Publicado originalmente en Historia de las Ideas nº 6 en abril de 2026
RESUMEN
Este artículo analiza críticamente el multipolarismo como falsa alternativa al imperialismo contemporáneo. Frente a quienes presentan la decadencia de Estados Unidos y del bloque euroatlántico como una oportunidad automática para la liberación de los pueblos, se sostiene que la emergencia de nuevos polos capitalistas no supera el imperialismo, sino que puede reorganizarse bajo formas multi-imperialistas. A partir de la crítica a Alexander Dugin, la SOVINTERN y el International Manifesto Group, el texto muestra cómo distintas formulaciones del multipolarismo sustituyen el análisis de clase por el alineamiento geopolítico, el poder obrero por la soberanía abstracta de bloques y el internacionalismo proletario por el seguidismo a potencias rivales de Washington. La soberanía nacional sólo tiene contenido revolucionario si está ligada al poder de la clase trabajadora, la planificación socialista, la independencia productiva y la ruptura con todos los bloques imperialistas y con el capitalismo monopolista mundial en España actual.
Palabras clave: Multipolarismo; imperialismo; soberanía nacional; pluripolaridad; socialismo.
INTRODUCCIÓN
En los últimos tiempos ha empezado a surgir una respuesta en contra del posmodernismo y el liberalismo desde sectores revolucionarios y comunistas. El comunismo clásico, caracterizado por el patriotismo revolucionario y la lucha de clases, empieza a resurgir en unos países con más fuerza que en otros. Sin embargo, numerosos grupos en su pugna contra el posmodernismo han abrazado figuras revisionistas y posiciones incorrectas al carecer de una línea ideológica firme. Una de estas posiciones erróneas dentro del movimiento revolucionario es la aceptación de la teoría reaccionaria del multipolarismo y el apoyo a bloques imperialistas tan solo por ser contrarios al imperialismo americano.
Estos grupos caen en la premisa equivocada de identificar el debilitamiento de Estados Unidos con el avance de la liberación de los pueblos. Es evidente que el orden euroatlántico ha actuado durante décadas como una estructura imperialista promoviendo la destrucción de las soberanías nacionales. Sin embargo, que ese orden entre en crisis no significa que las potencias capitalistas emergentes que disputan su hegemonía representen una alternativa socialista. El desplazamiento de poder desde Washington hacia Moscú, Pekín u otros centros no elimina la explotación capitalista ni la dominación imperialista. Simplemente sustituye una por otra y profundiza en la competencia y enfrentamiento entre distintas burguesías, ávidas del control mundial para su beneficio.
Para los comunistas el imperialismo es una fase histórica del capitalismo monopolista que se caracteriza por la concentración del capital, el dominio financiero y la disputa del mercado y materias primas entre distintas potencias imperialistas [1]. Por lo que una posición consecuente no puede ser criticar a un solo actor de este sistema apoyando el auge de nuevas potencias imperialistas. El problema no es que país domina sino que clase y qué relaciones sociales reproducen esa dominación.
El término “multipolaridad” funciona hoy como un concepto ambiguo. Por una parte describe una distribución del poder internacional entre varios centros. Pero a su vez sirve para justificar la formación de nuevos bloques bajo el control de la burguesía de las grandes potencias. De esta forma se convierte en una retórica supuestamente antiimperialista que permite presentar a Rusia, China o sus aliados como motores de una transformación progresiva del mundo. Esto permite sustituir el análisis de clase por el alineamiento dentro de un bloque, que a menudo suele ser más por nostalgia o folclorismo que por un motivo material o ideológico real.
El objetivo de este artículo es denunciar esa operación ideológica que está siendo promovida activamente por los bloques que disputan la hegemonía a Estados Unidos. No se trata de negar la decadencia del bloque occidental ni de minimizar el carácter criminal del imperialismo estadounidense. Al contrario, la crítica al multipolarismo solo puede partir de una oposición firme a la OTAN, a la subordinación de las naciones europeas a la Unión Europea y a Washington. Pero esa oposición pierde todo su contenido revolucionario cuando se transforma en apoyo acrítico a los rivales capitalistas de Estados Unidos. El enemigo de nuestro enemigo no es automáticamente nuestro aliado ya que en este caso simplemente es otro grupo de burgueses explotadores con intereses propios.
En el caso de España, nuestro país ocupa una posición subordinada dentro del bloque euroatlántico. La salida no puede consistir en buscar acomodo en otro bloque imperialista, sino en reconstruir un país con soberanía nacional de carácter popular y socialista. La independencia nacional sólo tiene contenido revolucionario si está ligada al poder de la clase trabajadora, a la planificación económica, a la nacionalización de los sectores estratégicos y a la ruptura con toda forma de dependencia exterior.
DUGIN Y EL MULTIPOLARISMO
La teoría del mundo multipolar de Alexander Dugin no tiene nada de comunista ni de revolucionaria. Su crítica al dominio estadounidense puede parecer antiimperialista en la superficie, pero su núcleo ideológico es profundamente reaccionario. No parte de la lucha de clases sino de la defensa de grandes espacios civilizatorios, bloques geopolíticos y centros de poder capaces de disputar la hegemonía mundial. Es decir, no sustituye el imperialismo por socialismo, sino el dominio de una potencia por la competencia entre varias potencias.
Dugin define la multipolaridad como una alternativa al mundo unipolar estadounidense, pero deja claro que no se basa en la igualdad soberana de todos los Estados. Al contrario:
«El mundo multipolar difiere del sistema de Westfalia clásico por el hecho de que no reconoce al Estado-nación independiente, legal y formalmente soberano, tener el estatus de un polo de pleno derecho. Esto significa que el número de polos en un mundo multipolar debería ser sustancialmente menor que el número de estados-nación reconocidos (y, por tanto, no reconocidos)» [2].
Aceptar ese marco significaría renunciar de entrada a la soberanía nacional y asumir que nuestro destino debe decidirse dentro de grandes bloques civilizatorios o geopolíticos. Es la misma lógica de dependencia que impone la OTAN, pero con otro signo.
Su crítica a Occidente tampoco es una crítica socialista. Dugin no combate Occidente porque sea capitalista, imperialista y explotador, sino porque según él representa el liberalismo y universalismo moderno [3]. Su enemigo no es la burguesía como clase, sino la modernidad liberal. Por eso su pensamiento se aproxima mucho más al fascismo, al tradicionalismo reaccionario y al nacionalismo imperial que al comunismo.
El punto decisivo está en su rechazo del marxismo. Dugin reconoce que el marxismo critica la hegemonía capitalista, pero lo descarta por compartir conceptos modernos como progreso, la igualdad y el desarrollo [4]. Su alternativa no es más poder obrero o más planificación socialista sino una restauración geopolítica de identidades civilizatorias. No quiere abolir el capitalismo mundial sino que quiere reorganizarlo alrededor de polos culturales y estratégicos distintos.
LA FARSA DE LA SOVINTERN
Está claro que Marx no se equivocaba al asegurar que la historia se repite una vez como tragedia y la otra como farsa [5]. Solo hace falta ver el caso de la nueva “internacional soviética” para confirmarlo. Tras la experiencia de la Internacional Comunista y su choque contra el hecho nacional [6] ya se demostró que una internacional no puede ir en contra de la soberanía nacional si quiere alcanzar los objetivos comunistas. Sin embargo, la SOVINTERN no tiene objetivos comunistas.
Esta maniobra política del Kremlin, bautizada como SOVINTERN, pretende ser una red socialista internacional, pero su función real es revestir con símbolos rojos la política exterior de Rusia. Esta organización fue anunciada por el Partido Rusia Justa, formación alineada con Putin y con representación en el parlamento ruso [7]. Además, la iniciativa cuenta con la aprobación del presidente ruso [8].
Sus documentos recogen denuncias legítimas contra el imperialismo occidental como las críticas a las sanciones, al bloqueo contra Cuba,al saqueo de África o las agresiones de Estados Unidos e Israel. Sin embargo se calla ante las agresiones imperialistas de Rusia y sus aliados.
La SOVINTERN habla de un “mundo multipolar” como si la existencia de varios polos capitalistas fuera un avance hacia la emancipación. En su declaración sobre África presenta el continente como uno de los centros del “emergente mundo multipolar” y defiende que las naciones africanas dejen de depender del imperialismo occidental [9]. Es legítimo querer expulsar al capital francés o estadounidense pero la alternativa de la SOVINTERN es abrir la puerta al capital chino o ruso para que África pase a depender de otros bloques imperialistas.
El caso de Ucrania muestra con claridad el verdadero carácter de la SOVINTERN. Su declaración adopta la terminología oficial rusa: “operación militar especial”, “desmilitarización y desnazificación”, legítima defensa de Rusia, protección de los “valores rusos” y del “mundo ruso”, y termina expresando apoyo y solidaridad con la Federación Rusa [10]. Denunciar la expansión de la OTAN hacia el Este, el régimen de Kiev y la utilización de Ucrania como peón de Washington es necesario. Pero eso no obliga a apoyar a la Federación Rusa. La clase obrera ucraniana no debe morir por la OTAN; la clase obrera rusa tampoco debe morir por su propia burguesía.
Es curioso que una supuesta organización “soviética” en lugar de hablar de clase obrera, propiedad social o revolución se dedique a hablar solo de esferas de influencia, territorio histórico y seguridad de una potencia imperialista. Aceptar ese marco significa abandonar la lucha de clases y entrar en el terreno de la defensa del imperialismo.
La misma lógica aparece cuando la SOVINTERN celebra alianzas útiles para Moscú. En su declaración sobre Corea del Norte en lugar de condenar un régimen que nada tiene que ver con el comunismo se limitan a destacar positivamente el apoyo militar norcoreano a Rusia mediante un acuerdo de asociación estratégica [11].
Lo mismo ocurre con Irán [12], Cuba [13] o Venezuela [14]. La agresión estadounidense-israelí contra Irán debe ser condenada, el bloqueo contra Cuba debe ser denunciado y cualquier injerencia estadounidense en Venezuela u otro país debe ser rechazada. Pero defender la soberanía de un pueblo agredido no significa entregar apoyo acrítico a las burguesías de todos los gobiernos enfrentados a Washington, y menos cuando se tratan de dictaduras bananeras o de regímenes islamistas donde se persigue activamente a los comunistas [15].
La SOVINTERN habla de pueblos pero piensa en vasallos. Su horizonte no es una Internacional Comunista basada en los trabajadores organizados contra sus burguesías, sino una red de apoyo ideológico a los intereses imperialistas de Rusia y de la recomposición multipolar del capitalismo mundial. La SOVINTERN llama socialismo a la multipolaridad, internacionalismo al seguidismo ruso y antiimperialismo a la política exterior de un bloque capitalista.
LA «PLURIPOLARIDAD» DEL INTERNATIONAL MANIFESTO GROUP
Por otro lado el International Manifesto Group intenta presentar la “pluripolaridad” como una vía hacia el socialismo, pero en realidad sólo ofrece una versión edulcorada, académica, y aparentemente marxista, del mismo multipolarismo reaccionario que aparece de forma más descarnada en Dugin.
El texto empieza invocando a Marx, Engels, la Comuna de París, la Revolución Rusa y la lucha histórica del movimiento obrero. Esta entrada le sirve para presentarse como continuidad del comunismo clásico, pero rápidamente desplaza el centro del análisis. La clase obrera deja de ser el sujeto principal y su lugar lo ocupan Estados, polos, bloques, economías emergentes e instituciones internacionales. El resultado es una operación típicamente campista de usar el prestigio del marxismo para justificar una conclusión que no nace de la lucha de clases, sino de la geopolítica más imperialista.
El ejemplo más claro es China. El manifiesto llega a presentarla como la nación que mejor representaría el progreso económico y social de la clase trabajadora, e incluso como una nación indispensable para la lucha mundial por el socialismo [16]. Esta afirmación revela el abandono completo del criterio marxista. El socialismo no se mide por la capacidad de un Estado para crecer, exportar mercancías, construir infraestructuras o competir tecnológicamente con Estados Unidos. Se mide por la posición real de la clase obrera, por el carácter de la propiedad y por el control y planificación de la producción cosas en las que China está al mismo nivel que cualquier otro país capitalista.
El término “pluripolaridad” cumple aquí una función de maquillaje. Suena menos duro que “multipolaridad”, parece más vinculado a la diversidad de pueblos pero en la práctica sirve para presentar la existencia de varios centros de acumulación capitalista como si fuera una alternativa al imperialismo. El propio manifiesto define la pluripolaridad como multiplicidad de polos de poder y variedad de capitalismos y “socialismos” nacionales. Dejando a un lado que actualmente no existe ningún país socialista, si dentro de la misma categoría caben capitalismos y socialismos, entonces la cuestión decisiva deja de ser la clase que domina y pasa a ser la posición de cada Estado dentro del tablero mundial. El socialismo queda rebajado a una modalidad nacional dentro de un equilibrio entre imperios.
Este enfoque es especialmente peligroso porque no niega abiertamente el marxismo, sino que lo vacía por dentro. El Manifesto Group habla de imperialismo, capitalismo y socialismo, pero cuando llega el momento decisivo no propone la independencia política de la clase obrera, sino confianza en la reordenación internacional del poder. La revolución queda sustituida por el equilibrio geopolítico la soberanía nacional por el control de cada bloque. Es el mismo error de la SOVINTERN pero formulado con un lenguaje menos grosero.
El manifiesto celebra que China y Rusia lideren procesos de integración euroasiática, vinculando el crecimiento económico chino, la Franja y la Ruta [17] y la recuperación militar rusa con la construcción de un polo capaz de enfrentar el dominio occidental. Pero ni un corredor comercial, ni un nuevo banco internacional alternativo es socialismo.
El manifiesto también intenta apoyar su tesis en la comparación entre el fracaso neoliberal occidental y la eficacia de China durante la pandemia. Pero esa comparación no demuestra el carácter socialista de China, sino la superior capacidad de un Estado fuerte para gestionar una crisis frente a Estados neoliberales descompuestos. Un Estado puede ser planificador, disciplinado y eficaz sin ser socialista. La eficacia administrativa no equivale al poder obrero. La capacidad de movilizar recursos no equivale a socialización de la producción. Confundir ambas cosas es caer en una forma de tecnocratismo estatal que nada tiene que ver con el comunismo.
La parte final del manifiesto contiene demandas que, aisladas, pueden parecer asumibles: sanidad pública, nacionalizaciones, planificación ecológica, control de monopolios o desmercantilización de sectores esenciales. Pero esas medidas quedan debilitadas por el marco general en el que se insertan. Si el sujeto del cambio no es la clase obrera organizada en cada nación, sino una correlación internacional favorable entre polos imperialistas, el programa socialista se convierte en una lista de reformas dentro de un mundo capitalista reequilibrado.
Por eso la “pluripolaridad” del Manifesto Group no es una alternativa revolucionaria, sino una coartada ideológica. Sirve para que sectores de la izquierda acepten como progresivo el ascenso de bloques capitalistas rivales de Estados Unidos. Sirve para convertir el antiamericanismo en falso antiimperialismo. Sirve para presentar a China como faro socialista y a Rusia como contrapeso liberador, cuando en realidad ambos Estados actúan en función de sus propios intereses nacionales y de sus propias clases dominantes. La cuestión no es si estos polos debilitan a Washington, sino si fortalecen el poder de los trabajadores y no lo hacen.
CONCLUSIONES
El multipolarismo no es una alternativa al imperialismo, sino una forma de reorganización del capitalismo mundial en varios centros de poder. Estas teorías surgen en un contexto histórico concreto de pérdida de autoridad política, económica, moral del bloque occidental y el ascenso de nuevas potencias capitalistas. De hecho, el término correcto para referirse a estas teorías sería, en todo caso, el de multiimperialismo. Su atractivo reside en que aparece en un momento de decadencia evidente del bloque occidental, cuando Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea han perdido legitimidad por la destrucción de las soberanías nacionales de los países bajo su influencia. En ese sentido, el multipolarismo parte de una crítica real y necesaria al dominio estadounidense y a la estructura unipolar surgida tras la caída de la URSS. Señala correctamente la hipocresía del llamado orden internacional , denuncia el intervencionismo occidental y expresa el deseo legítimo de muchos pueblos de romper con la subordinación a Washington.
Pero que el imperialismo estadounidense retroceda no significa que avance automáticamente la liberación de los pueblos ni, mucho menos, las posibilidades de una revolución socialista. Significa simplemente que otros bloques capitalistas ocupan el espacio que deja libre para imponer sus propios intereses y continuar la competencia capitalista entre burguesías imperialistas, arrastrando también a los trabajadores de distintas naciones a competir entre sí bajo las necesidades del capital.
Enfrentarse a Washington no convierte a Moscú o Pekín en aliados de la clase obrera. Enfrentarse a la OTAN no transforma a Rusia en socialista. Competir con el dólar no convierte al yuan en un instrumento de emancipación. La disputa entre monedas, bancos, corredores comerciales, mercados energéticos y alianzas militares no entrega el poder a los trabajadores, sino que produce un aumento aún mayor de la explotación por la competencia voraz entre intereses de distintas burguesías en pugna. La existencia de varios polos capitalistas puede limitar temporalmente la dominación de una sola potencia, pero no elimina las relaciones imperialistas, sino que las redistribuye.
No estamos ante una teoría política de liberación nacional o de clase, sino ante una ideología útil para los bloques imperialistas en decadencia o en ascenso. Rusia necesita revestir sus intereses estratégicos con memoria soviética, antifascismo y discurso anti-OTAN. China necesita presentar su expansión económica y tecnológica como cooperación pacífica y “desarrollo altruista”. Ambos discursos buscan ganar simpatías entre sectores de la izquierda que, por nostalgia, confusión, rechazo legítimo a Occidente o intereses económicos, terminan apoyando proyectos imperialistas. El problema no es reconocer contradicciones entre potencias, ni aprovecharlas tácticamente cuando pueda favorecer a los pueblos, sino convertir esas contradicciones en una estrategia de subordinación política a una burguesía extranjera.
Dugin ofrece la versión reaccionaria y abiertamente conservadora de esta teoría. Su multipolaridad no defiende la soberanía real de las naciones, sino su subordinación a grandes espacios civilizatorios dirigidos por potencias superiores. La SOVINTERN ofrece la versión propagandística rusa, con símbolos socialistas puestos al servicio de la política exterior del Kremlin. El Manifesto Group ofrece la versión más acomplejada y edulcorada, con una retórica pseudomarxista que presenta la “pluripolaridad” como vía al socialismo. Pero en los tres casos la estructura es la misma: sustituir la lucha de clases por la geopolítica y el poder obrero por el poder del imperio de turno.
La multipolaridad no rompe el imperialismo, sino que lo reorganiza y potencia. Un mundo con varios centros de acumulación capitalista sigue siendo un mundo capitalista. Si la clase obrera no controla la producción y los recursos siguen en manos de burguesías nacionales o extranjeras, no hay ningún socialismo. La cuestión decisiva no es cuántos polos existen en el sistema mundial, sino qué clase social posee el poder en cada uno de ellos.
Nuestra patria ya ha sido subordinada por la OTAN, por la Unión Europea, por el capital financiero internacional y por las bases militares extranjeras. Pero la salida no consiste en buscar protección en otro bloque imperialista. España no tiene nada que ganar cambiando de bloque, sin embargo, sí tiene mucho que ganar conquistando su soberanía e independencia frente a cualquier control extranjero. El antiimperialismo sólo puede ser universal. Debe combatir a Washington, Bruselas, Moscú, Pekín y a cualquier potencia que pretenda convertir a los pueblos en piezas de su tablero de intereses capitalistas.
Frente al falso dilema entre unipolaridad occidental y multipolaridad capitalista, se debe plantear otra forma de reordenación internacional basada en una cooperación entre pueblos soberanos, basada en la independencia nacional, el poder obrero, la planificación económica, la solidaridad internacional y la ruptura con todos los bloques imperialistas. La patria no se libera cambiando de amo, sino enfrentando a los capitalistas, recuperando la soberanía productiva y entregando el poder a quienes trabajan.
REFERENCIAS
[1] Vladímir Ilich Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo (Madrid: Taurus, 2012)
[2] Alexander Dugin, The Theory of a Multipolar World, 3-11, https://dokumen.pub/the-theory-of-a-multipolar-world-9781914208188-9781914208164-9781914208171.html
[3] Alexander Dugin, The Theory of a Multipolar World, 11-13, https://dokumen.pub/the-theory-of-a-multipolar-world-9781914208188-9781914208164-9781914208171.htm
[4] Alexander Dugin, The Theory of a Multipolar World, 18-19, https://dokumen.pub/the-theory-of-a-multipolar-world-9781914208188-9781914208164-9781914208171.html
[5] Carlos Marx, El dieciocho brumario de Luis Bonaparte (Madrid: Alianza Editorial, 2009)
[6] Roberto Vaquero Arribas, «La Internacional Comunista», Historia de las Ideas, n.º 4 (21 de septiembre de 2025): 7-18, https://historiadelasideas.es/revista/article/view/46/violencia_politica_comunista
[7] Comunistas Cuba, «Putin crea una internacional socialchovinista», Comunistas Cuba, 15 de abril de 2026, https://www.comunistascuba.org/2026/04/putin-crea-una-internacional.html.
[8] Prensa Latina, «Capital rusa acogerá foro socialista Sovintern», Prensa Latina, 24 de abril de 2026, https://www.prensa-latina.cu/2026/04/24/capital-rusa-acogera-foro-socialista-sovintern/.
[9] SOVINTERN, «África: Compensación por el legado del colonialismo y el neocolonialismo» (Moscú, 27 de abril de 2026).
[10] SOVINTERN, «Sobre la solución de la crisis en torno a Ucrania mediante la eliminación de sus causas profundas, respetando al mismo tiempo los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas en su totalidad e interrelación» (Moscú, 27 de abril de 2026).
[11] SOVINTERN, «Sobre el apoyo a la República Popular Democrática de Corea» (Moscú, 27 de abril de 2026).
[12] SOVINTERN, «Condena de la agresión contra Irán» (Moscú, 27 de abril de 2026).
[13] SOVINTERN, «Sobre la necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba» (Moscú, 27 de abril de 2026).
[14] SOVINTERN, «Sobre la necesidad de la liberación inmediata del legítimo presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, y condena de su captura organizada por Estados Unidos» (Moscú, 27 de abril de 2026).
[15] Trinidad Deiros Bronte, «La oposición a la República Islámica de Irán: entre la horca, la cárcel y el exilio», El País, 17 de mayo de 2026, consultado el 28 de junio de 2026, https://elpais.com/internacional/2026-05-17/la-oposicion-a-la-republica-islamica-de-iran-entre-la-horca-la-carcel-y-el-exilio.html.
[16] International Manifesto Group, A través de la pluripolaridad al socialismo: Un manifiesto (septiembre de 2021).
[17] Hace referencia al proyecto de desarrollo de infraestructura impulsado por la República Popular China en 2013.