Publicado originalmente en Historia De Las Ideas nº 5 en enero de 2026
RESUMEN
Este trabajo tiene como objetivo principal abordar la cuestión nacional en el pensamiento de Karl Marx y Friedrich Engels a través del estudio de varios de sus escritos, incluyendo la correspondencia entre ellos, que refleja la evolución de sus posturas con el avance de los acontecimientos en la Europa del siglo XIX.
Marx y Engels vivieron una época de auge de los movimientos nacionales y prestaron especial atención a casos como el de Polonia o Irlanda, sentando las bases de un análisis materialista del problema nacional. Un análisis que, sobre todo, gira en torno a la necesaria supeditación de los movimientos nacionales a la lucha revolucionaria; la diferenciación entre pueblos revolucionarios y pueblos sin historia; el problema de la autodeterminación de las naciones; así como el debate entre el federalismo y el centralismo como modelos políticos de organización estatal.
Otro tema central es la conceptualización de la propia nación y sus diferencias respecto a las nacionalidades, atendiendo a factores como el territorio, la lengua y el desarrollo histórico.
Los postulados de estos dos autores, aunque cambiantes, nunca pecaron de incoherentes, sino que se ajustaban a una visión estratégica de la lucha de clases. Tampoco pueden reducirse a citas aisladas, cayendo en el dogmatismo y el doctrinarismo que hoy impregnan gran parte de los estudios sobre la ideología marxista.
Este estudio constituye la primera parte de un trabajo más amplio que pretende reconstruir y clarificar la visión que originalmente defendieron algunas de las figuras más importantes del marxismo, desde sus inicios como movimiento hasta finales del siglo XX.
Palabras clave: Engels; Estado; Marx; marxismo; nación.
INTRODUCCIÓN
Desde hace bastantes años vivimos en una situación de polarización social y política permanente. Esto ha conllevado que, por necesidades estratégicas, los partidos políticos y grupos empresariales que nos gobiernan, y que también dominan el mundo académico, cultural y mediático, hayan desarrollado una serie de políticas que han llevado a una alienación e idiotización general de la población y a una utilización de términos políticos que ha traído una indeterminación o emborronamiento de cuestiones y conceptos que antes estaban claros.
Es necesario realizar un proceso de clarificación política e ideológica sobre conceptos que son vitales a la hora de poder hacer un análisis útil de nuestra realidad. Todo lo que pueda tener que ver con el fascismo y el comunismo es posiblemente lo más afectado. En la cuestión nacional desde una perspectiva marxista, esto se ha dado con especial fuerza, por lo que es necesario realizar dicho trabajo de clarificación, no solo en honor a la verdad y a la búsqueda de la misma y del progreso del conocimiento, sino además por honestidad intelectual y deber para con la ciencia social y la propia población de España.
Por ello, se irán publicando toda una serie de textos en los que se llevará a cabo un trabajo de investigación exhaustivo autor por autor marxista [1], para, de forma posterior, realizar una comparativa y un estudio propio sobre la cuestión en la actualidad, en esta primera mitad del siglo XXI.
RETROSPECTIVA DE LA CUESTIÓN Y LOS AUTORES
La cuestión nacional es tratada por ambos autores en varios escritos y cartas —incluidas entre ellos— sobre problemáticas concretas, en especial sobre la situación en Irlanda y Polonia. Pero nunca de forma clara en trabajos que señalen la línea que defendían sobre el problema de forma general, lo cual sí sucedió con Lenin, Stalin, Rosa Luxemburgo y otros comunistas que los sucedieron en el tiempo.
En este trabajo se intentará extraer las enseñanzas de los fundadores del socialismo científico, intentando llegar a la esencia de su pensamiento sobre esta cuestión, pues en ambos autores hubo problemáticas sobre las que evolucionaron sus posiciones. Por ello, quienes recurren a citas muertas sacadas de contexto pueden, y de hecho lo hacen, defender una cosa y la contraria.
En textos posteriores podremos ver, sin lugar a dudas, cómo teóricos y líderes de la II Internacional cayeron en una lucha intestina doctrinarista sobre la cuestión nacional que sería barrida por el impulso, influencia y evolución de la Revolución bolchevique.
Ambos autores enfocan la cuestión nacional, y no olvidemos también la colonial, que está vinculada totalmente con la primera, como algo secundario, supeditado a los intereses de la lucha revolucionaria general. En el caso irlandés, destacan también la importancia e interrelación que hay con la lucha agraria [2].
Marx y Engels querían usar el potencial del movimiento nacional, en especial el de las colonias, para promover la revolución. Por lo tanto, los movimientos concretos debían supeditarse al movimiento general revolucionario.
En el caso de Polonia, vincularon la lucha por la reforma agraria con la lucha nacional, sin posibilidad de obtener resultados satisfactorios de forma independiente, todo, por supuesto, bajo las necesidades de la lucha revolucionaria general [3].
Por ello, es tan importante comprender que la esencia que transmiten ambos autores en todos sus textos es más relevante que el valor de la letra muerta. Todos los cambios a lo largo del tiempo en las posiciones de Marx y Engels sobre el hecho nacional fueron debidos a necesidades de adaptación en el movimiento revolucionario. Bajo ningún concepto fueron bandazos ideológicos o errores de base.
Continuando con lo anterior, es llamativa la terminología que usan con respecto a los pueblos revolucionarios y reaccionarios, los pueblos sin historia o desechos nacionales. Lo que prima en ambos autores es la importancia de la lucha de clases, separando de forma clara a aquellos que tienen una misión de progreso de los que no.
Tuvieron una apuesta firme por la independencia de Polonia —eslavos—, mientras mantuvieron una posición crítica, cayendo a menudo en descalificaciones fuertes contra el resto de pueblos eslavos, vinculados con la visión imperial de Rusia, con la que son especialmente duros por representar, según ambos, la fuerza más viva de la reacción [4].
Es necesario destacar que a lo largo del tiempo pasaron de pensar que en Rusia no había posibilidades revolucionarias a creer que no tardaría en haber una revolución en dicho país [5].
Posición similar tuvieron con respecto a Irlanda, siendo grandes partidarios de su independencia no solo para el avance de la lucha obrera en dicho país, sino para derrocar también a la oligarquía inglesa y liberar a los trabajadores de dicha nación. Siempre primando la lucha de clases y el movimiento general ante cuestiones concretas.
Para Marx y Engels, “una nación no puede ser libre mientras continúe oprimiendo a otras naciones” [6], aplicándose en especial en la obra de ambos en Polonia e Irlanda, lo que los llevó a enconados debates en el seno de la Internacional.
Marx puntualizó que, aunque la opresión a un pueblo se redujera con respecto a épocas anteriores —refiriéndose a Irlanda—, si la opresión era aniquiladora por su contenido, solo dejaba la vía de la independencia, pues era esta o su destrucción [7].
Sobre la autodeterminación, ambos autores están en contra de otorgar ese derecho a todo el mundo. Solo las naciones grandes debían disponer de él. Los pueblos sin amplitud, las pequeñas nacionalidades, como por ejemplo las eslavas, no debían tener esa posibilidad, siendo según Marx y Engels pueblos destinados a desaparecer en bien del progreso de la historia.
El apoyo a la separación de las naciones debía estar supeditado a la lucha revolucionaria y no al sentimentalismo cultural. Apoyar todos los procesos de autodeterminación era algo más propio de Bakunin que de posiciones marxistas. Las fórmulas fijas nunca han servido para el marxismo vivo, creativo.
Otra cuestión a tener en cuenta, y que debe estar presente en esta introducción sobre la posición de Marx y Engels en torno a la cuestión nacional, no es otra que la afamada frase mutilada y sacada de contexto de “los obreros no tienen patria”, del Manifiesto Comunista.
Se hace necesario mostrar el fragmento completo:
“Se acusa también a los comunistas de querer abolir la patria, la nacionalidad. Los obreros no tienen patria. No se les puede arrebatar lo que no poseen, por cuanto el proletariado debe en primer lugar conquistar el poder político, elevarse a la condición de clase nacional, constituirse en nación, todavía es nacional, aunque de ninguna manera en el sentido burgués” [8].
Podemos ver que el sentido que le da Marx es justo el contrario del que pretenden mostrar aquellos que usan la frase mutilada para atacar cualquier actitud o posición nacional desde perspectivas de clase.
Aunque otros autores marxistas posteriores desarrollaron más estas cuestiones, en la obra dejada por Marx y Engels se puede apreciar una teoría centrada en la revolución, pero que no rehúye hablar ni abanderar movimientos nacionales en provecho de la misma, lo cual poco tiene que ver con el nihilismo nacional antimarxista que intentan adjudicarle.
ASPECTOS FUNDAMENTALES DE MARX Y ENGELS SOBRE LA CUESTIÓN NACIONAL
La aproximación al pensamiento de Marx y Engels sobre la cuestión nacional no se puede desarrollar como una explicación monotemática e histórica de lo que sucedió en Irlanda, Polonia, Turquía o el Imperio austrohúngaro de forma aislada. Se debe intentar extraer de todos los documentos que nos legaron posiciones generales sobre la cuestión, transversales en algunos de ellos, no solo aplicables a un caso concreto de aquel momento histórico.
Estas son, sin duda, las cuestiones principales a desarrollar.
Federalismo o centralismo. Los pequeños estados
La existencia de pequeños estados carece de sentido para Marx y Engels. Su posición se adapta de forma clara a las condiciones materiales del momento. Apoyaron la federación entre Irlanda e Inglaterra, pero entendiéndola como algo excepcional por las condiciones materiales que tenían.
Sobre la cuestión en general fueron bastante claros:
“¿Qué debe ocupar el lugar de la Alemania actual? A mi juicio, el proletariado no puede utilizar más que la forma de república única e indivisa. La república federal sigue siendo incluso ahora, considerada en conjunto, una necesidad en el inmenso territorio de los Estados Unidos, aunque en el Este comienza ya a ser un obstáculo. Sería un progreso en Inglaterra, donde en dos islas viven cuatro naciones y donde, a despecho de un Parlamento único, existen el uno al lado del otro tres sistemas legislativos distintos. En la pequeña Suiza es ya desde hace mucho tiempo un obstáculo tolerable solo porque Suiza se contenta con ser un miembro puramente pasivo del sistema europeo de Estados.
Para Alemania, una organización federal al estilo suizo sería un regreso considerable. Dos puntos distinguen un Estado federal de un Estado unitario, a saber: cada Estado federado, cada cantón, posee su propia legislación civil y penal, su propia organización judicial; además, a la par que la Cámara del pueblo, existe una Cámara de los representantes de los Estados, en la que cada cantón, grande o pequeño, vota como tal.
En cuanto a lo primero, lo hemos superado felizmente y no vamos a ser tan ingenuos como para volver a implantarlo; en cuanto a lo segundo, lo tenemos bajo la forma del Consejo Federal, del que podríamos prescindir perfectamente, tanto más cuanto que nuestro ‘Estado federal’ viene a ser ya la transición al Estado unitario. Y nuestra misión no es hacer que dé marcha atrás la revolución realizada desde arriba en 1866 y 1870, sino, al contrario, lograr que se introduzcan en ella, mediante un movimiento desde abajo, las necesarias adiciones y enmiendas” [9].
Para ellos, la mayoría de federaciones existentes en su época lo eran solo de nombre, por circunstancias extraordinarias, o estaban en proceso de transición hacia la república unitaria, pues el federalismo representaba tan solo un obstáculo para el progreso.
La república unitaria sería más eficiente y tendría menos problemas burocráticos, lo que conllevaría que la implantación del federalismo en condiciones normales fuera vista como un retroceso [9].
Engels conecta la necesidad de centralización política con los progresos a nivel industrial, económico y de comunicaciones llevados a cabo por los diferentes países en su desarrollo [10].
Para el autor, la república unitaria representa un grado más elevado que un régimen liberal burgués o una vuelta al antiguo régimen y su división de tipo feudal. De hecho, se refería a este tipo de división como odioso fraccionamiento feudal [11].
Autodeterminación. Potencialidad de naciones oprimidas
Como ya se ha dicho en el apartado anterior, para Engels, la autodeterminación era un derecho que tenían todas las grandes naciones de Europa. De hecho, restringe el acceso a la autodeterminación a Italia, Polonia, Alemania, Hungría e Irlanda [12].
Durante un tiempo, Marx defendió que era imposible que Irlanda se separara políticamente de Inglaterra, pero con el tiempo adoptó una posición de defensa de la separación para llevar a cabo una revolución en Irlanda y, de la mano de esta, de la propia Inglaterra.
Después de la separación veía la posibilidad, la apuesta, de una federación, pero en pie de igualdad [13].
Si Inglaterra mantenía un ejército en Irlanda, el movimiento obrero y revolucionario inglés jamás podría emanciparse. Debía debilitar a su propia burguesía antes de poder realizar ningún asalto real al poder. Sin la causa común con el pueblo oprimido de Irlanda, Marx no veía posibilidad de victoria [14].
Engels tenía claro que la lucha nacional tenía una potencialidad clara para los intereses del proletariado, pues su desarrollo revolucionario llevaba a una lucha enconada no solo contra los opresores extranjeros, sino contra la aristocracia del propio país.
Señaló, además, el ejemplo de Polonia como lucha nacional contra la reacción a todos los niveles [15]. Esta potencialidad revolucionaria de la lucha nacional es una de las razones por la que los comunistas pusieron tanto empeño, pasados los años, en hegemonizar esta lucha.
Es necesario destacar que el propio autor llegó a afirmar que tanto Polonia como Irlanda tenían el derecho y el deber de ser primero nacionalistas que internacionalistas, pues tenían la necesidad de construirse nacionalmente para luego abrazar y desarrollar el internacionalismo.
Señala que, si se hubiera intentado separar la lucha por la independencia nacional de los polacos, estos hubieran cambiado sus simpatías por la transformación europea [16].
Nación
La nación, para Marx, es una condición objetiva, no una elección individual. Uno nace como parte de una nación, estando esta condicionada por el desarrollo de la historia precedente, en el cual han intervenido múltiples factores, destacando en un principio los geográficos y los lingüísticos.
La constitución de la nación moderna está vinculada a la clase burguesa, al capitalismo ascensional [17].
Engels destaca como características relevantes de la nación poseer una población numerosa y una delimitación clara de la comunidad de territorio [18].
Además, diferencia nación y nacionalidades. La primera sería la que ha conseguido conformarse como Estado independiente, con fronteras etnolingüísticas y cuyo nacimiento está vinculado a las revoluciones de carácter burgués. Las segundas serían aquellas que no han logrado lo anterior y se encuentran dominadas, con relación de dependencia respecto a naciones más poderosas que terminarán absorbiéndolas [19].
Marx señala que la burguesía de los diferentes países, aun en competencia y confrontación, se une contra los oprimidos para mantener su explotación. Según él, la única forma de lograr la emancipación obrera es con la unificación o unión de los pueblos que, por otra parte, solo se podría realizar en base a los intereses que tienen en común, es decir, en base a la abolición de las relaciones de propiedad capitalistas.
Vincula la victoria de las fuerzas revolucionarias y la liberación nacional con la derrota total de la burguesía frente a la clase obrera [20].
Por lo tanto, los comunistas serían los únicos cuyas posiciones y actuaciones se desarrollarían con independencia de la pertenencia nacional y representando los intereses del movimiento general revolucionario [21].
Marx añade que, a pesar de las diferencias religiosas, de lengua y de la competencia laboral de los obreros irlandeses e ingleses, el peso del ámbito económico que comparten es más fuerte, por lo que la unión se debe centrar en esto que tienen en común [22].
La lengua, en opinión de Engels, es uno de los factores claves para la formación de un Estado, aunque no suele coincidir la frontera lingüística con la nacional, y aunque exista un Estado que defienda a una nación, esta no tiene por qué restringirse a dicho Estado [23].
El ejemplo de Alemania es claro a este respecto. Por otra parte, señala que las nacionalidades se esfuerzan en convertirse en naciones. Algunas lo conseguirían como fruto del progreso general de esa región y acompañándolo, mientras otras no lo lograron, manteniendo su estatus de pueblo en descomposición y dependiente de una gran nación.
No existe ningún país europeo, y suele ser excepción fuera de ella también, en el que no haya una provincia o territorio que busque la separación del país, bajo una nutrida variedad de argumentos.
El propio Engels afirmó que muchas de estas regiones no son sino ruinas, residuos que no pudieron constituirse como nación a tiempo y fueron absorbidos por la que sí pudo hacerlo. Llegó a denominarlos desechos de pueblos, cuyas únicas opciones son asimilarse a la nación poderosa, desaparecer o sumarse, como él veía que hacían los pequeños pueblos eslavos, a la reacción.
Para el autor, la única posibilidad de progreso que tienen estos pueblos es desaparecer. Pone de ejemplo de ello a los vascos en España con los carlistas [24].
Dividió a las naciones en dos grupos: las revolucionarias y las contrarrevolucionarias. Las primeras serían aquellas que tienen la misión histórica de ser portadoras de progreso, es decir, que su desarrollo va encaminado a cumplir con lo que el desarrollo histórico exige. Sin embargo, las contrarrevolucionarias serían aquellas condenadas a desaparecer, y cuya existencia no es más que una resistencia al progreso, al futuro.
Puso de ejemplo de naciones revolucionarias a los alemanes, polacos y magiares, y como contrarrevolucionarias a las pequeñas nacioncitas eslavas que le hacían el juego a Rusia [25].
Los defensores de lo que el propio Engels denominó pueblos sin historia recurrían a relatos nacionales para intentar equipararse a otras naciones, especialmente en el ámbito moral, que según el autor poco tenía que ver con las cuestiones económicas e históricas.
Para él, estos pueblos no tienen viabilidad histórica de ningún tipo. La única forma de alcanzar el progreso es por acción de potencias extranjeras [26].
A MODO DE CONCLUSIÓN
La cuestión nacional desde la perspectiva marxista es difícil de comprender si no se está familiarizado con el materialismo dialéctico y su aplicación a la realidad práctica, si no se comprenden las motivaciones de la lucha de clases y la búsqueda permanente de la transformación social, de la revolución socialista.
Es necesario comprender la esencia revolucionaria del marxismo y anteponerla a la letra muerta, pues, en caso contrario, no se entenderá la evolución de posiciones, no ya solo de Marx y Engels, sino de todos los que continuaron su pensamiento.
Les parecerá algo incoherente o que se producen bandazos ideológicos, no hablemos ya si estudiamos a Lenin o Stalin. Pero si se comprenden todas las cuestiones anteriores y se asimila la primacía del desarrollo de la lucha de clases, de los intereses del movimiento general revolucionario, nos daremos cuenta de la coherencia de sus perspectivas en el tiempo. No de un posicionamiento concreto pasado, sino de la esencia del propio pensamiento.
Se suele oponer a un comunista a otro centrándose en la letra muerta, pero si lo hacemos conociendo la ideología, conociendo la visión de los propios autores marxistas sobre ella y el propio materialismo dialéctico e histórico, nos daremos cuenta de que mantienen la esencia y la coherencia, aunque apuesten por soluciones diferentes al mismo problema, pues las condiciones materiales cambian, y los marxistas deben adaptarse a ellas.
Lo que pudo haber sido acertado en 1850 no tiene por qué serlo en 1917, y mucho menos en 2025.
El socialismo científico, conocido popularmente como marxismo, no se ciñe solo a la vida y la obra de Marx y Engels. No hay más que leer a estos dos autores sobre el tema para darse cuenta de ello.
Análisis concreto de la situación concreta. Una guía para el estudio, interpretación y transformación de la sociedad. No hay otra forma de ver el marxismo y poder realizar una aproximación histórica, política, económica o filosófica a él.
Esta serie de textos surgió debido a la necesidad de clarificación de conceptos que existe en la actualidad. Por ello, se ha realizado un estudio separado por autores en el que se trata la cuestión nacional desde la perspectiva de cada autor o grupo de autores —por coetaneidad— para pasar después a realizar un análisis propio y actualizado.
Es bastante posible que la primera serie de artículos se publique de forma aislada, por problemas, compromisos y contratos editoriales, para a medio plazo publicarlos todos juntos sumando material inédito. La elaboración histórica y teórica es una labor permanente que no debe detenerse por problemas de este tipo.
REFERENCIAS
[1] En un principio se realizarán trabajos sobre Marx y Engels; Lenin; Rosa Luxemburgo; Stalin, tratando en otro artículo la evolución de la Internacional Comunista; Kautsky, junto a otros autores de la II Internacional, y Hoxha.
[2] Renato Levrero, «Marx, Engels y la cuestión nacional», en Imperio y colonia. Escritos sobre Irlanda. México: Ediciones Pasado y Presente, 1979, pp. 44-45.
[3] Friedrich Engels, «El debate sobre Polonia en Francfort», en La cuestión nacional y la formación de estados. México: Ediciones Pasado y Presente, 1980, p. 78.
[4] Friedrich Engels, «El paneslavismo y la guerra de Crimea», en Los nacionalismos contra el proletariado. Ediciones Espartaco Internacional, 2008, pp. 78-85. Disponible en: https://ayanrafael.com/wp-content/uploads/2011/08/marx-k-engels-f-los-nacionalismos-contra-el-proletariado.pdf.
[5] Friedrich Engels, «Un llamamiento polaco», en La cuestión nacional y la formación de estados. México: Ediciones Pasado y Presente, 1980.
[6] Friedrich Engels, «Discurso sobre la cuestión nacional, el maquinismo y la agudización del antagonismo burguesía-proletariado», en El Manifiesto del Partido Comunista (anexos). Obras escogidas de Carlos Marx y Federico Engels. Edicions Internacionals Sedov, 2022. Disponible en: https://www.grupgerminal.org/?q=system/files/1847-11-29-discurso-engels.pdf.
[7] Karl Marx, «Un llamamiento polaco», en Imperio y colonia. Escritos sobre Irlanda. México: Ediciones Pasado y Presente, 1979, p. 156.
[8] Friedrich Engels y Karl Marx, El Manifiesto del Partido Comunista. Disponible en: https://omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/el-manifiesto-comunista.pdf.
[9] Friedrich Engels, «Contribución a la crítica del proyecto socialdemócrata de 1891», en Obras escogidas, tomo III. Moscú: Editorial Progreso, 1974. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1890s/1891criti.htm.
[10] Friedrich Engels, «El paneslavismo democrático», en La cuestión nacional y la formación de estados. México: Ediciones Pasado y Presente, 1980, p. 115.
[11] Friedrich Engels, «Revolución y contrarrevolución en Alemania», en La cuestión nacional y la formación de estados. México: Ediciones Pasado y Presente, 1980, pp. 154-156.
[12] Aunque se añada Irlanda en esta enumeración, trata la cuestión en otros textos que no son el citado.
[13] Karl Marx, «Marx a Engels», en Imperio y colonia. Escritos sobre Irlanda. México: Ediciones Pasado y Presente, 1979, p. 138.
[14] Karl Marx, «Marx a Ludwig Kugelmann», en Imperio y colonia. Escritos sobre Irlanda. México: Ediciones Pasado y Presente, 1979, pp. 187-189.
[15] Friedrich Engels, «El debate sobre Polonia en Francfort», en La cuestión nacional y la formación de estados. México: Ediciones Pasado y Presente, 1980, pp. 66-67.
[16] Friedrich Engels, «La cuestión polaca», en La cuestión nacional y la formación de estados. México: Ediciones Pasado y Presente, 1980, p. 261.
[17] Georges Haupt y Claudie Weil, «Marx y Engels frente al problema de las naciones», en La cuestión nacional y la formación de estados. México: Ediciones Pasado y Presente, 1980, pp. 7-11.
[18] Friedrich Engels, «Revolución y contrarrevolución en Alemania», en Las guerras campesinas / Revolución y contrarrevolución en Alemania, pp. 184-186. Disponible en: https://proletarios.org/books/Engels-Revolucion_y_contrarrevolucion.pdf.
[19] Friedrich Engels, La decadencia del feudalismo y el ascenso de la burguesía. Edicions Internacionals Sedov, 2022, pp. 8-16. Disponible en: https://omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/la-decadencia-del-feudalismo-y-el-ascenso-de-la-burguesia.pdf; Georges Haupt y Claudie Weil, «Marx y Engels frente al problema de las naciones», en La cuestión nacional y la formación de estados. México: Ediciones Pasado y Presente, 1980, p. 13.
[20] Karl Marx, «Discurso sobre Polonia», en Los nacionalismos contra el proletariado. Ediciones Espartaco Internacional, 2008, pp. 41-42. Disponible en: https://proletarios.org/books/Marx-Engels_Los-nacionalismos-contra-el-proletariado.pdf.
[21] Friedrich Engels, «Marx y la Neue Rheinische Zeitung (1848-1849)», en Obras escogidas, tomo III. Moscú: Editorial Progreso, 1974. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/1884-nrz.htm.
[22] Karl Marx, «Posición de la Asociación Internacional de Trabajadores en Alemania e Inglaterra», en Imperio y colonia. Escritos sobre Irlanda. México: Ediciones Pasado y Presente, 1979, p. 316.
[23] Friedrich Engels, La decadencia del feudalismo y el ascenso de la burguesía. Edicions Internacionals Sedov, 2022, p. 9. Disponible en: https://omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/la-decadencia-del-feudalismo-y-el-ascenso-de-la-burguesia.pdf.
[24] Friedrich Engels, «La lucha magiar», en La cuestión nacional y la formación de estados. México: Ediciones Pasado y Presente, 1980, pp. 101-105.
[25] Friedrich Engels, «La lucha magiar», en La cuestión nacional y la formación de estados. México: Ediciones Pasado y Presente, 1980, pp. 97-100.
[26] Friedrich Engels, «El paneslavismo democrático», en La cuestión nacional y la formación de estados. México: Ediciones Pasado y Presente, 1980, pp. 109-111.