Publicado originalmente en Mea Culpa/¿Por dónde volver a empezar? en enero de 2025
Han pasado más de ciento veinte años desde el momento en que los revolucionarios rusos se preguntaron: ¿Qué hacer? ¿Qué pasos y qué enfoque práctico debían emprender para la consecución de sus objetivos, de la revolución?
Debieron romper con lo precedente y, tras un periodo de reformulación o reconstitución ideológica [1], encaminarse a un trabajo práctico que necesitaba un nuevo modelo organizativo, una nueva forma de agitación y una nueva manera de llegar y concienciar a la gente [2].
En otras palabras, Lenin rompió con la tradición socialdemócrata y con muchos preceptos de Marx para dotar a su organización de las capacidades necesarias para transformar la sociedad, y no continuar, como hasta entonces, limitados a las discusiones teóricas y a un economicismo reformista que alejaba al movimiento obrero de sus metas de emancipación y de toma del poder.
Negó posiciones ideológicas del propio Marx para adaptarse a las nuevas condiciones materiales, superando las limitaciones teóricas de planteamientos anteriores, desarrollando la ideología, haciéndola progresar, pero manteniendo su esencia revolucionaria. Justo todo lo contrario de lo que hacen e hicieron los revisionistas, que quitaban la esencia revolucionaria del marxismo para hacerlo soportable al sistema capitalista y a la burguesía que lo domina.
Por lo tanto, los aportes de Lenin solo se pueden considerar un desarrollo del marxismo y no una revisión [3].
Primó el marxismo creativo al dogma, a la letra muerta.
Es necesario diferenciar la letra muerta de la esencia, la asimilación de la memorización mecánica. Hay que aprender a aplicar la teoría en la práctica, en las condiciones materiales en que se vive. Además, hay que aportar nuevos elementos y desarrollos, comprendiendo que la ideología no es algo estanco [4].
El marxismo no se puede entender como una religión basada en dogmas, como un duelo de citas fragmentadas, mutiladas y privadas del sentido que les quiso dar el autor, transportadas de forma mecánica al momento actual sin tener en cuenta que las condiciones materiales cambian, y que el marxismo debe adaptarse a ellas y evolucionar [5].
El doctrinarismo es un cáncer que ha infectado todo lo que queda del movimiento comunista, si se le puede seguir llamando así, condenándolo a una lenta agonía cada día más decadente, inoperativa y absurda. Aquel que no entienda el marxismo como una guía para la acción, para la transformación social, y apueste por memorizar citas sin sentido ni utilidad, ha caído en posiciones doctrinarias y pseudorreligiosas profundamente antimarxistas [6].
El marxismo es una guía para el análisis y para la transformación de la sociedad. Es el análisis de la situación concreta. Teorizar sobre la nada o caer en un practicismo sin teoría solo lleva a la inutilidad y al desgaste de fuerzas. Es necesario interrelacionar ambas dimensiones; deben tener una vinculación [7].
Se ha criticado a Lenin por no ser lo suficientemente teórico, curiosamente por gente que no logró nada y cuyas teorías quedaron en el olvido. Sin embargo, Lenin tenía una teoría que fue testeada en la práctica y resultó ser acertada: triunfó y se demostró que sus tesis fueron correctas en aquel momento histórico. Esa es la diferencia entre quienes solo hablan y no tienen una valía real, y quien sí la tenía.
La figura de Lenin es la del pensador más influyente del siglo XX, a pesar de que murió en 1924. Su pensamiento político influyó de forma determinante tanto en el desarrollo de la URSS como en movimientos políticos y revolucionarios por todo el mundo.
Ya en los últimos años de su vida comenzó a rectificar posiciones sobre la cuestión nacional y las fronteras, rectificaciones que continuarían tras su muerte [8]. El encargado de seguir con este cambio de posiciones fue Stalin, el dirigente comunista que más lejos llevó el socialismo y que lideró el proyecto soviético tras la muerte de Lenin. Stalin terminó abrazando el patriotismo revolucionario [9], desarrollando una defensa del legado histórico-cultural y apostando por la familia contra el libertinaje que ya era un hecho en Occidente [10].
Lenin consiguió hacer de los problemas fundamentales de las masas, de los problemas principales de la revolución que debían liderar, los problemas fundamentales del marxismo. Estos pasaron a ser parte esencial de las propuestas, documentos y pensamiento del propio partido. Esto fue señalado incluso por rivales políticos de Lenin, al menos durante amplios periodos, como el propio Trotski [11].
Estas son las tareas que debemos emprender nosotros, en unas condiciones bastante diferentes a las que vivieron Lenin o Stalin.
Todavía hay gente en la pocilga en que se ha convertido lo que queda del movimiento comunista, por llamarlo de alguna manera, que se empeña en decir que nada ha cambiado desde entonces o que ya está todo inventado y solo hay que aplicarlo. Así les va: llevan décadas manteniendo posiciones erróneas que solo los conducen a una situación más lamentable año tras año, alejados, por supuesto, de los obreros a los que dicen representar.
Cuando un movimiento político no da respuesta a los problemas de quienes dice representar —en este caso, a los obreros y al conjunto de los trabajadores, incluyendo por supuesto a los autónomos—, se convierte en algo inútil. Lo mejor que podría pasar es que esos restos que quedan se disolvieran y dejaran que otros, con auténticas posiciones revolucionarias, construyéramos algo nuevo.
Hay muchas cuestiones que han cambiado desde la época de Lenin. Nos centraremos en las que más nos afectan a nivel organizativo, político y agitativo. Dejamos para otro artículo futuro el análisis de los cambios económicos y de otros ámbitos que se han dado dentro del propio modelo productivo.
Nos encontramos ante una destrucción total de lo que fue el movimiento comunista. La inmensa mayoría de los partidos comunistas están en una situación de debacle estructural, de marginalidad absoluta y de debilidad e incluso nulidad ideológica. Lo que antaño ponía a temblar a los poderosos ahora les da risa, en el caso de aquellos que los conozcan, que no creo que sean muchos.
Ideológicamente, el movimiento ya se encontraba tumefacto desde el golpe de Estado del XX Congreso. Pero cuando parecía que no podía ir a peor, llegó el Mayo del 68 francés, en el que la nueva izquierda hizo un ajuste de cuentas a la antigua y terminó convirtiéndose en la hegemónica.
El sujeto revolucionario pasó de ser la clase obrera a una especie de amalgama de minorías oprimidas, algunas inventadas, que comenzaron a marcar la agenda de las organizaciones de izquierdas, incluyendo a los sindicatos y a los partidos comunistas.
Quitaron todo lo revolucionario y peligroso para el poder y, tras una estética, una simbología y unos preceptos aparentemente libertarios [12], escondieron una naturaleza reaccionaria. Constituyeron una nueva ideología del capital financiero que ha elevado el nivel de alienación y control a límites insospechados con anterioridad.
Clouscard señalaba que esta ideología —nosotros la denominamos posmodernismo ideológico [13], otros la llaman pensamiento woke— conducía a un “neofascismo” [14]. Lo que sí ha quedado claro es que conduce a un pensamiento único, compuesto por una serie de dogmas cuasirreligiosos de obligado cumplimiento o aceptación.
Con este pensamiento surgió también la dictadura de lo políticamente correcto, como arma arrojadiza contra todo aquel que ose disentir. Pasaron el rodillo sobre el movimiento comunista y sindical obrero, haciendo que poco a poco aceptaran sus propuestas y sus dogmas, hasta hacerlos propios.
Pronto lograron que en los programas de estos partidos hubiera más peso del feminismo más burgués, del ecologismo suicida capitalista, de los derechos de las minorías y de agendas que defienden intereses extranjeros, como la Agenda 2030, que de la lucha de clases o de la revolución.
Ambas cuestiones fueron relegadas a mera retórica en el mejor de los casos, pues estos partidos llevan a cabo medidas y defienden posiciones antiobreras, llegando a defender el cosmopolitismo —diremos globalismo para que la gente nos entienda, aunque en realidad no sea exactamente lo mismo—.
Por increíble que pueda parecer, han llegado incluso a defender lo mismo que las grandes empresas supranacionales que devastan nuestros países. Esto representa la más grave de las perversiones ideológicas en las que podían llegar a degenerar.
Si algo nos enseñó Lenin es que hay que destruir lo viejo para construir lo nuevo. La destrucción de los rescoldos del antiguo movimiento comunista es una tarea que debemos emprender para poder construir otro nuevo que sí mantenga una esencia revolucionaria y que se adapte a las necesidades del momento histórico.
El liberalismo en la actualidad se ha convertido en una quimera, algo idealista e irrealizable sobre lo que se habla mucho pero nunca se hace nada. Es decir, algo inútil para la sociedad, sobre lo que se teoriza mucho pero que no se lleva a la práctica.
El comunismo, lamentablemente, tiene el mismo papel. Es nuestro deber hacer que esto deje de ser así, volver a convertirlo en una herramienta de combate para la clase obrera y la revolución; la de verdad, no la de los autodenominados comunistas de Twitter.
Tenemos la necesidad urgente de reivindicarnos como comunistas patriotas, desarrollando un nuevo tipo de agitación y un modelo organizativo acorde a los tiempos que corren: optimizado, adaptado y profesionalizado.
Ante el nihilismo nacional, ya superado en la URSS de la época de Stalin, pero recuperado por este movimiento comunista decadente y posmoderno, debemos apostar por una fusión entre el comunismo y el patriotismo. Debemos rechazar la adopción de planteamientos internacionalistas nihilistas que favorecen el actuar de las grandes empresas supranacionales y del capital financiero, y apostar por la lucha soberanista, patriótica y, por lo tanto, nacional, acercándonos a las masas de trabajadores hartos de la situación actual.
El partido comunista debe actuar en base a planes a corto, medio y largo plazo. Debe separarse del seguidismo y del espontaneísmo que definen al movimiento actual. Además, debe prepararse a conciencia para que, cuando las contradicciones sociales se agudicen, esté listo para liderar el movimiento espontáneo que pueda surgir.
Las revoluciones no se pueden adivinar, pero sí puedes prepararte para ellas y estar a la altura de lo que se espera de un auténtico partido revolucionario.
Es necesario que este se dote de una estructura operativa tanto a nivel público como semipúblico [15], con capacidad de imponerse y de conseguir una hegemonía política, ideológica y cultural entre los trabajadores. No entre ese movimiento que está muerto y que representa una lucha de pececillos dentro de una pecera.
Los comunistas no queremos ser el pez más grande dentro de unas cristaleras. Queremos salir a mar abierto, al océano, a realizar las grandes transformaciones sociales; es decir, revolucionarias.
Un partido comunista no puede ceñirse, cual anarquistas, a las futuras explosiones revolucionarias. Debe contribuir a la preparación de las condiciones subjetivas para el desarrollo de la revolución.
Otra dificultad que tenemos que afrontar a la hora de acumular fuerzas y de llegar a la gente de a pie, es decir, a los trabajadores, es la criminalización del comunismo.
El historiador Grover Furr habla del paradigma antiestalinista, según el cual todo lo relacionado con la historia de la URSS está dominado por un sesgo anticomunista, especialmente en todo lo relacionado con Stalin y con el periodo en el que estuvo al frente del régimen soviético. Según este paradigma, a todo lo que vaya contra Stalin y contra este periodo se le da un aura de certeza, mientras que, si se cuestiona algo del relato oficial, es considerado revisionismo histórico y perseguido [16].
Aun estando de acuerdo con Furr, considero que este fenómeno no se ciñe solo a la historiografía ni a ese periodo de la historia. La criminalización absoluta del comunismo se da contra el comunismo revolucionario alejado del comunismo globalista, revisionista y posmoderno.
Se ha construido un relato en el que se vincula al comunismo con lo progre, la muerte y la pobreza, haciendo una serie de falacias del espantapájaros sin precedentes históricos. Nos encontramos ante un paradigma anticomunista que aísla, criminaliza y persigue a quienes en verdad defienden la lucha de clases, quieren hacer una revolución y no se centran en defender modas burguesas “revolucionarias” [17] como el feminismo, el transgenerismo o el antirracismo [18].
Esta nueva izquierda ha tomado rasgos, símbolos y soflamas comunistas, quitándoles, por supuesto, toda esencia revolucionaria. Esto contribuye a la indefinición y confusión política e ideológica que domina en nuestra sociedad.
Vencer esta criminalización del comunismo supone implementar cambios importantes para adaptarnos al contexto actual en el que debemos desarrollar nuestra lucha. No vamos a renunciar a nada, pero debemos ser inteligentes a la hora de llegar a la gente.
Nuestro objetivo no es llegar a los folclóricos del comunismo, en gran parte situados en posiciones posmodernas o directamente reaccionarias. Nuestro objetivo es llegar a la inmensa masa de trabajadores despolitizados y acercarlos a las filas de la revolución, aunque sea cambiando de táctica.
Lo importante es mantener la esencia, no la estética o la terminología de épocas pasadas.
Por mucho que nos pueda gustar Stalin, colgar una cara gigante de él de una torre o de un puente no es una acción de masas: es antimasas. Era popular en los años treinta. Debido a la criminalización del comunismo, hoy sería lo más contraproducente que podríamos hacer. De hecho, lamentablemente lo hicimos durante años.
Es prioritario romper con los viejos métodos y desarrollar unos nuevos, adaptados a las necesidades que tenemos debido a la criminalización absoluta del comunismo, visto como una especie de ideología del mal.
Debemos mantener la esencia revolucionaria de quienes nos precedieron, desarrollando una práctica que nos permita avanzar como comunistas. No se trata de repetir mecánicamente métodos que se usaron en un contexto muy diferente y traicionar así la esencia de lo que aquellos querían hacer.
A todo esto, como si no fuera ya suficiente, hay que sumar la dispersión política general existente, la falta de cultura militante de la gente que se acerca a cualquier movimiento político y la inexistencia de redes y estructuras potentes para desarrollar la acción política.
Esto implica que es necesario crear ciertas estructuras que van más allá de la refundación o reconstitución del propio partido comunista. Es necesario un frente de masas político y electoral; un sindicato fuerte; un órgano político que supla las funciones que ya no puede acometer un periódico —redes sociales, estudios, productoras, editoriales, medios modernos, etc.—; y organizaciones culturales, sociales, juveniles y de protesta política que funcionen bajo la hegemonía política, cultural e ideológica del partido comunista.
Además, fruto de las políticas en favor de la ideología woke o globalista de Gobiernos, empresas, medios, influencers, escritores, actores y demás mamporreros al servicio del sistema, se ha creado una crisis general de identidad, ya que se ha atacado cualquier identidad colectiva que pueda suponer un freno a las imposiciones del gran capital.
Las dos conciencias que más han aglutinado al hombre en sociedad desde hace siglos son la nacional y la de clase. Por eso estas dos conciencias han sido las más duramente atacadas. Mención aparte merece la cuestión de la familia.
Esto ha conllevado que los individuos estén cada vez más aislados, alienados y centrados en el nuevo consumo transgresor, creándose un verdadero ejército de adictos a todo tipo de cuestiones que consumen aceleradamente todo lo que previamente les han inducido.
La industria del deseo se ha perfeccionado hasta el punto de ejercer en las personas una lobotomización o idiotización aguda. Ya no solo nos dicen cómo o qué producir, también cómo consumir, qué consumir y qué vida debemos llevar [19].
Vivimos en la posmodernidad, una sociedad líquida en la que todo pasa rápido para que el consumo se acelere. La mercantilización de la sociedad es absoluta. Hemos sufrido una deshumanización. El foco de nuestras sociedades ya no está puesto en el hombre; ahora el nuevo dios es el consumo. El rumbo hacia el poshumanismo está más que puesto en marcha.
El mundo digital y tecnológico está absorbiendo cada vez más al individuo, contribuyendo aún más a su aislamiento, eliminando su identidad y preparando las condiciones para el nuevo mundo que nos quieren imponer.
Los métodos agitativos, e incluso organizativos, más clásicos son ineficaces por sí mismos. Necesitamos adaptarnos al mundo en el que vivimos, sabiendo utilizar los medios modernos controlados por el enemigo sin dejarnos arrastrar a sus posiciones y designios.
Cada vez la gente siente más desafecto por la política, y tiene mucho menos interés aún por el socialismo, la lucha obrera o la revolución; justo lo contrario de lo que sucedía cuando los bolcheviques se preguntaron, a principios del siglo XX, por dónde debían empezar [20].
Podemos ver a muchos grupos comunistas apostar por fórmulas mecánicas totalmente desfasadas y que, en origen, fueron desarrolladas en un momento muy diferente de la lucha de clases.
La lucha revolucionaria se ha visto convertida en una moda más del sistema, una moda de la revolución totalmente encauzada a mantener los intereses de los poderosos y a desgastar a todo aquel que pudiera tener intención de cambiar algo [21].
La lucha revolucionaria implica la lucha por la transformación de la sociedad, no crear una escena de tribu urbana capitalista que solo mantiene cierta estética de la revolución, pero sin ningún contenido que nos encamine hacia ella [22].
Este artículo nace con la intención de poner sobre la mesa una necesidad de los comunistas españoles —aunque buena falta les hace también a los de los demás países—: abrir un debate para dejar de repetir fórmulas y modelos desfasados y reactualizarnos, adaptándonos a las nuevas condiciones materiales que nos han tocado vivir.
Pretende iniciar un debate en el seno de nuestro movimiento que lleve a una reconstitución y clarificación ideológica que nos dote de las herramientas adecuadas para desarrollar un trabajo efectivo en favor de la lucha de clases y la revolución socialista.
Asimismo, pretende iniciar un proceso conferencial que lleve a una readaptación y evolución de los métodos de agitación, difusión y concienciación, previa a una reestructuración del modelo organizativo que supere al antiguo modelo, pues este tampoco está a la altura de los requerimientos de la lucha por la revolución en el siglo XXI.
El movimiento comunista está muerto. Ya es hora de enterrar a aquellos que mantienen métodos y una interpretación ideológica inútil, y volver a construir algo con esencia revolucionaria y capacidad para que los comunistas puedan incidir de forma efectiva en España y liderar a los obreros en la lucha por su emancipación.
Con este texto esbozamos y presentamos el inicio del debate que, sin duda, nos llevará a realizar cambios profundos. Dejamos pendiente para un futuro próximo la elaboración de unas tesis para la revolución española, como futuro programa del partido, y otro texto sobre el cambio del modelo organizativo y agitativo.
Con esta intención, es necesario desarrollar los puntos de partida elementales tanto para plantear el debate como para comenzar a trabajar en la línea correcta de forma previa al proceso conferencial y, posteriormente, congresual.
PUNTOS DE PARTIDA
El reconocimiento folclórico del comunismo sin tener una práctica revolucionaria, y sin una teoría actualizada, es inútil. Si una ideología o planteamiento político no da respuesta a las necesidades de la clase obrera y del conjunto de los trabajadores, se convierte en algo intrascendente, encaminado a desaparecer [23].
Me parece correcto que se defienda la memoria histórica de la revolución, pero centrar la puesta en escena de un partido comunista a día de hoy en eso es perder el tiempo. Debido a la criminalización del comunismo, se ha convertido en un acto que espanta a las masas.
El objetivo es llegar a ellas y concienciarlas, no tener una escenografía fija, una terminología de otro siglo y propuestas irrealizables en las condiciones materiales actuales.
Nosotros hemos mantenido este tipo de posiciones durante muchos años, y solo cuando hemos empezado a rectificarlas se ha producido un crecimiento y se ha empezado a tener influencia en grupos numerosos de trabajadores.
Somos herederos de toda la lucha revolucionaria y de clase de quienes nos precedieron. Somos continuadores del comunismo patriótico que consiguió en la URSS llevar a las fuerzas obreras a lo más alto que se ha alcanzado a lo largo de la historia.
Debemos aprender de ellos, continuar su legado y mantener su esencia, pero no repetir sus errores. Debemos ser creativos, no imitar lo que consiguieron otros. No queremos hablar de cómo hicieron su revolución y amagar un plagio ineficaz condenado al fracaso. Queremos hacer la nuestra.
Es necesario clarificar las tareas fundamentales de la revolución en España y acumular fuerzas para ello. Debemos disponer de una nueva estructura capaz y profesionalizada, con la fuerza y eficacia necesarias para los titánicos combates a los que deberemos enfrentarnos en el futuro.
Es vital aprender de los éxitos y fracasos del movimiento revolucionario, tomando lo que se ha demostrado válido y desechando la letra muerta sin utilidad. Hay que ser fiel a la esencia, no a la letra muerta.
Debemos huir del doctrinarismo y abrazar el marxismo creativo, que se desarrolla y adapta a las condiciones materiales del momento para la consecución de los objetivos tácticos y estratégicos de la clase obrera.
Debemos dar solución a los problemas reales de los trabajadores para acercarlos a nuestras posiciones. Nuestro trabajo práctico debe ser tan profesional, coherente y firme que hable por nosotros y nos permita acercar a los obreros a las filas del comunismo patriótico y revolucionario.
A día de hoy, a la imagen totalitaria [24] del comunismo se suma la imagen deplorable que tienen los partidos comunistas, que ya no solo son revisionistas y reformistas, sino que además han abrazado la nueva ideología dominante del capital financiero: el pensamiento woke o posmodernismo ideológico. Se han dejado arrastrar por este hacia las posiciones más antiobreras que han mantenido hasta la fecha.
Para poder construir un nuevo movimiento comunista es necesario destruir a todos los niveles a los defensores de estas posiciones, pues contribuyen a la mala imagen y a la criminalización de cualquier postura de clase, comunista y patriótica que intente construir algo revolucionario.
Por ello debemos romper con aquello que pueda relacionarnos con ellos a todos los niveles, para no contribuir al confusionismo ideológico y político actual.
Nos identificamos como comunistas patriotas para diferenciarnos de los cosmopolitas o globalistas que mantienen símbolos o nombres relacionados.
Cuestiones fundamentales a las que debemos dar respuesta son la inmigración, la islamización, la cuestión nacional y la lucha por la soberanía. Dar respuesta a estas problemáticas se ha convertido en una cuestión de clase y revolucionaria principal.
Debemos, además de resolver el problema, hacerlo desde una posición de progreso, revolucionaria, en contraposición a salidas reaccionarias que solo van a cimentar el dominio del capital sobre los trabajadores.
Toda época tiene contradicciones principales y secundarias, y también acontecimientos que no se pueden dejar pasar. Al igual que en el siglo pasado los comunistas se metieron de lleno en los movimientos anticoloniales y de liberación nacional, llegando a hegemonizar y a ganarse a las masas en muchos de ellos, nosotros debemos hacer lo mismo con el fenómeno migratorio, la sustitución étnica y la lucha contra la islamización.
Debemos luchar por hegemonizar esas luchas y hacerlo desde posiciones de clase, revolucionarias y patrióticas. Es una lucha en la que antes o no se tenía una posición clara o se tenía un enfoque suicida para la situación actual. Ahora debemos acudir a esta lucha tan importante y ganarnos a las masas para la lucha por la transformación social, pero llevando a cabo una lucha sincera, honrada, de resolución, nunca por oportunismo.
Queremos solucionar este problema porque es algo principal para nuestra supervivencia nacional y para la de los propios trabajadores españoles. Aunque a algunos les pese, la lucha de clases se desarrolla en el marco de un Estado que, en el caso de España, es un marco nacional.
Otra necesidad histórica que debemos emprender es la renuncia al derecho de autodeterminación en España, al federalismo, al internacionalismo nihilista y a toda influencia globalista derivada de este.
Debemos apostar por el patriotismo revolucionario, confrontando desde posiciones de clase contra el falso patriotismo de los poderosos.
La revolución que debemos promover es patriótica y soberanista, democrática y con un enfoque que permita acumular fuerzas. Sin este proceso de acumulación y preparación de las condiciones subjetivas no se podrá pasar a la siguiente etapa de la revolución: la conquista del poder por parte de la clase obrera mediante una revolución socialista y la consecuente implantación de un Estado socialista.
Como ya he dicho, el modelo organizativo del partido comunista debe modernizarse, adaptarse a los nuevos tiempos y dotarse de una estructura fuerte que pueda dar la batalla a los enemigos de la revolución.
Debemos empezar a realizar cambios drásticos. Algunos de ellos ya hemos empezado a realizarlos, forzados por la situación y la lucha política, pero hemos de profundizar en ellos tras un arduo proceso de debate que clarifique el camino a seguir.
En no mucho tiempo espero que la propuesta teórica esté preparada para una conferencia que supondrá un cambio cualitativo importante para nosotros.
Sin una estructura fuerte y adaptada, con capacidad de respuesta y de sacar trabajo relevante, no podremos pasar por encima de la criminalización del comunismo ni de otras problemáticas políticas, económicas y agitativas.
Lenin hablaba de la importancia de un periódico central para aglutinar a los revolucionarios, desarrollar debates y, no nos vamos a engañar, concienciar e imponer línea a quienes no pensaban como ellos [25].
El periódico, a día de hoy, como ente de agitación, concienciación, centralización, organización y lucha ideológica, es inútil. Con la digitalización, las redes sociales, la liquidez y el triunfo de lo audiovisual, los periódicos no son más que dinosaurios a punto de extinguirse. Ni siquiera los digitales pueden cumplir ya esa función.
Es cierto que existen periódicos grandes, pero pertenecen a corporaciones empresariales. Los periódicos de las organizaciones comunistas no son más que panfletos online o en folios mal impresos, ridículos y sin nivel alguno, que hablan de problemáticas desfasadas y no dan respuesta a ningún problema candente de los obreros ni de las tareas de la revolución en la actualidad.
Además, su audiencia es tan escasa y con tan poca proyección a futuro que, sorprendentemente, llegan a ser más desconocidos y anónimos que inútiles, que es en realidad su característica principal.
Si alguien piensa que acudir a una fábrica en España —las pocas que quedan— con panfletos sobre la guerra popular prolongada en media cuartilla de folio, o colgar caras de Stalin de torres, es una gran acción de masas, es que tiene algún tipo de problema cognitivo o de distorsión de la realidad.
Curiosamente, la mayor parte de estos “agitadores” son gente extraña, contrahecha, malos doctrinaristas —pues ni para eso les llega el nivel—, pasan muchas horas en Twitter retroalimentándose en sus miserias y son unos fracasados.
Esto sucede porque nadie con una vida normal o funcional puede acercarse a este tipo de organizaciones. Solo se les acerca a cuentagotas gente, digamos, bastante peculiar, lo cual espanta a los pocos que pudieran acercarse sin tener una imagen tan mala.
Necesitamos dotarnos de un medio moderno que comprenda todos los espacios en los que necesitamos estar y que pueda hacer las funciones de ese antiguo periódico del que hablaba Lenin. Para ello debemos formar y profesionalizar cuadros capaces de desarrollar este tipo de trabajo.
Debemos crear perfiles públicos solventes y con atractivo político para que puedan desplegar los posicionamientos políticos e ideológicos, acercarnos a los obreros, concienciarlos y sumarlos a la lucha.
Sin revolucionarios profesionales que vivan por y para la lucha, no se puede crear una estructura con capacidad real [26].
Debemos ser capaces, a través del periódico, el medio audiovisual, las personas de referencia en redes sociales, los tertulianos, los escritores, los columnistas, etc., de concentrar el descontento político y dirigirlo en consonancia con las fuerzas revolucionarias, sumándolo a las mismas.
Debemos ser capaces de aglutinar, de imponer nuestros principios frente a aquellos que solo quieren mantener la dispersión política actual en su propio beneficio. Necesitamos ese órgano político e ideológico central, pero la forma de construirlo y de llegar a la gente debe cambiar de forma drástica.
Sin conquistar la hegemonía ideológica y cultural nunca vamos a conseguir nada relevante, jamás vamos a conseguir un cambio revolucionario.
Por supuesto, esta lucha por la hegemonía no se puede llevar a cabo solo con un buen trabajo en todo lo relatado. La lucha debe darse también a través de asociaciones culturales, históricas, fundaciones, editoriales, revistas, sindicatos, en el estudiantado y en el propio trabajo académico, entre otros muchos medios.
Ya se ha detallado con anterioridad la importancia de dar respuesta a los problemas de la falta de soberanía nacional, la inmigración masiva y otras cuestiones que debemos hegemonizar. El buen trabajo ante estas cuestiones conlleva un prestigio que nos permite llegar a los trabajadores afectados por ellas y burlar la criminalización del comunismo.
Esta criminalización es tan fuerte que pretender presentarte a elecciones bajo simbología y lemas supuestamente comunistas es un suicidio político, al menos a corto y medio plazo.
Nosotros, los comunistas, no escondemos nuestro programa. De hecho, hacemos agitación constante con él, pero debemos adaptarnos a las condiciones del momento, sabiendo jugar nuestras cartas durante un momento de retroceso de las fuerzas revolucionarias sin precedente histórico.
Es necesario que defendamos nuestras posiciones y principios a través de la influencia y hegemonía en frentes de masas y políticos amplios que den respuesta a las necesidades de los trabajadores y de los españoles en general.
Es necesario elevar conciencias y adoptar la táctica que nos permita acercar a más gente al comunismo patriótico, posibilitando una estructura fuerte y con capacidad.
En el momento actual, en torno a nuestro programa mínimo podemos aglutinar a amplias masas. Por ello, mantener las posiciones “comunistas” [27] solo conduce a hacer el ridículo y fracasar una vez tras otra.
No se es más comunista por decir muchas veces el nombre. Se es comunista por trabajar por la lucha de clases, la revolución y el socialismo. Todo lo demás no es más que folclore barato e inútil.
La creación de un frente amplio que apueste por el patriotismo revolucionario es una de las tareas fundamentales. Debe liderar la lucha por los problemas candentes en España y ganarse a las masas para las fuerzas de la revolución, oponiéndose y disputándoselas a la reacción.
Centramos nuestros esfuerzos en los últimos cinco años en la formación de cuadros y en el desarrollo del frente. Muchos nos criticaron por inactividad, llegando incluso a decir que habíamos dejado de ser comunistas y habíamos disuelto el partido.
No se dieron cuenta de que nosotros actuamos en base a planes a corto, medio y largo plazo, y sabemos medir los esfuerzos que debemos realizar. Se equivocaban. Estábamos acumulando fuerzas, preparándonos para este momento en el que, ya asegurado el embrión del frente, podemos volver a retomar con fuerzas renovadas, tras nuestro proceso de refundación, nuestra actividad agitativa y pública.
La sorpresa de algunos va a ser mayúscula.
De la mano de la creación y consolidación de un frente amplio, debemos crear un movimiento sindical, de clase y con una perspectiva revolucionaria de acumulación de fuerzas y escuela de guerra para batallas futuras.
Este movimiento sindical debe ir contra los sindicatos del Gobierno, subvencionados y con una imagen lamentable entre los trabajadores por serviles a los poderosos.
El trabajo del sindicato debe ser pulcro en lo profesional, y combativo y aguerrido en la agitación y la lucha política y social que debe emprender. Su misión principal es atraer a los trabajadores, contribuyendo a que se recupere la conciencia de clase en amplios sectores, solo así podremos acumular fuerzas y llegar a grupos de personas mucho más amplios.
Al igual que las elecciones tienen una utilidad —nos abren una posibilidad de acumular fuerzas y sirven como altavoz de nuestras propuestas y planteamientos—, no servirán para la toma del poder, pues habrá que forzar el cambio desde una lucha política desarrollada en otros ámbitos.
Con la lucha economicista pasa algo similar. No se va a producir el cambio mediante ella, pues tiene una clara esencia reformista, pero nos permite concienciar, llegar a la gente y acumular fuerzas para las batallas verdaderamente decisivas para lograr la transformación social.
Los objetivos los tenemos claros. Es necesario iniciar el debate cuanto antes y realizar todos los cambios pertinentes para dotarnos de las herramientas necesarias para dejar de hablar de la revolución y empezar a trabajar para que se produzca.
REFERENCIAS
[2] Vladimir I. Lenin, ¿Por dónde empezar? Fondo documental EHK, 1973. Acceso el 28 de enero de 2025. https://www.abertzalekomunista.net/images/Liburu_PDF/Internacionales/Lenin/1901-_Por_donde_empezar-K.pdf.
[3] En el sentido marxista de revisionismo.
[4] Comité Central del PC(B) de la URSS, Historia del Partido Comunista (Bolchevique) de la URSS. Moscú: Ediciones de Lenguas Extranjeras, 1939, pp. 440-441. Acceso el 8 de enero de 2025. https://pceml.info/wp-content/uploads/2015/01/Historia-del-PCb-de-la-URSS.pdf.
[5] M. Rosental y P. Iudin, Diccionario filosófico marxista. Montevideo: Pueblos Unidos, 1946, pp. 440-441.
[6] Friedrich Engels, Engels to Friedrich Adolph Sorge in Hoboken. Marxist Internet Archive, 1886. Acceso el 8 de enero de 2025. https://www.marxists.org/archive/marx/works/1886/letters/86_11_29.htm.
[7] Iósif Stalin, Fundamentos del leninismo. Omegalfa, 2019, p. 20.
[8] Un ejemplo de esto es la creación de la guardia fronteriza soviética en 1918 y el “Reglamento sobre la protección de las fronteras estatales de la URSS” de 1927.
[9] S. Titarenko, Patriotism and Internationalism. Londres: Soviet News, 1950.
[10] Roberto Vaquero, ¿Cómo reconstruir la izquierda revolucionaria en España? Combatividad, principios, organización y cultura. España: Círculo Rojo, 2020, pp. 26-35.
[11] León Trotski, Historia de la Revolución rusa. Madrid: Capitán Swing, 2017, p. 1073.
[12] Libertarios en el sentido que da al término Michel Y. Clouscard, no Javier Milei.
[13] Roberto Vaquero, Resistencia y lucha contra el posmodernismo. Madrid: Letrame, 2019, pp. 19-27.
[14] Michel Y. Clouscard, Neofascismo e ideología del deseo. Pamplona: Templando el Acero, 2019, pp. 66-67.
[15] Se usa esta terminología para evitar juicios absurdos, en vez de utilizar la que usaban los clásicos sobre el tipo y ámbito de trabajo del partido comunista.
[16] Grover Furr, Stalin esperando… la verdad. Pamplona: Templando el Acero, 2021, pp. 22-36.
[17] Que, por supuesto, no tienen nada de revolucionarias.
[18] Este “antirracismo” tampoco tiene nada que ver con ser antirracista; no es más que otra moda desarrollada para imponer el pensamiento único del sistema bajo relatos falsos.
[19] Michel Y. Clouscard, Neofascismo e ideología del deseo. Pamplona: Templando el Acero, 2019, pp. 124-152.
[20] Vladimir I. Lenin, ¿Por dónde empezar? Fondo documental EHK, 1973, pp. 5-6. Acceso el 28 de enero de 2025. https://www.abertzalekomunista.net/images/Liburu_PDF/Internacionales/Lenin/1901-_Por_donde_empezar-K.pdf.
[21] Michel Y. Clouscard, El capitalismo de la seducción. Ediciones Edithor, 2021, pp. 54-62.
[22] Roberto Vaquero, Por qué el obrero vota a la derecha. Madrid: La Esfera de los Libros, 2024, pp. 35-38.
[23] No hablemos ya de la toma del poder encabezando la revolución. Para estos grupos comunistas se ha convertido en un relato ajeno a cualquier posibilidad de práctica futura.
[24] Término inventado para pretender equiparar al comunismo y al fascismo, y que encarna un significado negativo a todos los niveles.
[25] Vladimir I. Lenin, Obras completas, tomo 7. Fondo documental EHK, 1981, pp. 17-18. Acceso el 28 de enero de 2025. https://www.abertzalekomunista.net/images/Liburu_PDF/Internacionales/Lenin/Obras_Completas_LENIN_TOMO_07-K.pdf.
[26] Vladimir I. Lenin, ¿Qué hacer? Moscú: Progreso, pp. 108-109.
[27] Posiciones infantiles, sistémicas y reformistas folclóricas.