¿Qué somos?

Publicado originalmente en De Acero nº1 Etapa III el 15 de enero de 2026

Desde hace bastante tiempo nos definimos como comunistas patriotas, dejando de lado otro tipo de términos más apegados al pasado y superados históricamente. Nos reconocemos en el patrimonio revolucionario soviético, abrazando los cambios que rectificaron las posiciones mantenidas con anterioridad en el movimiento comunista, haciendo nuestra la renuncia a la negación nacional y el internacionalismo nihilista.

La historia ha demostrado que no hay revolución sin patria, haciendo por ello nuestro, no en un sentido táctico, sino de principios, la defensa de la identidad nacional, nuestra cultura y nuestra historia, en otras palabras, la defensa de lo que solo lo que nos ha traído hasta aquí.

El patriotismo revolucionario para nosotros no es más que la aplicación consecuente de nuestra doctrina comunista a las condiciones materiales de los tiempos actuales. Una adaptación y evolución de la ideología de la revolución y de la emancipación de la clase obrera a nuestra realidad presente. Representa una unión entre la lucha obrera revolucionaria y el sentimiento nacional y lo patriótico.

La ideología comunista no puede concebirse como un cuerpo dogmático, para nosotros solo existe una visión viva, creativa, de esta, que se adapta a las condiciones del momento. No se puede ser comunista como si fuese una cuestión religiosa. El análisis concreto de la situación concreta no debe ser sustituido por la escolástica de fórmulas ya caducas e inútiles para el avance del movimiento general revolucionario. Es más importante conocer y asimilar la esencia de la ideología que las formas cerradas y estrictas y, en la mayoría de los casos, incomprendidas hasta por sus defensores.

Nuestra ideología debe ser una guía para la interpretación y la transformación de la sociedad, no se puede quedar en cuestiones retóricas en una especie de club de eruditos al margen de las masas que en realidad no saben de lo que hablan, que no conocen el abecé del marxismo. Además, debe llevarse a la práctica renunciando de puertas afuera al folclorismo simbología que solo crea rechazo entre los trabajadores.

Debemos ser capaces de burlar los efectos del paradigma anticomunista y llegar y concienciar a los trabajadores para la transformación social.

El comunismo como ideología es la defensa de la lucha de clases como motor de la historia, para la emancipación de la clase obrera, la conquista y el establecimiento en el poder de los obreros, con la consecuente instauración, defensa y desarrollo del socialismo, como primera fase del comunismo. Todo lo demás son cuestiones secundarias e incluso, en muchos casos, superfluas.

Por supuesto, un comunista debe estar encuadrado dentro del partido que ejerce de vanguardia de los trabajadores durante todo el proceso. En el caso de que no existiese, deberán trabajar activamente por construirlo. Pues la reacción se encuentra agrupada y profesionalizada, no siendo el individualismo ni la permanencia en grupúsculos marginales efectivos para enfrentarse a ella.

Todo lo que se suele argüir a este respecto por individuos y pequeños grupos que repiten los mismos errores de siempre, o que también han aceptado la ideología posmoderna o woke dentro de su definición ideológica marxista o comunista, no son más que intentos de emborronar lo que de verdad ha significado siempre ser comunista: defender la revolución, la conquista del poder por parte de los obreros, el socialismo y la búsqueda de una sociedad sin clases.

Por último, es necesario destacar que debemos combatir con todas nuestras fuerzas a los falsificadores y usurpadores del comunismo, confrontando con las visiones cosmopolitas y revisionistas, vendidas al gran capital y que contribuyen a la criminalización general del comunismo.

Un movimiento revolucionario debe dar respuesta a los grandes retos y problemas de los trabajadores, por ello nos posicionamos, como parte de nuestras ideas, en contra de la inmigración masiva que depaupera a los trabajadores autóctonos, fomenta la explotación de los que vienen y crea problemas adjuntos como el aumento de la delincuencia, la degradación de barrios y ciudades, la formación de guetos, la islamización y la destrucción de nuestra cultura. De todo lo que somos, en provecho de un globalismo destructivo que solo quiere tener aislados y débiles a los individuos para tenerlos controlados, para conseguir consumidores dóciles.

Por todo ello adoptamos como propio el lema Patria y revolución, por entender que no hay otro camino para el avance de la lucha revolucionaria.