EL PARADIGMA ANTI-STALIN
Leyendo el nuevo libro traducido al castellano Stalin esperando… La verdad, de Grover Furr, pude ver con agrado que desarrollaba un concepto cuanto menos interesante: el paradigma anti-Stalin.
Según este paradigma, desde la historiografía, y no solo desde ella, existe una idea incuestionable por la que cualquier teoría, desarrollo u opinión que vaya contra Stalin y contra el periodo soviético bajo su mando tiene credibilidad automática. A su vez, cualquier opinión que busque, no ya la defensa de Stalin, sino cualquier posicionamiento que se salga de la tendencia general de la historiografía, es tachada de falsa, partidista y, por supuesto, de estalinista, aunque quien difunda tal planteamiento sea conservador.
Independientemente de la ideología del autor, nadie está a salvo del paradigma anti-Stalin [1].
Aunque Grover Furr acierta en su análisis sobre la visión general y la historiografía sobre Stalin, creo que su definición del paradigma anti-Stalin no abarca la totalidad del problema ante el que nos encontramos tanto en la sociedad como en la historiografía sobre el comunismo.
Sin duda, nos encontramos ante un paradigma anticomunista que va mucho más allá de la figura histórica de Stalin. Todo lo que busque la verdad sobre las experiencias comunistas, e incluso sobre la propia ideología comunista, es tachado de reaccionario, antiguo y totalitario.
Algunos defienden que el comunismo y muchos de sus símbolos se han convertido en algo mainstream. Sin embargo, esto no es lo que parece. Si investigamos en profundidad, podremos apreciar que el sistema, aprovechando la debilidad del movimiento comunista y del propio movimiento obrero, ha cogido símbolos y figuras revolucionarias, las ha mercantilizado, les ha quitado toda su esencia revolucionaria y las está usando para combatir y criminalizar precisamente todo aquello contra lo que se supone que esos símbolos se crearon.
Coger del marxismo solo aquello que es permisible para la burguesía, quitándole su esencia revolucionaria, usurpándolo y usándolo para confundir a las masas, no es algo nuevo. Desde el marxismo siempre se ha identificado como revisionismo. Aunque se ponga nuevas caretas, sigue representando el mismo papel y sirviendo a los mismos amos.
Han existido múltiples ejemplos de intentos de revisionar el marxismo y convertir lo revolucionario en reaccionario. Estamos ante el último y más profesional de todos ellos. Intentan hacer parecer sus apuestas como algo revolucionario, pero son la nueva reacción, tan furibundamente anticomunista como todos sus predecesores. Su objetivo real no es la transformación de la sociedad, sino la implantación del pensamiento único del sistema y de sus dogmas de fe [2].
La vieja reacción colabora con la izquierda posmoderna acusando al marxismo de todos los males existentes, hablando de marxismo cultural [3] en vez de hacerlo de posmodernismo ideológico. En realidad, vieja y nueva reacción no son más que dos caras de la misma moneda: el sistema. Lo defienden con uñas y dientes, retroalimentándose, acumulando fuerzas para actuar según le convenga al capitalismo y defendiendo un tipo de dominación burguesa u otra [4].
Esta criminalización del comunismo no se ciñe solo a Stalin y a su periodo en la URSS [5]. Va mucho más allá: tacha de totalitario, genocida, asesino, anacrónico y violento todo lo que se salga de la versión blanqueada y reaccionaria de lo mainstream.
Así podemos ver cómo, en series populares como La casa de papel, la canción Bella Ciao, de los partisanos italianos, es algo que se baila y se canta hasta en la plataforma TikTok. Sin embargo, el motivo por el que luchaban aquellos partisanos italianos contra el fascismo es considerado algo terrible [6].
A pesar del origen de la canción, y de que fue uno de los himnos partisanos con las connotaciones políticas pertinentes, lo que se ha hecho con ella es desideologizarla. Hay miles de ejemplos de este tipo de usos de la cultura revolucionaria, pero esto no significa que los promotores del sistema sean marxistas. Al contrario, lo que hacen con esto es atacar al marxismo, cosa que algunos fascistas parecen no entender.
Otro ejemplo claro de esto se ve en que han intentado resignificar el término revolución. Ahora existe la revolución verde, la de la cerveza, la feminista o la de los chiquiprecios. Todas ellas asociadas a algo pacífico y alegre.
La lucha por la revolución socialista es la lucha por la transformación de la sociedad. Esta supone destruir el Estado capitalista y construir una nueva superestructura. Supone el cambio de un modo de producción a otro, y este no se va a realizar como una cesión o como un mero cambio cultural.
¿Acaso hay algo más autoritario y violento que una revolución?
Engels lo deja claro:
“Una revolución es, indudablemente, la cosa más autoritaria que existe; es el acto por medio del cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte por medio de fusiles, bayonetas y cañones, medios autoritarios si los hay; y el partido victorioso, si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por medio del terror que sus armas inspiran a los reaccionarios” [7].
No existen las revoluciones pacíficas. La clase en el poder jamás va a permitir que le quiten sus privilegios sin luchar a muerte por conservarlos. Esto no es más que otro ejemplo de cómo quieren aumentar la alienación y, con ella, el control sobre las personas.
Podría poner cientos de ejemplos. El uso de determinadas categorías marxistas pervertidas, algunos símbolos e incluso la apropiación de algunas figuras falsificando su historia y eliminando su ideología no suponen un apoyo al comunismo, sino una intención clara de acabar con él.
EL PARADIGMA ANTICOMUNISTA EN LA HISTORIOGRAFÍA
Continuando con lo anteriormente desarrollado, quiero plantear una serie de cuestiones que son características a la hora de tratar lo comunista en la historiografía. Furr señala alguna de ellas en su paradigma anti-Stalin.
La historiografía académica no busca la verdad en lo referente al comunismo
La mayoría de los autores académicos más célebres sobre comunismo retuercen la realidad para acomodarla a sus posicionamientos previos a iniciar su investigación. Kotkin, Conquest, Gross o Pipes son buenos ejemplos de ello.
Así, nos encontramos con que, después del descubrimiento de evidencias, sobre todo referentes a la desclasificación de archivos soviéticos, no se han corregido públicamente las mentiras vertidas durante décadas acerca del papel de los comunistas en determinados sucesos que han sido utilizados para demonizarlos. Por ejemplo, sobre lo sucedido en el bosque de Katyn [8].
Su objetivo no es descubrir la verdad, sino seguir el paradigma anticomunista para lograr aceptación y éxitos. Ya sabemos lo que les ocurre a quienes no lo hacen. A Furr lo incluyeron en la lista de los 101 académicos más peligrosos de Estados Unidos [9].
La mayoría de las fuentes responden a opiniones de renegados y supuestos documentos de origen más que dudoso
La mayor parte de las historias montadas artificialmente sobre el comunismo tienen su origen en renegados como Kruchov, Gorbachov o Alia, así como en supuestos documentos que con el tiempo se demuestran falsos y referencias a archivos clasificados que, cuando se desclasifican, dejan en evidencia a sus defensores.
Sin embargo, cuando esto sucede no rectifican. Huyen hacia adelante sirviéndose de la fortaleza del paradigma anticomunista, que consigue que todo suene creíble a pesar de las evidencias.
El propio Furr desmonta la validez de estas opiniones de renegados al servicio del capitalismo de forma precisa en su libro Kruchov mintió. Refuta este tipo de fuentes, así como todas y cada una de sus acusaciones contra Stalin [10].
Con el ejemplo de Gorbachov, analizando lo que decía y lo que luego hizo en la realidad, se puede apreciar la nula validez de todo lo que afirmó. Terminó haciendo anuncios de Pizza Hut [11] y de Rolex, y admitiendo que él siempre había querido reimplantar el capitalismo salvaje.
Habrá gente que me criticará por afirmar esto aludiendo a que hay otra infinidad de recursos. No quiero entrar a valorar en esta ocasión lo que está basado en la mera mentira e invención para criminalizar el comunismo sin ni siquiera intentar basarse en nada, por muy frecuente que sea. Solo les funciona gracias al paradigma; en caso contrario, solo producirían risas.
La objetividad brilla por su ausencia
No se es objetivo con el comunismo. Todo lo que no sea definirlo como algo totalitario y genocida, como una ideología malvada, es golpeado por la fuerza del paradigma. Las pruebas y evidencias existentes contrarias a lo defendido por el paradigma son ignoradas de forma consciente.
Esto es un ataque a la objetividad que debe tener todo estudio riguroso y científico. Los historiadores académicos no buscan la objetividad, solo defienden posicionamientos anticomunistas. Esto refleja que actúan de acuerdo con los intereses de la clase en el poder, a la que representan y defienden: la burguesía.
Furr define los trabajos desarrollados por este tipo de autores como “propaganda con notas a pie de página” [12].
Como ya he dicho, aquellos historiadores que sí tienen un proceder objetivo y científico son tachados de estalinistas, incluso cuando son críticos. La búsqueda de la verdad no es algo contenible para el paradigma anticomunista.
Falacia de autoridad
Es recurrente que los defensores del paradigma anticomunista caigan en el uso del argumento de “lo dice X”, y que esa persona es un experto. Sin embargo, cuando adquieres el libro del autor X y lo estudias, ves que esa aura de experto no justifica que tenga razón en lo que dice.
Se está cayendo en una falacia de autoridad para justificar la falta de información o conocimientos al respecto. Cuando se revisan las obras de estos autores que suelen usar los anticomunistas para referenciar sus posiciones, se puede ver que las fuentes son referencias a otros historiadores. Si vas tirando del hilo, puedes comprobar que están basadas en mentiras y testimonios falseados.
Este tipo de trabajo fue ejemplarmente realizado por Furr en su libro de respuesta a Kotkin.
En España son referenciados autores como Pío Moa, César Vidal o Federico Jiménez Losantos, cuya objetividad es nula. No buscan la verdad, solo quieren acomodar la realidad a sus posiciones reaccionarias. El valor de sus obras es inexistente.
Criminalización de las figuras comunistas para atacar a la ideología
La criminalización de las figuras comunistas ha sido una constante tanto en la sociedad como en la historiografía. Es más fácil criminalizar a una sola personalidad que a todo un movimiento e ideología y, a través de la satanización de esa persona, criminalizar a lo colectivo [13].
Ya Lenin lo dejó claro en su libro El Estado y la Revolución:
“Ocurre hoy con la doctrina de Marx lo que ha solido ocurrir en la historia repetidas veces con las doctrinas de los pensadores revolucionarios y de los jefes de las clases oprimidas en su lucha por la liberación. En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias.
Después de su muerte, se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para ‘consolar’ y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola.
En semejante ‘arreglo’ del marxismo se dan la mano actualmente la burguesía y los oportunistas dentro del movimiento obrero. Olvidan, relegan a un segundo plano, tergiversan el aspecto revolucionario de esta doctrina, su espíritu revolucionario. Hacen pasar a primer plano, ensalzan lo que es o parece ser aceptable para la burguesía.
Más claro no se puede ser.
El tiempo le daría aún más la razón cuando la criminalización de las figuras comunistas alcanzó su grado más alto tras las victorias de la URSS en la Segunda Guerra Mundial. Nunca antes las fuerzas revolucionarias habían alcanzado éxitos de tal envergadura, ante lo que la burguesía desplegó todo su potencial para criminalizar a Stalin y a otros líderes bolcheviques y de las nuevas repúblicas populares surgidas a partir de la derrota del fascismo [15].
Es deber de todos los revolucionarios defender las figuras históricas de los líderes comunistas, pues en realidad no pretenden atacar a una persona, sino a lo colectivo. Es la forma más fácil de criminalizar a todo el movimiento, por lo que no debemos permitirlo. Debemos confrontar, incluso con quienes se supone que forman parte del movimiento revolucionario, pero que en realidad no lo son y tienen un papel reaccionario y de zapa revisionista.
ALGUNOS DE NUESTROS EJEMPLOS
En nuestra práctica militante hemos sufrido los efectos de la criminalización del comunismo por parte de los medios de comunicación españoles.
Nosotros no somos unos acomplejados y estamos orgullosos de ser comunistas, cuestión que nos encargamos de dejar claro en nuestras agitaciones y actividades, y que algunos no nos perdonan.
Quiero mostrar solo tres ejemplos de linchamiento mediático debido a nuestras actividades y nuestra ideología. Hay decenas, pero, por motivos de espacio, he decidido seleccionar solo tres.
Las ferias del libro marxista
Todos los años impulsamos la celebración de una feria marxista en la cual hay, como era de esperar, puestos de libros de temática marxista y revolucionaria. Además, realizamos actos y ponencias de diversos temas históricos, ideológicos y políticos. Es un punto de encuentro para los marxistas de todo el Estado.
Hasta aquí nadie podría pensar que se iniciaría una campaña mediática y de presiones para hacer fracasar la feria e impedir que se lleve a cabo.
Todos los años tenemos problemas, pero ninguna vez como en la primera edición. Ricardo E. Rodríguez Sifrés presentaba su libro ¡Stalin Insólito!, que, debido a su título, suponía una auténtica herejía para los medios de comunicación y determinados partidos políticos [16].
Comenzó una campaña de desprestigio y de presiones que hizo que el espacio que teníamos cerrado para desarrollar la actividad se echara atrás. Tuvimos que buscar en apenas ocho horas otro espacio amplio en el que se pudiera realizar.
A pesar de la dificultad, movimos todos nuestros recursos y capacidades y conseguimos otro espacio en el que desarrollar nuestra actividad. Nos pintaron como a unos genocidas, unos proasesinos y unos locos sin ni siquiera haber leído el libro ni escuchar lo que teníamos que decir.
Les daba igual. Solo les importaba seguir cumpliendo con lo que era políticamente correcto: el paradigma anticomunista.
Los campamentos
Todos los veranos, en agosto, las juventudes del Partido, la JML (RC), realizan un campamento en el que se entrena, se fomenta la camaradería, se estudia y se realizan una serie de actividades enfocadas a fomentar el sentimiento de grupo, la disciplina, el sacrificio y el esfuerzo. Todas ellas son características de la militancia comunista.
El primer año subieron un vídeo con actividades que se habían realizado. Como es obvio, había mucha simbología comunista, lo cual no gustó a algunos medios de comunicación.
Su respuesta fue engañarnos en una entrevista que nos hicieron y no cumplir con su palabra. Hicieron ver que el campamento era algo paramilitar, de combate y no sé cuántas mentiras y barbaridades más. Por supuesto, la acusación de adoración mesiánica a los líderes comunistas no podía faltar [17].
Lo que les molesta no es lo que hacemos, es lo que somos. Es imperdonable que nos salgamos de la lógica del paradigma y, por lo tanto, harán cuanto esté en sus manos para criminalizarnos.
Los desfiles
Cada 14 de abril, en contraste con los cortejos festivalescos de las otras organizaciones que acuden al Día de la República como si de una fiesta o botellón se tratase, decidimos hace ya más de diez años realizar un desfile en honor a todos los caídos por la república y por la revolución en España, llevando nuestros símbolos, por supuesto.
Nuestros desfiles han dado la vuelta al mundo. Ver a centenares de jóvenes con banderas rojas y retratos de líderes comunistas volvió loco a más de uno.
Primero movieron a organizaciones republicanas y “revolucionarias” para echarnos por la fuerza. Luego, como no pudieron, comenzaron con la criminalización, centrándose en los retratos de Stalin y Hoxha. Cada año varios periódicos nos sacan en amplios reportajes diciéndonos de todo [18].
Sus intentos no han servido de mucho. Cada año somos más y el proceso no se va a revertir. El paradigma anticomunista y sus defensores no nos perdonan que defendamos a Stalin o a Hoxha, pero nos da igual. Nos mantendremos firmes.
REFERENCIAS
[1] Grover Furr, Stalin esperando… La verdad. Pamplona: Templando el Acero, 2021.
[2] Michel Yves Clouscard, Neofascismo e ideología del deseo. Carrión Paredes Juan – Gráficas Edithor, 2019, pp. 131-138.
[3] Michael Minnicino, «The Frankfurt School and “Political Correctness”», Fidelio, vol. 1, n.º 1, 1992. Disponible en: https://medium.com/@carl.d/la-nueva-edad-oscura-b38390c59155.
[4] Roberto Vaquero, Resistencia y lucha contra el posmodernismo. Madrid: Letrame, 2019, pp. 19-54.
[5] Enver Hoxha, Con Stalin. Pamplona: Templando el Acero, 2016.
[6] Pere Solà Gimferrer, «El significado de la canción ‘Bella Ciao’ se pervierte tras su uso en ‘La casa de papel’», La Vanguardia, 20 de agosto de 2019. Disponible en: https://www.lavanguardia.com/series/netflix/20190820/464192907070/la-casa-de-papel-bella-ciao-significado-polemica.html.
[7] Friedrich Engels, «De la autoridad». Marxists Internet Archive, 1873. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/1873auto.htm.
[8] Grover Furr, «The “Official” Version of the Katyn Massacre Disproven?: Discoveries at a German Mass Murder Site in Ukraine», Socialism and Democracy, vol. 27, n.º 2, julio de 2013, pp. 96-129. Disponible en: https://doi.org/10.1080/08854300.2013.795268. Versión de acceso abierto: http://criticamarxista-leninista.blogspot.com/2014/01/Desmentida-la-version-oficial-de-la-masacre-de-Katyn.html.
[9] David Horowitz, The Professors: The 101 Most Dangerous Academics in America. Washington, DC: Regnery Publishing, Inc., 2006.
[10] Grover Furr, Kruchov mintió. Pamplona: Templando el Acero, 2020.
[11] Pizza Hut International, Pizza Hut Gorbachev TV Spot Commercial, 1998. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=fgm14D1jHUw.
[12] Grover Furr, Stalin esperando… La verdad. Pamplona: Templando el Acero, 2021, p. 38.
[13] Roberto Vaquero, Introducción al comunismo. Madrid: Letrame, 2021, pp. 213-214.
[14] Vladimir Ilyich Lenin, El Estado y la Revolución. Madrid: Alianza Editorial, 2006, p. 39.
[15] Elena Ódena, Escritos políticos. 1: 1986. Madrid: Ediciones Vanguardia Obrera, 1986, pp. 156-160.
[16] Jorge Vilches, «La última batalla del comunismo español: negar los crímenes de Stalin», La Razón, 3 de julio de 2017. Disponible en: https://www.larazon.es/espana/la-ultima-batalla-del-comunismo-espanol-negar-los-crimenes-de-stalin-NB15507479/.
[17] Referencia a la cobertura mediática sobre los campamentos de la JML (RC). En el texto original no aparece desarrollada la referencia bibliográfica completa.
[18] Referencia a reportajes periodísticos sobre los desfiles del 14 de abril. En el texto original no aparece desarrollada la referencia bibliográfica completa.