva orientada a los intereses de clase. Es decir, ignoran la realidad del principio de la negación de la negación.
Por tanto, solo los antimarxistas pueden cerrar los ojos ante la significación progresiva que ha tenido el patriotismo en los diferentes procesos históricos y ante la posibilidad de que la afirmación nacional sea precisamente la negación de la forma reaccionaria que la burguesía pretende mantener.
¿CÓMO DEBE SER ENTONCES EL ANÁLISIS MARXISTA CORRECTO?
Llegados a este punto, tras haber expuesto varios ejemplos concretos en los que los supuestos marxistas actuales caen en visiones rígidamente metafísicas y ajenas por completo al método dialéctico, debemos recordar cuál es la alternativa a su método. Este método no es más que el método dialéctico marxista.
El método dialéctico marxista no trata de elaborar un catecismo más. Eso sería precisamente caer de nuevo en las concepciones que estamos criticando. Debemos recordar los principios fundamentales que rigen el método científico marxista, donde el adjetivo “científico” indica que es un método sujeto a la confrontación con la realidad; no es un método cientificista que se considere una verdad probada e inmutable.
Debemos señalar cómo se debe aplicar este método a los fenómenos concretos de la realidad concreta actual y no elaborar fórmulas eternas e inmutables.
El marxismo es, ante todo, un instrumento para el análisis y una guía para la acción, por lo que es imprescindible restablecer los principios que permiten usar ese método correctamente y no deformarlo hasta convertirlo en un conjunto de dogmas.
En resumen:
Por un lado, todo análisis marxista debe partir siempre del análisis concreto de la situación concreta [25]. Esto, que parece una obviedad, es precisamente lo que han olvidado gran parte de los autodenominados marxistas actuales, más preocupados por repetir citas descontextualizadas que por enfrentar los problemas reales de los trabajadores y su propio país en su propia época.
Deben recordar que no existe el marxismo sin el materialismo. Ningún fenómeno, tanto natural como social, puede entenderse sin analizar las condiciones materiales en las que se encuentra.
En el caso de los fenómenos sociales, es crucial el estudio de las relaciones de producción que los generan, las contradicciones que los atraviesan y el lugar que ocupan en la lucha de clases.
El análisis no debe empezar nunca tratando los fenómenos como abstracciones universales —“la religión”, “la inmigración”, “la nación”, etc.—, sino siempre desde formas históricas concretas, determinadas y cambiantes.
Pretender analizar realidades del siglo XXI usando interpretaciones del siglo XIX sin ningún trabajo intermedio de actualización no es marxismo, sino escolástica.
Por otro lado, el análisis marxista correcto debe aplicar de manera rigurosa las leyes de la dialéctica [26], que son precisamente las que permiten comprender el movimiento interno de la realidad material.
En este artículo hemos visto tres ejemplos de principios dialécticos que los antimarxistas niegan.
En el primer ejemplo, la unidad y lucha de contrarios obliga a estudiar cada fenómeno desde sus tensiones internas, sus contradicciones esenciales y su dirección de desarrollo. Nada existe como bloque homogéneo.
En el segundo ejemplo, la transformación de los cambios cuantitativos en cualitativos obliga a reconocer que los fenómenos sociales cambian de naturaleza cuando cambia su dimensión, su escala o su composición.
En el tercer ejemplo, la negación de la negación muestra que las formas sociales no se eliminan de inmediato ni se disuelven mágicamente, sino que se superan incorporando y transformando sus elementos.
En tercer lugar, el análisis marxista correcto exige un rechazo frontal al dogmatismo. Interpretar a Marx, Engels o Lenin como si fuesen portadores de revelaciones sagradas es negar su propio método.
Los clásicos no nos dejaron recetas eternas, sino un método científico para estudiar la realidad y transformarla. Por eso, el análisis marxista correcto no consiste en repetir citas, sino en emplear el método para examinar fenómenos nuevos, actualizar categorías, corregir errores y rectificar posiciones cuando la experiencia lo exige.
El método marxista es materialista [27] y científico, no teológico [28]. Aquellos que se niegan a rectificar, que se aferran a esquemas muertos por miedo a “traicionar” un texto, son precisamente quienes traicionan la esencia del marxismo.
Por último, el análisis marxista correcto debe distinguir siempre entre el fenómeno y su función social concreta. Una religión puede adoptar un papel progresivo en un contexto determinado y reaccionario en otro. La inmigración puede fortalecer a la clase obrera bajo ciertas circunstancias históricas y debilitarla bajo otras completamente distintas. La nación puede ser instrumento de la burguesía en un periodo y convertirse en base para un movimiento revolucionario en otro.
El marxismo exige identificar la función social real que cumple cada fenómeno en un momento histórico concreto, no asignarle cualidades eternas e invariables.
Además, cabe recordar que en el análisis marxista la lucha de clases debe ser algo central [29]. Esto exige determinar para cada fenómeno por separado: ¿a qué clase beneficia? ¿A qué clase perjudica? ¿Cómo altera la correlación de fuerzas? ¿Qué tendencia fortalece y qué tendencia debilita?
Esto, en resumen, ya que podríamos escribir océanos de tinta sobre el tema, es el método científico del marxismo.
Cuando se abandona este criterio y una organización se deja guiar por sentimentalismos, moralismos importados o modas ideológicas ajenas, se convierte en un apéndice de la burguesía.
El análisis marxista correcto exige siempre examinar cada fenómeno desde la perspectiva de los intereses históricos del proletariado y de su lucha por el poder político.
CONCLUSIONES
Los ejemplos expuestos a lo largo de este artículo permiten sacar una conclusión inequívoca: el mal llamado “movimiento comunista” en España y en gran parte del mundo ha dejado de ser una fuerza revolucionaria porque ha abandonado el método dialéctico marxista, sustituyéndolo por una visión repleta de dogmas, consignas vacías y moralismo liberal.
El problema es, ante todo, un problema teórico y metodológico. Donde debería haber un análisis materialista crítico y actualizado, solo se encuentra la repetición mecánica de errores ya superados, seguidismo de la izquierda reformista y una sumisión completa a los marcos ideológicos de la burguesía.
Hemos visto como este abandono del método dialéctico se expresa de forma especialmente grave en tres cuestiones decisivas: la religión, la inmigración y la nación. En los tres casos, los autodenominados marxistas han sustituido el análisis concreto por prejuicios metafísicos que igualan fenómenos distintos, niegan la historicidad de los procesos y se niegan a reconocer los cambios cualitativos producidos por las nuevas condiciones materiales.
Frente a esta situación, la tarea de los verdaderos comunistas no puede consistir en lamentarse ni en refugiarse en la nostalgia de un pasado glorioso. La única salida pasa por recuperar el método dialéctico y creativo del marxismo. Solo así será posible reconstruir una organización revolucionaria capaz de intervenir en la realidad.
Si algo demuestra la experiencia histórica del movimiento comunista, es que sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria, y que sin método científico el marxismo se disuelve en fraseología barata. O se recupera el marxismo como herramienta vivade análisis y de combate al servicio de los trabajadores o se continuará arrastrando un cadáver político que solo sirve para decorar el discurso de quienes, en la práctica, han renunciado a la transformación revolucionaria de la sociedad.
REFERENCIAS
[1] Roberto Vaquero Arribas, «Mayo del 68. Crítica y perspectivas», La Razón Histórica: Revista Hispanoamericana de Historia de las Ideas Políticas y Sociales, n.º 54, 2022, pp. 85-100.
[2] Martín Álvarez Rodríguez, «Entendiendo a Michel Clouscard: contexto, transgresión y el hippie», Historia de las Ideas, n.º 3, 2 de agosto de 2025, pp. 56-69. Disponible en: https://historiadelasideas.es/revista/article/view/30.
[3] Roberto Vaquero Arribas, Por qué el obrero vota a la derecha: La deriva suicida de la izquierda. Madrid: La Esfera de los Libros, 2024.
[4] Comité Regional de Madrid del PCE (m-l), «Sobre las elecciones madrileñas del 4 de mayo», PCEm-l.info, 21 de abril de 2021. Disponible en: https://pceml.info/comunicado-del-pce-m-l-sobre-las-elecciones-madrilenas-del-4-de-mayo/.
[5] «El fascismo vuelve a perder las elecciones en Venezuela», PCOE.net, s/f. Disponible en: https://pcoe.net/actualidad/actualidad-internacional/el-fascismo-vuelve-a-perder-las-elecciones-en-venezuela/.
[6] Daniel Lozano, «El chavismo interviene el Partido Comunista y se lo entrega a los militantes de la revolución», El Mundo, 12 de agosto de 2023. Disponible en: https://www.elmundo.es/internacional/2023/08/12/64d7b49ae85ece15298b45db.html.
[7] Denís Paredes Roibás, «Los prefacios del Manifiesto Comunista: Un ejemplo de marxismo creativo», Historia de las Ideas, n.º 3, 17 de agosto de 2025, pp. 70-79. Disponible en: https://historiadelasideas.es/revista/article/view/32.
[8] Karl Kautsky, La dictadura del proletariado. Valencia: Alejandría Proletaria, 2018. Disponible en: https://grupgerminal.org/?q=system/files/1918-dictaduraprole-kautsky.pdf.
[9] Georgui V. Plejánov, «Sobre las tesis de Lenin y por qué el delirio a veces resulta interesante», Edinstvo Journal, abril de 1917, pp. 9-12. Extracto traducido del ruso por el autor de este artículo desde la web de la Casa Plejánov, Biblioteca Nacional de Rusia. Disponible en: https://nlr.ru/domplekhanova.
[10] Iósif V. Stalin, «Informe ante el XVIII Congreso del partido sobre la labor del C. C. del P.C.(b.) de la U.R.S.S.», en Iósif V. Stalin, Obras, tomo XV (1934-1952). Moscú: Editorial Lenguas Extranjeras, 1953, p. 54.
[11] Roberto Vaquero Arribas, «La Internacional Comunista», Historia de las Ideas, n.º 2, 26 de febrero de 2025, pp. 7-18. Disponible en: https://historiadelasideas.es/revista/article/view/20.
[12] Diego Gallardo de la Fuente, «La financiación del fascismo español durante la Segunda República», Historia de las Ideas, n.º 3, 29 de junio de 2025, pp. 38-47. Disponible en: https://historiadelasideas.es/revista/article/view/26/45.
[13] Vladimir I. Lenin, «Actitud del partido obrero hacia la religión», en V. I. Lenin, Marx Engels Marxismo. Pekín: Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1980, pp. 298-312.
[14] Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (Bolchevique), «Sobre las tareas de los clubes de mujeres en el Este soviético», 14 de enero de 1927. Disponible en: https://docs.historyrussia.org/ru/nodes/445786-postanovlenie-tsk-vkp-b-o-zadachah-zhenskih-klubov-na-sovetskom-vostoke-14-yanvarya-1927-g.
[15] «Culpa y condena de los traidores a la fe y a la patria», Diario del Patriarcado de Moscú, n.º 1, septiembre de 1943. Disponible en: https://www.biblioteka-arhivarius.ru/documenty:osuzhdenie_izmennikov_vere_i_otechestvu.
[16] «Llamamiento del Consejo de Obispos de la Iglesia ortodoxa rusa al Gobierno soviético», Diario del Patriarcado de Moscú, n.º 1, septiembre de 1943. Disponible en: https://www.biblioteka-arhivarius.ru/documenty:obrashchenie_k_sovetskomu_pravitelstvu_arkh_sobor_1943.
[17] Vladimir I. Lenin, «El capitalismo y la inmigración de los obreros», en Vladimir I. Lenin, Obras completas, tomo XXIV. Moscú: Editorial Progreso, 1984, p. 99.
[18] Vladimir I. Lenin, «A la DPE. Copia al CP de Negocios Extranjeros al camarada Eiduk», en Vladimir I. Lenin, Obras completas, tomo LIV. Moscú: Editorial Progreso, 1988, p. 350.
[19] «Récord de llegadas irregulares en 2024: 64.019 personas llegaron por vía marítima a España», Agenda Pública, 26 de junio de 2025. Disponible en: https://agendapublica.es/noticia/19962/migracion-espana-seguridad-fronteras.
[20] Vladimir I. Lenin, «Entrevista con Lincoln Eire, corresponsal del periódico norteamericano “The World”», en Vladimir I. Lenin, Obras completas, tomo XL. Moscú: Editorial Progreso, 1976, pp. 157-163.
[21] Roberto Vaquero Arribas, Inmigración: ¿Realidad, fenómeno o problema? Elche: Grupo Editorial Círculo Rojo SL, 2023.
[22] Karl Marx y Friedrich Engels, «El Manifiesto del Partido Comunista», en Karl Marx y Friedrich Engels, Obras escogidas, tomo I. Moscú: Editorial Progreso, 1980, p. 63.
[23] Karl Marx, A Abraham Lincoln, presidente de los Estados Unidos de América, 1864. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/1864lincoln.htm.
[24] Iósif V. Stalin, Discurso por radio, 3 de julio de 1941. Disponible en: https://www.marxists.org/reference/archive/stalin/works/1941/07/03.htm.
[25] Vladimir I. Lenin, Obras completas, tomo XLI. Moscú: Editorial Progreso, 1986. Disponible en: https://www.abertzalekomunista.net/images/Liburu_PDF/Internacionales/Lenin/Obras_Completas_LENIN_TOMO_41-K.pdf.
[26] Iósif V. Stalin, Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico. Biblioteca Virtual Omegalfa. Disponible en: https://share.google/gwKLPJuyn06n4UrJE.
[27] Mark Rosental, El método dialéctico marxista. Montevideo: Ediciones Pueblos Unidos. Disponible en: https://www.abertzalekomunista.net/images/Liburu_PDF/Internacionales/Rosental_Mark/El_metodo_dialectico_marxista-K.pdf.
[28] Vladimir I. Lenin, El significado del materialismo militante. Moscú: Editorial Progreso, 1973. Disponible en: http://www.abertzalekomunista.net/images/Liburu_PDF/Internacionales/Lenin/1922_El_significado_del_Materialismo_militante-K.pdf.
[29] Vladimir I. Lenin, El Estado y la revolución. Madrid: Fundación Federico Engels, 1997. Disponible en: https://fundacionfedericoengels.net/images/PDF/lenin_estado_revolucion_2ed_interior_alta.pdf.