Publicado originalmente en Historia De Las Ideas nº 2 en febrero de 2025
Resumen
El estudio de la historia de la Internacional Comunista ha estado marcado en la historiografía por un sesgo ideológico que impide conocer la verdad sobre su desarrollo. Este artículo se ha centrado en analizar tres cuestiones fundamentales: el peso que adquirió el hecho nacional, desde la perspectiva de los cambios de posición con respecto a él; las rectificaciones y pugnas sobre la concepción del internacionalismo y el patriotismo; y el carácter intervencionista y dominador de la propia organización internacional. Este trabajo pretende, a través del hilo conductor entre congresos y plenos del CEIC, hacer una reflexión sobre elauténtico papel de la Internacional Comunista en la revolución mundial, que, al fin y al cabo, fue más nacional de lo que se pueda llegar a pensar
INTRODUCCIÓN
Cualquier estudio sobre comunismo se ha de realizar de forma cautelosa, ya que, desgraciadamente, existe un paradigma anticomunista en base al cual se da veracidad a todo lo que vaya a favor del discurso oficial de criminalización de cualquier cuestión que tenga que ver con el socialismo o el comunismo revolucionario. Al mismo tiempo, se pone en duda y se acusa de revisionistas, en el peor sentido del término, a los historiadores que deciden actuar e investigar sin partir de premisas fijadas aceptables para el relato político e ideológico imperante.
La búsqueda del conocimiento y el esclarecimiento de los hechos, por muy polémicos que puedan ser, es una tarea que debemos llevar a cabo los historiadores.
Sobre la historia de la Unión Soviética y de la Internacional Comunista, estas imposiciones impiden, o por lo menos dificultan, que se puedan analizar los errores, rectificaciones y desarrollos de dichos procesos y experiencias históricas. Es difícil determinar los errores políticos en un proceso cuando para muchos investigadores todo fue un tremendo crimen y no se hizo nada bien.
El principal problema para analizar este tipo de cuestiones, además de la fiabilidad de las fuentes e incluso la falsificación de algunas, es la polarización que existe sobre todo lo relacionado con el comunismo. Es difícil encontrar a historiadores que no se dejen llevar por sus más bajos instintos pasionales.
En este artículo se desplegará brevemente la historia de la Internacional Comunista, centrando el análisis en cuestiones vitales como el hecho nacional desde la perspectiva de los cambios de posición con respecto a él; las rectificaciones y pugnas sobre la concepción del internacionalismo y el patriotismo; y el carácter intervencionista y dominador de la propia organización internacional, con especial atención al papel de los denominados delegados internacionales.
Estas tres cuestiones, junto a otras de menor importancia que también serán analizadas, conducirán a la disolución de la Komintern. Este trabajo pretende, a través del hilo conductor entre congresos y plenos del CEIC, hacer una reflexión sobre el auténtico papel de la Internacional Comunista en la revolución mundial, que al fin y al cabo fue más nacional de lo que se pueda pensar.
Tras el fracaso de la revolución permanente trotskista —y de la visión internacionalista de Lenin— y el éxito y perduración de la política del socialismo en un solo país de Stalin, también se deben incluir en este análisis los éxitos y fracasos de todas las experiencias revolucionarias posteriores a la Revolución de Octubre.
Solo cabe hacernos una pregunta retórica: ¿qué revolución no tiene un carácter nacional?
En este escrito se demostrará la importancia del hecho nacional y cómo este condicionó a Stalin a realizar grandes cambios que fueron mucho más allá de la retórica, obligando a los soviéticos a adaptarse a unas condiciones materiales que acabaron imponiéndose al romanticismo revolucionario de la fase emergente de la Revolución soviética.
HISTORIA DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA (IC)
La Internacional Comunista se fundó auspiciada por el propio Lenin y por los bolcheviques, dentro del marco de necesidades que ellos establecieron de acuerdo con las problemáticas internacionales de la lucha de clases y de la revolución mundial.
Los bolcheviques no veían esta revolución global como un mero lema, sino que pensaban con firmeza que era algo necesario e históricamente inevitable. Se consideraban continuadores de la Liga Comunista y de la Primera y la Segunda Internacional.
La misión principal en su fundación era la unidad y cohesión de los partidos comunistas contra la burguesía. Partía de la base de que el capital era un ente internacional y que, por lo tanto, los trabajadores debían organizarse de igual forma.
Lenin esbozó las bases ideológicas para la conformación de la nueva Internacional. Lo hizo teniendo en cuenta el éxito del experimento ruso y en base al estudio del imperialismo como nueva fase del capitalismo y la necesidad de adaptarse al mismo.
Es obvio que la fuerza que tomaron los bolcheviques tras la Revolución de Octubre posibilitó que pudieran dirigir todo este proceso. El líder bolchevique estableció las bases de la estructura y el funcionamiento orgánico de la Internacional. Destacaban entre ellas el internacionalismo, la ayuda entre revolucionarios, la unidad de las masas obreras, el centralismo democrático y la propia disciplina de partido.
En cuanto al internacionalismo y la revolución internacional, es necesario señalar que hasta en los propios textos soviéticos se reconoció un cambio de acuerdo con las condiciones materiales, apostando por el socialismo en un solo país con Stalin y la aceptación del hecho nacional [1].
En el transcurso de los años acabarían abrazando el patriotismo revolucionario y renunciando a toda visión nihilista antinacional, constituyendo un comunismo patriótico que poco tenía que ver con el internacionalismo cosmopolita apoyado por Lenin en el pasado, que tuvo su momento de auge en la lucha y la victoria contra Hitler en la Segunda Guerra Mundial [2].
Ya antes de este hecho, tras la triste experiencia de Brest-Litovsk y el hundimiento de los planteamientos de revolución mundial, pasaron de ni siquiera hacer referencia a Rusia en sus documentos a establecer el cuerpo fronterizo más impermeable del mundo y a reivindicar la patria como algo propio.
Buen ejemplo de todo este proceso de cambio es esta publicación del CC del PCUS, firmada por Chernov en 1950:
“El nihilismo nacional es una manifestación de la ideología antipatriota de los burgueses cosmopolitas, faltando al respeto al orgullo nacional y la dignidad nacional de la gente. El camarada Stalin dijo: ‘El nihilismo nacional solo provoca daño al socialismo, actuando como una herramienta de los burgueses nacionalistas’. El camarada Stalin habló enérgicamente en contra de aquellos que sugerían que ‘la lucha contra el nacionalismo debe, al mismo tiempo, acabar con todo lo que sea nacional’. El nihilismo nacional, en nuestras condiciones, es una forma de lucha elegida por los cosmopolitas desarraigados contra el patriotismo soviético, contra la cultura soviética —la forma es nacional, el contenido es socialista—; es una muestra de su asquerosa adoración a la cultura burguesa. De esta manera, el nihilismo nacional y su actitud ante el pueblo granruso y el resto de pueblos de nuestra nación han estado ligados una y otra vez por los cosmopolitas desarraigados con la burguesía nacionalista, que hoy en día está inseparablemente atada con esta ideología cosmopolita de la burguesía imperialista” [3].
Como consecuencia de la Gran Guerra se formaron tres grupos dentro del movimiento socialista: el socialchovinista, el centrista y el internacionalista.
El primero de estos grupos apostó por defender su patria en el conflicto internacional, votando a favor de los créditos de guerra y participando de esta forma en la contienda. El segundo se oponía a la guerra, pero buscaba la unidad con la anterior corriente. El tercero llevó a la práctica una lucha contra la propia burguesía del país y contra el conflicto armado internacional [4].
En el contexto de separación del movimiento obrero se convocó una conferencia política en Zimmerwald, Suiza, del 5 al 8 de septiembre de 1915. Dentro de la misma se constituyó un grupo de izquierdas, la izquierda de Zimmerwald, de la cual formaban parte los bolcheviques. Eran una minoría dentro de todo el grupo de la conferencia, pero posibilitó a Lenin influenciar a otros grupos obreros diferentes al ruso.
Su apuesta era conducir a las fuerzas revolucionarias contra los gobiernos capitalistas, acabando así con la guerra y apostando por establecer el socialismo [5].
Las posiciones derechistas fueron mayoritarias e impusieron un socialpacifismo que no agradó al grupo de izquierdas, que consideraba esta posición como una traición. Lenin apostó desde entonces por crear una nueva internacional.
Al principio se encontró con resistencias hasta dentro de su propio partido, llegando a perder sobre esta cuestión en la Conferencia de Abril del POSDR, y fue obligado a mantenerse dentro de Zimmerwald y participar en la tercera conferencia [6].
La conferencia impulsada por los socialistas italianos nació como un intento de organización obrera contra la guerra, cuya reivindicación principal era lograr un armisticio sin anexiones o indemnizaciones de guerra [7].
Tras el éxito conquistado por los bolcheviques, tuvo lugar en enero de 1918 una reunión en Petrogrado para la fundación de la nueva Internacional, asistiendo delegados de múltiples países. El objetivo de la reunión era unir fuerzas en base a dos cuestiones primordiales para los bolcheviques: la lucha revolucionaria en los propios países para lograr la paz y el apoyo al régimen soviético ruso [8].
En enero del año 1919, Lenin realizó en Moscú una nueva reunión en la que se aprobó realizar un llamamiento para hacer un congreso fundacional de la nueva Internacional. En dicha reunión participaron 39 organizaciones y grupos obreros, destacando la influencia sobre estos del nuevo poder soviético.
A esta conferencia no acudió ningún líder destacado de los partidos obreros europeos, a excepción del alemán Albert Eberlin, dirigente de los espartaquistas [9].
La Komintern tuvo un carácter eminentemente ruso, cuestión agravada por la situación de guerra. El participante alemán se opuso a la formación de la Internacional Comunista. Fue el único en hacerlo, pues existía miedo a una escisión permanente en el movimiento obrero [10].
La conferencia comunista internacional se desarrolló a partir del 2 de marzo en el Kremlin. Hubo 52 delegados representando a 35 organizaciones de 21 países. Solo 19 delegados tenían voz y voto; el resto solo podían hablar.
Solo el PC(b) era un partido fuerte y numeroso; el resto, en comparación, eran grupos muy reducidos. En esta conferencia se aprobaron las líneas programáticas básicas del movimiento comunista, dejando clara la posición sobre la democracia burguesa y la firme apuesta por la dictadura del proletariado.
El 4 de marzo se planteó la cuestión de formar la III Internacional, siendo apoyada por todos excepto por el representante del Partido Comunista de Alemania, que se abstuvo. Ese mismo día se declaró disuelta la Unión Zimmerwaldiana.
La conferencia se transformó así en el I Congreso fundacional, acordando crear un Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista —CEIC—, que se convirtió en el órgano dirigente entre congresos de la Internacional. A su vez, aprobaron crear un buró de cinco personas y, posteriormente, eligieron a Zinoviev como presidente [11].
El CEIC promovió la creación de La Internacional Comunista, el órgano político y teórico de la IC, que se publicó en ruso, inglés, francés, chino y español. Fue concebida como un arma útil para desarrollar la lucha ideológica y reforzar a los partidos comunistas miembros de la Internacional.
Ese mismo año, el CEIC promovió una huelga general en Europa en apoyo a la Revolución rusa, asediada por varios países capitalistas. Si la huelga no tuvo más éxito fue por la actuación de los reformistas, que seguían enfrentados a los bolcheviques [12].
Los CEIC tuvieron una gran relevancia a la hora de tomar decisiones. Algunos de ellos fueron equiparables en importancia a los propios congresos [13].
El Segundo Congreso de la IC se inauguró en Petrogrado el 19 de julio de 1920. Sin embargo, se trasladó a Moscú el 23 de julio y finalizó en dicha ciudad el 7 de agosto.
Participaron 217 delegados representando a 67 organizaciones de 37 países diferentes. Además de los partidos comunistas, acudieron fuerzas sindicales y delegados sin derecho a voto del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania y del Partido Socialista Francés.
Todo el Congreso se desarrolló dentro de un marco de exaltación por el rechazo a la ofensiva polaca en suelo soviético [14]. El Congreso se centró también en la bolchevización de los pueblos de Oriente [15].
El asunto principal que se trató en el Congreso fue la cuestión de crear partidos comunistas en cada país y fortalecer a los que ya existían. Las fuerzas comunistas se encontraban fraccionadas y debilitadas, y se necesitaba forzar la unificación en una sola organización.
También se hizo hincapié en el modelo organizativo, en la implementación del centralismo democrático [16].
Durante el desarrollo del Congreso se aprobaron las 21 condiciones de entrada en la IC. En ellas se desarrollaban los principios ideológicos y organizativos, detallando lo que hacía de un partido comunista un partido de nuevo tipo [17].
Estas condiciones supusieron, a través de las condiciones número 15 y 16, un férreo control por parte del organismo central sobre los partidos regionales. En especial por los siguientes dos fragmentos:
“Es obligatorio que los programas de los partidos afiliados a la Internacional Comunista sean confirmados por el Congreso Mundial y por el Comité Ejecutivo” [18].
Es decir, que ningún partido podía tener un programa político que se adaptara plenamente a las condiciones materiales de la lucha del momento. Siempre deberían consultar lo que quisieran hacer, dilatándose en el tiempo, perdiendo oportunidades tácticas y teniendo que obedecer órdenes que iban en contra de sus propios intereses, ya que desde la URSS muchas veces tenían un desconocimiento importante de la realidad del país.
Una cosa es tener una línea común y otra mantener una táctica errónea por imposiciones mecánicas.
Esto se pudo ver claro con el ejemplo de España, donde, mal aconsejados por delegados incompetentes, el PCE actuó de forma izquierdista, llegando a pasar de cinco mil militantes a menos de ochocientos tras la proclamación de la República, de los cuales solo la mitad pagaría las cuotas [19].
Defendieron ante la proclamación de la República posiciones izquierdistas que les llevaron a la marginalidad. Cuando Bullejos apoyó al régimen republicano ante la sanjurjada, lo terminaron expulsando de una forma bastante poco transparente, para terminar forzando a José Díaz, tras el VII Congreso de la Internacional, a abandonar el lema “clase contra clase” y a apoyar a la República, lo mismo por lo que habían expulsado a Bullejos y a su grupo.
“Todas las decisiones de los Congresos de la Internacional Comunista, así como las del Comité Ejecutivo, son obligatorias para todos los partidos afiliados a la Internacional Comunista” [20].
Por si con lo anterior, con el control de los programas, incluyendo por supuesto los objetivos tácticos y el modo de proceder para conseguirlos, no era suficiente, decidieron añadir otra condición en la que las directrices y órdenes de obligado cumplimiento fueran adoptadas sin rechistar.
Este control se intensificó cuando los tutores o delegados internacionales acudían con grandes poderes a los respectivos partidos de los países que formaban parte de la organización internacional.
Siempre existió un fuerte déficit democrático en el funcionamiento orgánico y político de la Internacional, ya que sus posiciones estaban muy ligadas a los intereses e incluso a la propia experiencia del Gobierno soviético [21].
Este tipo de anomalías no se llegaron a solventar, ya que hasta la propia disolución de la Komintern se hizo sin que se realizara un congreso en el que todos pudieran participar [22].
Aunque esto era fruto de la correlación de fuerzas y del liderazgo de la URSS dentro del movimiento comunista, no exime de que, llegado cierto grado de desarrollo de la organización internacional, ellos mismos intentaran ponerle remedio, cuestión que ni por asomo emprendieron en ningún momento.
La Komintern se convirtió en un partido internacional, conformado por secciones de cada uno de los países miembros. El CEIC dirigía entre congresos, que en teoría debían hacerse cada año, aunque acabaron haciéndose con más distancia temporal.
Poco después de la clausura de este Segundo Congreso se reunió en Bakú el I Congreso de los Pueblos del Oriente, con la asistencia de casi dos mil delegados [23].
La Komintern tenía a su vez una serie de organismos auxiliares que le servían de soporte y extensión en determinados ámbitos. Las más destacadas fueron la Profintern o Internacional Roja de Sindicatos, el Socorro Rojo Internacional, el Socorro Obrero Internacional, la Krestintern o Internacional Campesina, la Sportintern o Internacional Roja del Deporte, el Movimiento Cooperativo Internacional, el Secretariado Internacional Femenino y la Juventud Comunista Internacional [24].
A estas habría que añadir la Internacional de Librepensadores y Sin Dios, la Sociedad Internacional para Relaciones Culturales con el Extranjero, la Internacional de Mineros, la Internacional de Marinos Mercantes y Dockers, el Comité Internacional de Lucha contra la Guerra y el Fascio, la Internacional de Escritores y Artistas Revolucionarios y la Internacional de Trabajadores de la Enseñanza [25].
El III Congreso de la Internacional Comunista se inició el 22 de junio de 1921. Participaron 605 delegados de 103 organizaciones. Los debates estuvieron centrados en analizar las problemáticas de la situación internacional y la estrategia que debían llevar a cabo los comunistas.
También se trataron los problemas sindicales, juveniles y la cuestión femenina. La conquista de las masas, de la mayoría de la clase obrera, fue objeto de crítica, sobre todo en confrontación con las posiciones más izquierdistas [26].
Además, se centraron en el análisis de la crisis económica mundial y en la política económica de la Rusia soviética [27].
El Congreso rechazó la llamada teoría de la ofensiva, señalando el aventurerismo como un problema peligroso que podía llevar a la paralización de la actividad revolucionaria.
El izquierdismo se podía apreciar en las actuaciones contra la participación en procesos electorales y contra el trabajo en los sindicatos de ciertos grupos comunistas, que veían estas actividades como algo reformista [28].
Durante el III Congreso de la IC se apostó por la construcción de un frente proletario único. Para conseguir este objetivo debía atraerse al campesinado, a la pequeña burguesía y a los intelectuales, coordinándolos a todos en la lucha frente a la ofensiva del capital.
También se definió la apuesta de la Nueva Política Económica —NEP—, que pretendía desarrollar económicamente el país y así continuar construyendo para alcanzar el socialismo, consiguiendo la base económica para su implantación. Pretendieron lograrlo mediante el desarrollo de la industria, compatibilizándolo con una reorganización de la agricultura. La NEP tenía un carácter transitorio [29].
Establecieron unos nuevos principios de organización, alejados de la estructura de los partidos socialdemócratas. Se reestructuraron los partidos comunistas por territorio y lugar de trabajo, creando células en las fábricas y organizando a los militantes en los frentes de masas. El centralismo democrático se implantó como sistema organizativo.
En septiembre de 1921 el buró del CEIC modificó su nombre a Presídium. La apuesta del frente obrero único fue analizada por el I Pleno del CEIC, celebrado a principios de 1922 [30].
Poco después, del 2 al 5 de abril, se realizó en la ciudad de Berlín una conferencia con miembros dirigentes de la Internacional Comunista, la Segunda y la Segunda y Media, con el objetivo de realizar un congreso mundial con todas las organizaciones obreras. Las disputas, contradicciones y objetivos excluyentes llevaron a que estos esfuerzos no fructificaran [31].
El IV Congreso de la IC se llevó a cabo a partir del 5 de noviembre. A él acudieron 408 delegados de 58 partidos comunistas. Zinoviev defendió tesis que posteriormente serían señaladas como izquierdistas.
Defendió que el capitalismo se encontraba en un momento de debilidad y que el fascismo se afianzaría en el centro de Europa, lo cual abriría grandes oportunidades revolucionarias. Sus tesis fueron rechazadas por el conjunto de los delegados.
Durante el transcurso del Congreso se hizo hincapié en la importancia de los comunistas a la hora de enfrentarse a los grupos de choque fascistas, apostando por el frente único y por métodos ilegales.
La IC apostó por los gobiernos obreros, en contra de la coalición con los burgueses que mantuvieron los reformistas. El objetivo del frente único era acabar con el dominio burgués [32].
La IC pretendía conquistar al reformismo a las masas, las cuales debían actuar bajo el mando comunista o ser señaladas como saboteadoras de la unidad por estos [33].
No se dio la importancia debida al fascismo. La Marcha sobre Roma se había producido solo unas semanas antes del Congreso y decidieron que se trataría con más profundidad en la reunión del CEIC de junio de 1923 [34].
Otra cuestión importante en la que se centraron en el Congreso fue la cuestión del movimiento de liberación nacional de los países coloniales, la lucha antiimperialista y la alianza de los obreros a nivel internacional, llamando a la creación de un frente único antiimperialista [35].
El Cuarto Congreso supuso la reafirmación del gran crecimiento que había obtenido la IC por todo el mundo, estableciéndose en todos los continentes y prácticamente en todos los países [36].
El III Pleno ampliado del CEIC, que tuvo lugar del 12 al 23 de junio de 1923 en Moscú, contó con la participación de 26 partidos comunistas. En él destacó el análisis del avance del fascismo, con el informe sobre la cuestión de Clara Zetkin.
El frente único siguió siendo la apuesta y el Partido Comunista de Bulgaria fue fuertemente criticado por sus posiciones ante el golpe de Estado que se había sufrido el 9 de junio en su país [37].
El V Congreso de la IC se celebró a partir del 17 de junio de 1924 en Moscú. Fue el primer congreso en el que no participó de ninguna manera Lenin. En su desarrollo participaron un total de 504 delegados que representaban a 49 partidos comunistas y organizaciones obreras.
La consolidación de los partidos comunistas y poner freno a la ofensiva del capital fueron dos de los aspectos principales tratados durante el transcurso del Congreso [38].
Es necesario tener en cuenta que, en el transcurso de tiempo entre el IV y el V Congreso, se había producido el fracaso alemán del movimiento obrero en 1923 [39].
El Congreso señaló los rasgos que debía tener un partido comunista: carácter de masas, táctica flexible alejada del dogmatismo, carácter revolucionario, centralización y disciplina. Se marcó la necesidad de una bolchevización de los partidos que formaban parte de la Internacional, incluyendo la necesidad de acabar con las fracciones dentro de los propios partidos [40].
Esta bolchevización implicaba un proceso de aumento de la exigencia para poder optar a ser militante del partido comunista [41].
En el transcurso del Congreso no se trató la cuestión agraria ni la cuestión nacional, ya que no convenía a la dirección teniendo en cuenta que no encajaban con el viraje hacia la izquierda que estaban dando [42].
En este Congreso se estableció un triunvirato entre Zinoviev, Bujarin y Stalin. Se decidió que los congresos continuarían haciéndose cada dos años y que el presidente del CEIC y el Presídium se convertirían en el presidente de la IC, una distinción que no existía con anterioridad [43].
Históricamente, existe una tendencia general a intentar separar el periodo de Lenin y Stalin, como si se hubiese producido un cambio radical y cualitativo en el funcionamiento de la Komintern, en especial en lo relativo al autoritarismo y la democracia interna.
A la luz de los nuevos documentos que están apareciendo, estas posiciones están quedando en entredicho. La IC siempre fue intervencionista en los asuntos de las secciones nacionales, tanto con Lenin como con Stalin, y siempre utilizaron la IC como un instrumento al servicio de los intereses revolucionarios rusos.
Stalin continuó lo que Lenin ya había empezado, con gran inteligencia y astucia, siendo capaz de adaptarse a las difíciles circunstancias que tuvieron que enfrentar.
Algunos plenos ampliados del CEIC tuvieron una gran importancia. Fue en el V cuando las disputas con los trotskistas empezaron a ir a mayores, reflejando un problema que había surgido con mayor virulencia dentro de la URSS.
En este pleno se apoyó la línea de bolchevización, la estabilización y la táctica del frente único [44]. Esta última cuestión volvió a ser importante en el VI Pleno ampliado, en el que se llamó a que los partidos comunistas colaboraran con los socialdemócratas.
Una de sus funciones fue preparar el VI Congreso de la IC. También se fijó como enemigo más peligroso a las posiciones de extrema izquierda más que a las de derecha. El papel de oposición en aquel pleno fue asumido por Bordiga [45].
En el VII Pleno ampliado se hizo hincapié de nuevo en la lucha contra el trotskismo y se apartó a Zinoviev de sus funciones directivas en la Komintern.
El VIII Pleno ampliado se centró en la oposición a la guerra y en la cuestión revolucionaria en China.
En el IX Pleno se refrendó la línea impuesta poco antes del “clase contra clase”, dificultando la realización de un frente único efectivo y cometiendo un grave error [46].
La política de “clase contra clase” enfocó el frente único como un frente único por la base, del que excluían a los dirigentes socialdemócratas y no comunistas en general por ser traidores a la clase obrera y estar al servicio de los burgueses. De hecho, pasaron a ser denominados socialfascistas [47].
Esta táctica fue especialmente catastrófica en España. Los comunistas no pudieron progresar hasta que rectificaron desde la propia Internacional a partir del VII Congreso. No consiguieron la hegemonía dentro del movimiento obrero ni acercarse a los militantes socialistas y de otras tendencias que se sentían identificados con sus organizaciones y sus líderes, y que no entendían el sectarismo de los comunistas, más si cabe ante el avance de la reacción por Europa.
El VI Congreso de la IC se realizó del 17 de julio al 1 de septiembre de 1928. A él acudieron 532 delegados de 66 partidos comunistas y organizaciones revolucionarias.
Durante su desarrollo se señaló que la tendencia general de los reaccionarios era impulsar una guerra contra la URSS, por lo que la tarea principal del movimiento revolucionario era defender la experiencia rusa.
La lucha no debería enfocarse solo contra las fuerzas burguesas, sino que había que añadir la confrontación contra la socialdemocracia. Llegaron incluso a relacionarlos con los fascistas.
En este Congreso fue cuando se debatió y salió adelante el programa de la Komintern. Hicieron gran hincapié en la cuestión de las guerras imperialistas y en las medidas para luchar contra ellas [48].
Entre el V y el VI Congreso se produjeron muchos cambios, algunos de ellos afectaron a la sección juvenil, que ya tenía programa propio y que pasó a considerarse anticuado, viéndose obligada a plegarse al programa de la Internacional Comunista [49].
Con “obligada” me refiero a literalmente obligada, como ya se ha dicho. El programa de cada sección debía ser aprobado por la Internacional; la juventud, obviamente, no iba a ser una excepción.
El X Pleno ampliado del CEIC centró su actividad en la lucha y condena del oportunismo de derecha, por exagerar las bondades del capitalismo en la situación del momento, por el relajo de la disciplina y por pensar que el peligro de guerra era bajo. Bujarin fue apartado de la dirección de la IC.
El XI Pleno se centró en el análisis y auge del fascismo en Europa, señalando que la socialdemocracia era “un proceso continuo de evolución hacia el fascismo”.
El XII Pleno del CEIC continuó con la cuestión del fascismo y la guerra imperialista. En el transcurso del mismo sobredimensionaron la capacidad del movimiento revolucionario, que en realidad estaba siendo superado por el fascismo [50].
El VII Congreso de la IC se llevó a cabo el 25 de junio de 1935 en Moscú, en la Casa de los Sindicatos. Tomaron parte 513 delegados, que representaban a 65 partidos comunistas y organizaciones obreras.
Se produjo un cambio de rumbo con respecto al fascismo, tanto en la definición y caracterización del mismo como en las medidas y apuestas a impulsar. Se adoptó la política de frente popular, que consistía en ampliar las alianzas a grupos que no eran partidarios de la dictadura del proletariado, pero que sí estaban interesados en defender las libertades democráticas frente al fascismo.
El Congreso también analizó la necesidad de la lucha por la paz, teniendo en cuenta que el peligro de una nueva conflagración mundial era inminente. Tenían miedo de un posible ataque contra la URSS. Para ellos, la paz cobró especial importancia debido a que se jugaban su supervivencia, y no solo eso: para ellos la paz era una garantía de futuros logros del socialismo [51].
Esta rectificación, esta táctica del frente popular, logró que en Francia y en España la izquierda ganara las elecciones. En el caso español, el crecimiento numérico y el aumento de las capacidades del partido son más que reseñables.
Con el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, los aliados presionaron a Stalin para que disolviera la Internacional. Pero este no puede ser el único motivo para su disolución: le exigían muchas cuestiones y solo cedió en las que le convenían políticamente.
Sin duda, hubo otro motivo de más peso: los partidos comunistas habían crecido y sus direcciones iban a impedir que el control ejercido con anterioridad permaneciese, por lo menos, con la intensidad precedente.
Stalin comprendió que se habían cometido muchos errores y que la lucha revolucionaria, el carácter de la misma, era eminentemente nacional. La colección de fracasos precedente daba buena muestra de ello, por lo que desde la URSS decidieron enfocar las relaciones con los partidos de otra forma. El centro de mando unificado era inviable.
La Internacional se estrelló contra el hecho nacional [52] y fue disuelta sin realizar un congreso, mostrando a las claras la poca democracia interna que había existido durante toda su existencia [53].
A MODO DE CONCLUSIÓN
La Internacional Comunista estuvo marcada desde el principio por la posición de los bolcheviques contra la guerra, la confrontación contra los reformistas y la visión del internacionalismo proletario y la cuestión nacional. Por supuesto, también estuvo subordinada a la experiencia victoriosa rusa, es decir, al nuevo Gobierno soviético.
Uno de los más grandes problemas de la Komintern, además de la falta de democracia interna, fue la extrapolación mecánica de tácticas y posicionamientos políticos que habían tenido éxito en Rusia a otros países sin tener en cuenta las condiciones materiales de cada país.
Además, en muchas ocasiones, la información tardaba en llegar a Rusia, y una vez tomada la decisión, tardaba en volver al país de origen. Esto conllevaba que se actuara muchas veces a destiempo, de una forma errónea, creando un perjuicio importante al partido comunista que esperaba los dictámenes de la Internacional.
La tardanza de la información daba un gran poder a la figura del delegado o tutor, que tanto daño hizo en España al PCE, y que era quien en realidad mandaba en el partido.
REFERENCIAS
[1] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, pp. 3-4. Consultado en https://bolchetvo.blogspot.com/.
[2] S. Titarenko, Patriotism and Internationalism. Londres: Soviet News, 1950.
[3] Fiódor Vasilievich Chernov, «El cosmopolitismo burgués y su papel reaccionario», El Bolchevique: Revista teórica y política del Comité Central del PC(B), n.º 5, 15 de marzo de 1949, pp. 20-41.
[4] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, p. 7.
[5] Annie Kriegel, Las internacionales obreras (1864-1943). Barcelona: Orbis, 1986, pp. 77-78.
[6] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, p. 12.
[7] Jaime Vicens Vives, Historia general moderna: del Renacimiento a la crisis del siglo XX. Tomo II. Barcelona: Montaner y Simón, 1952, p. 475.
[8] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, pp. 19-20.
[9] Annie Kriegel, Las internacionales obreras (1864-1943). Barcelona: Orbis, 1986, pp. 85-86.
[10] Daniela Spenser, «La historia de la Internacional Comunista a la luz de los nuevos enfoques y documentos», Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, vol. 44, n.º 181, 2001, p. 150. Disponible en: https://doi.org/10.22201/fcpys.2448492xe.2001.181.48523.
[11] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, pp. 22-24.
[12] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, p. 26.
[13] Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo Albea, Queridos camaradas: La Internacional Comunista y España, 1919-1939. Barcelona: Planeta, 1999, pp. 100-104.
[14] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, pp. 32-33.
[15] Eduardo Comín Colomer, Historia del Partido Comunista de España: abril 1920 – febrero 1936, del nacimiento a la mayoría de edad. Primera etapa. Madrid: Editora Nacional, 1967, p. 30.
[16] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, pp. 32-33.
[17] Annie Kriegel, Las internacionales obreras (1864-1943). Barcelona: Orbis, 1986, pp. 88-89.
[18] «Condiciones de admisión de los partidos en la Internacional Comunista», Revolución Rusa. Disponible en: https://www.revolucionrusa.net/index.php/indice-tematico/la-tercera-internacional/70-condiciones-de-admision-de-los-partidos-en-la-internacional-comunista.
[19] Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo Albea, Queridos camaradas: La Internacional Comunista y España, 1919-1939. Barcelona: Planeta, 1999, p. 64.
[20] «Condiciones de admisión de los partidos en la Internacional Comunista», Revolución Rusa. Disponible en: https://www.revolucionrusa.net/index.php/indice-tematico/la-tercera-internacional/70-condiciones-de-admision-de-los-partidos-en-la-internacional-comunista.
[21] Jaime Vicens Vives, Historia general moderna: del Renacimiento a la crisis del siglo XX. Tomo II. Barcelona: Montaner y Simón, 1952, pp. 497-498.
[22] Fernando Claudín, La crisis del movimiento comunista. Vol. 1: De la Komintern al Kominform. Colombes: Ruedo Ibérico, 1978, p. 23. Disponible en: https://www.marxistarkiv.se/espanol/komintern/claudin-crisis_del_movimiento_vol1.pdf.
[23] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, pp. 33-39.
[24] Edward H. Carr, El socialismo en un solo país, 1924-1926. Vol. 3, segunda parte. Madrid: Alianza, 1976, pp. 936-996.
[25] Eduardo Comín Colomer, Historia del Partido Comunista de España: abril 1920 – febrero 1936, del nacimiento a la mayoría de edad. Primera etapa. Madrid: Editora Nacional, 1967, pp. 61-189.
[26] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, pp. 49-52.
[27] Eduardo Comín Colomer, Historia del Partido Comunista de España: abril 1920 – febrero 1936, del nacimiento a la mayoría de edad. Primera etapa. Madrid: Editora Nacional, 1967, p. 30.
[28] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, p. 53.
[29] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, pp. 54-55.
[30] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, pp. 56-68.
[31] Annie Kriegel, Las internacionales obreras (1864-1943). Barcelona: Orbis, 1986, pp. 93-94.
[32] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, pp. 69-71.
[33] Annie Kriegel, Las internacionales obreras (1864-1943). Barcelona: Orbis, 1986, p. 95.
[34] Edward H. Carr, El socialismo en un solo país, 1924-1926. Vol. 3, segunda parte. Madrid: Alianza, 1976, pp. 94-95.
[35] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, pp. 73-75.
[36] George Novack, Dave Frankel y Fred Feldman, Las tres primeras Internacionales: su historia y sus lecciones. Bogotá: Pluma, 1977, p. 110.
[37] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, pp. 78-80.
[38] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, pp. 90-91.
[39] Edward H. Carr, El socialismo en un solo país, 1924-1926. Vol. 3, segunda parte. Madrid: Alianza, 1976, p. 83.
[40] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, p. 93.
[41] Annie Kriegel, Las internacionales obreras (1864-1943). Barcelona: Orbis, 1986, pp. 99-100.
[42] Edward H. Carr, El socialismo en un solo país, 1924-1926. Vol. 3, segunda parte. Madrid: Alianza, 1976, p. 90.
[43] Edward H. Carr, El socialismo en un solo país, 1924-1926. Vol. 3, segunda parte. Madrid: Alianza, 1976, pp. 897-898.
[44] Edward H. Carr, El socialismo en un solo país, 1924-1926. Vol. 3, segunda parte. Madrid: Alianza, 1976, pp. 293-302.
[45] Edward H. Carr, El socialismo en un solo país, 1924-1926. Vol. 3, segunda parte. Madrid: Alianza, 1976, pp. 498-508.
[46] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, pp. 99-117.
[47] Annie Kriegel, Las internacionales obreras (1864-1943). Barcelona: Orbis, 1986, pp. 108-109.
[48] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, pp. 117-122.
[49] Edward H. Carr, El socialismo en un solo país, 1924-1926. Vol. 3, segunda parte. Madrid: Alianza, 1976, pp. 1007-1008.
[50] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, pp. 125-141.
[51] Walter Ulbricht et al., La Internacional Comunista. Moscú: Progreso, s/f, pp. 160-170.
[52] Fernando Claudín, La crisis del movimiento comunista. Vol. 1: De la Komintern al Kominform. Colombes: Ruedo Ibérico, 1978, p. 39.
[53] Daniela Spenser, «La historia de la Internacional Comunista a la luz de los nuevos enfoques y documentos», Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, vol. 44, n.º 181, 2001, p. 156.